DE SAN SEBASTIÁN A ORIO: DE RASGUÑOS Y OTEIZA

Iniciamos nuestra tercera etapa costera, 15 kilómetros para disfrutar. La comenzamos en la capital de Guipúzcoa: San Sebastián/Ñoñosti. Debemos dirigir nuestros pasos hacia la playa de Ondarreta. Antes de llegar al “Peine del Viento” nos desviamos a la izquierda por el paseo de Igueldo. La subida al monte Igueldo también la podemos hacer en el centenario funicular que asciende hasta el parque de atracciones.

Nosotros, como caminantes adustos, comenzamos a caminar desde el Paseo de Igueldo, siguiendo las balizas rojas y blancas del “GR121.Vuelta a Guipúzcoa”. Durante un tramo también nos sirven las flechas amarillas del Camino de Santiago. Vamos subiendo por el camino de Marbil entre casas y villas que se asoman a la bahía de La Concha. Entramos en un frondoso parque a la vez que ganamos altura.

Llegamos a la carretera que sube al parque de atracciones y que continúa hasta el barrio de Igueldo ( barrio al que el actual alcalde de San Sebastián quería convertir en pueblo independiente,¡qué cosas tiene la vida!). A nuestra derecha queda el parque de atracciones, así que si algún compañero de excursión ha subido en funicular, éste sería el punto de encuentro.

Faro y parque de atracciones del Monte Igueldo.
Foto: Angi Gomal

Llegamos al aparcamiento de un restaurante, y caminamos por la acera del paseo de Cristóbal Balenciaga. Desde aquí veremos un bonita panorámica del parque de atracciones y del faro de Igueldo. En una curva encontramos la indicación “Paseo Tximistarri”, las flechas amarillas continúan de frente, pero nosotros seguimos nuestras marcas rojiblancas.

Una bella ruina.
Foto: Angi Gomal

Avanzamos por una pista que da acceso a las vivendas que hay en este entorno privilegiado. El camino enfila hacia el mar por un serpenteante sendero flanqueado de helechos.Llegamos a la ensenada de Biosalbi, y continuamos por la senda escoltados por un mar de helechos.

Cala de Biosalbi:un mar de helechos enmarca la mar.
Foto: Angi Gomal

Este camino lo hemos hecho varias veces y no estaba tan invadido de zarzas y espinosas aulagas. La senda se va cerrando y caminamos en cuclillas para no arañar nuestro terso cutis. En momentos como éstos, te preguntas el porqué dejaría los pantalones largos en casa. Por un momento, pensamos que nos hemos extraviado, y nos sentimos más perdidos que una bibliotecaria moñuda en un sex-shop. Nuestra memoria nos impulsa a continuar y salimos a terrreno abierto, con la circulación en las piernas totalmente reactivada.

Bonita senda. Más adelante, nos castigará.
Foto: Angi Gomal

El camino no es llano y las subidas y bajadas necesitan unas piernas en buena forma. Volvemos a atravesar por una zona habitada, en la que vemos bellas moradas, que miramos de soslayo, con un punto de envidia. Son villas que se asoman al mar en un entorno de quietud.

Podemos disfrutar de la vista de la costa.
Foto: Angi Gomal

De nuevo, el camino se pone espinoso, pero, nuestras piernas ni sienten ni padecen. Legamos a un plano inclinado por el que caminamos. A nuestra izquierda un terraplén pétreo con algo de arbolado. A la derecha, el talud se arroja al mar.

Hemos marcado con puntos rojos el camino en medio del “plano inclinado”.
Foto: Angi Gomal

Tobogán al mar.
Foto: Angi Gomal

Una pequeña dificultad surge en nuestro caminar. Tenemos que salvar un desnivel agarrándonos a un cable de acero que hace de pasamanos. Encontramos a los únicos caminantes de recorrido, que se extrañan de ver alguien en tan espinosa excursión. Ellos han sido más listos, y han rodeado las zonas en peor estado. Nosotros lucimos las laceraciones de nuestras piernas como heridas de guerra. Tras atravesar un pinar, sentimos que está próxima nuestra meta. El “Ratón de Guetaria” nos vigila desde la lejanía. Una bajada nos deposita en la playa de Antilla, Orio.

Orio: Playa de Antilla.
Foto: Angi Gomal

Para reparar nuestros rasguños, introducimos nuestro castigado cuerpo en el bravo Cantábrico. La sal nos hace aullar y nos recuerda aquel modismo que dice aquello de “echar sal en las heridas”. Dirigimos nuestros pasos al “pueblo de verdad”, porque las construcciones próximas a la playa son recientes. En Orio nos topamos con la presencia de Oteiza, escultor de volcánica personalidad y de singulares obras.

Orio visto con el ojo de Oteiza.
Foto: Angi Gomal

Jorge Oteiza Embil nació en Orio en 1908. En la fachada de una casa podemos ver el retrato de su tío, el pelotari Víctor Embil.

Oteiza: retrato del pelotari Víctor Embil.
Foto: Angi Gomal

Cruzamos el puente sobre el río Oria y alcanzamos la renovada estación de Euskotren. El “Topo”, deslizándose por los caminos de hierro nos devolverá al hogar. ¿Necesitarán nuestras castigadas piernas unos pantys de relax?.

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