HENDAYA : NAZIS Y NUDISTAS

El Noveno Pasajero abandona la galaxia guiputxi en dirección norte. Usando el ferrocarril de vía estrecha conocido como “El Topo”, aterriza en Hendaya, buscando comprobar la existencia de nazis y nudistas.

Junto a la estación del “Topo” se encuentra la estación de ferrrocarril de Hendaya. Un 23 de octubre de 1940, esta estación fue el lugar de encuentro de dos dictadores: Francisco Franco, alias el “general patas cortas” y “Paca, la culona”; y Adolf Hitler, alias “Adolfo , el del bigotín”.

La entrevista de siete horas debió de ser curiosa. Entre el pequeño gallego con su voz aflautada y el moreno austriaco con sus gesticulaciones parecería un casting para el pasaje del terror.

Estación de Hendaya: lugar del encuentro terrorífico.
Foto: Angi Gomal

Avanzamos por el boulevard del general De Gaulle, cruzamos por encima de las vías del ferrocarril, y llegamos al monumento a los hendayeses caídos en las dos guerras mundiales.

Foto: Angi Gomal

Desde el monumento descendemos al paseo que se asoma a la bahía de Txingudi y que llega hasta el puerto deportivo. En esta bahía desemboca el río Bidasoa. Txingudi se extiende entre los municipios de Irún, Hendaya y  Fuenterrabía/Hondarribia.

La bahía de Txingudi no entiende de fronteras.
Foto: Angi Gomal

Tres kilómetros de playa nos esperan. Podemos caminar por la arena si nos lo permite la marea, ya que con pleamar la parte central de la playa desaparece engullida por la mar. Al fondo vislumbramos “les jumeaux”, las gemelas, dos enormes moles rocosas que parecen surgir del mar. Es en esta zona de la playa donde se practica el nudismo, algo que para un caminante de sendas guipuzcoanas es tan exótico como un torero birmano o un lehendakari que practique el origami. La probable existencia de seres desvestidos la comprobaremos al final de la excursión.

Playa de Hendaya. Postal veraniega.
Foto: Angi Gomal

Antes de que se acabe el arenal, pasamos junto a un muro y un paso que salva un escuálido arroyo. Nos desviamos a la derecha y alcanzamos una pista asfaltada. A la izquierda está la depuradora de aguas y a la derecha el Hospital Marino de Hendaya. Esta carreterita nos lleva a un aparcamiento. A nuestra izquierda se encuentra la puerta de acceso al “Domaine d’Abbadia”.

¡Vaya par de gemelas!
Foto: Angi Gomal

Entramos en un espacio natural protegido en el que no se permiten bicis ni perros ( sí se permiten otras mascotas como sobrinos y primos segundos). Esta puerta de entrada lo es también al comienzo de la senda litoral francesa.

El nombre de este paraje se debe a Antoine Thomson D´Abbadie(1810-1897), explorador, geógrafo, astrónomo y promotor  de la cultura vasca.

El sendero nos conduce al caserío “Maison de la lande” o “Larretxea”, que funciona como centro de información turística. Caminamos junto al denominado “Verger Conservatoire”. En un huerto cuya misión es la de preservar especies que están en retroceso hay plantados un centenar de especies de manzanos y una cincuentena de cerezos. También funciona como semillero, pudiéndose comprar retoños para recuperar los terrritorios donde hayan desaparecido. Tras unos pasos topamos con Nekatoenea. Es un caserío rehabilitado en 1998 y convertido en residencia de artistas. Aloja a dos artistas plásticos contemporáneos para que puedan crear durante un máximo de tres meses.

Las Musas cantan y bailan en una prístina fuente cercana.
Foto: Angi Gomal

El castillo de Abbadia nos observa desde lo alto de una loma. Hoy no nos acercaremos y dejaremos  la investigación de su miseriosa silueta para otra ocasión.

Obra de Viollet-le-Duc y residencia de Antoine D´Abbadie.
Foto: Angi Gomal

La senda continúa.  Hay que estar atentos porque a nuestra izquierda se abrirá un pequeño túnel vegetal que nos conducirá a la “joya natural” de nuestro paseo : la bahía de Loya. Es de esos lugares para quedarse a hacer una vida de anacoreta y profundizar en nuestra misantropía.

Bahía de Loya.
Foto: Angi Gomal

Si nuestro espíritu nos lo permite, volvemos sobre nuestros pasos y seguimos el sendero principal en dirección este (por donde sale el sol). Bordeando la bahía de Loya llegamos a una explanada donde unas estructuras de metal y madera llaman la atención. Es un sistema de cables de acero y poleas para extraer las algas que aparecen con las mareas de fin del verano y comienzo del otoño. Las algas son muy apreciadas. Con ellas se hacen productos cosméticos y, si no son muy aprovechables, se usan como fertilizante. Se puede extraer la gelatina conocida como “agar agar”, para usos alimentarios varios, incluyendo la fabricación de golosinas.

Cosechando la mar.
Foto: Angi Gomal

Por hoy no avanzaremos más por el sendero litoral. Regresamos por el mismo camino y al pasar la desviación del camino que nos llevaba a la bahía de Loya, giramos a la derecha. Podremos observar la bahía de Loya desde otra perspectiva. Seguimos buscando restos de la presencia de los nazis. Unos bloques de hormigón llaman nuestra atención. Son restos de los búnkeres construidos por los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Más que construidos, diseñados, porque la mano de obra se compuso de prisioneros rusos y de asalariados trabajadores franceses.

Escaleras e interior de un búnker.
Foto: Angi Gomal

Vigías de los escombros del Tercer Reich.
Foto: Angi Gomal

No es una escultura de Chillida.
Foto: Angi Gomal

Restos de un búnker al borde del precipicio.
Foto: Angi Gomal

El Muro del Atlántico:Búnker vigilando el desembarco aliado.
Foto: Angi Gomal

La aparición de “Las Gemelas” cuenta con un origen mitológico. Dice la leyenda que Roldán arrojó una gran roca desde los montes de “peñas de Aya” con la insana intención de destruir la ciudad de Bayona. Tuvo la mala suerte de resbalar con una boñiga de vaca, perdió el equilibrió y la gigantesca roca cayó al bravo Cantábrico, partiéndose en dos. Esta leyenda tiene poco glamour y vamos a crear otra.

Éranse una vez dos perversas muchachitas llamadas Aimée y Madeleine. Eran gemelas y malvadas. Conocidas como las “diablas de Las Landas”, tenían atemorizada toda la región con sus brujerías y hechizos. Si no eran recompensadas con oro, arruinaban las cosechas y dejaban sin leche a las vacas. Los cabreados campesinos decidieron contratar a Erwan, un brujo del Languedoc. Erwan citó a las gemelas en la playa de Hendaya con la promesa de grandes riquezas sumergidas en un cercano acantilado. Embarcaron en una pequeña chalupa y al llegar al acantilado, Erwan pidió a las diablas que se asomaran por las borda para extasiarse con las riquezas que les esperaban. Al hacerlo, el brujo del Languedoc las arrojó al bravo Cantábrico. Al caer, fueron arrastradas por las Nereidas al fondo del mar. Nereo, el dios marino, juzgó a las brujas. Fueron condenadas a convertirse en moles pétreas. Desde entonces, se ven obligadas a ver las tierras y riquezas de aquellos a los que aterrorizaron.

Las gemelas veraniegas.
Foto: Angi Gomal

Finalmente nos dirigimos a la zona nudista de la playa. Efectivamente, hay seres despojados de sus ropajes. En un ejercicio de pacomartinezsorianismo, nos quitamos la ropa y, por un momento, nos sentimos más europeos y liberales. Después, este sentimiento se convertirá en escozor debido a las quemaduras de nuestras desprotegidas partes pudendas. Es la falta de costumbre, pero uno no se convierte en un liberal nudista europeo en un día.

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Un pensamiento en “HENDAYA : NAZIS Y NUDISTAS

  1. warro dice:

    Pues voy a probar eso de emporretarme más que nada para igualar el culete blanco que se me ha quedado por yacer púdicamente al sol de la playa de la Concha. Allá que voy este último finde de verano…

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