ZARAUZ: HIERRO Y AGUA

El costero pueblo de Zarauz puede ser el destino ideal para un paseo con ese amigo de Madrid que cree que el mar sólo existe en Gandía, y que el único verde que pisa es el de la moqueta de su oficina. Este pintoresco pueblo es conocido mundialmente por su playa, el surf, el guisandero Arguiñano y el estupendo cutis de sus habitantes.

Campo de golf y marismas.
Foto: Angi Gomal

Nosotros, como conocedores, sorprenderemos a la visita con un recorrido a pie, apto, incluso, para un urbanita matritense al que “El Retiro” le parezca una selva birmana. Le mostraremos el “Biotopo de Iñurritza”, formado por las marismas y el cargadero de mineral.

Marismas de Iñurritza.
Foto: Angi Gomal

Recorremos la extensa playa de Zarauz llegando a la parte Este (por donde sale el sol), junto al campo de golf. Es curioso, pero gracias a la existencia del campo de golf, esta zona ha quedado preservada del destrozo urbanístico, y se conserva una zona de dunas.

Foto: Angi Gomal

Estamos en las marismas de Iñurritza que toman el nombre del río que desemboca en la playa. Son un modesto reflejo de lo que en tiempos debió de ser este lugar. Ha quedado reducido a un pequeño espacio, testimonio de lo que fue, y no volverá a ser.

A vista de pájaro: desembocadura del río Iñurritza.
Foto: Angi Gomal

Marisma.
Foto: Angi Gomal

Volvemos sobre nuestros pasos hasta la desembocadura de regato.  A la derecha hay unas escaleras que suben al monte Talaia. Quizás, nuestro amigo se acalore y quiera renunciar a subir las escaleras. Es el momento de usar una de nuestras frases preferidas: ” Tranquilo, que en cinco minutillos llegamos”. Una falacia enorme, pero el concepto de tiempo es muy laxo, y cinco minutillos bien pueden ser un cuarto de hora o veinte minutos.

En cinco minutillos estamos frente al depósito y cargadero de mineral de Mollarri. Es un lugar excepcional, por su singularidad y belleza. Recordabamos este lugar en estado ruinoso y comido por la maleza. Una estupenda restauración, realizada en 2010, nos deja ver como era el lugar a principios del siglo XX.

Vista aérea del cargadero de Malla Harria.
Foto: Angi Gomal

La visita al depósito y cargadero de Malla Harria ( Mollarri), nos permite descubrir una prodigiosa obra de ingeniería de principios del siglo XX. Su construcción servía para traer mineral de hierro desde las minas desde el alto de Andazarrate, Asteasu, hasta el depósito de Malla Harria, en el monte Talaia, y desde allí era embarcado en buques que fondeaban a 300 metros del depósito.

Para transportar el mineral se construyó un tranvía aéreo que discurría a lo largo de 11 kilómetros. Los cables iban sobre 112 torres y 112 caballetes, en un sistema diseñado por el ingeniero alemán Guillermo Vahl y construido en 1909 por la firma bilbaína “Mariano Corrral e hijos”. El recorrido contaba con tres estaciones intermedias y con un motor diesel para el arranque y frenado. Los cables transportaban vagonetas con el mineral para llevarlo al depósito. El ritmo era de 20 toneladas por hora. Podemos usar el Google Earth para apreciar la distancia y los montes que debía atravesar el tranvía aéreo.

Cargadero de mineral.
Foto: Angi Gomal

El mineral se descargaba en el depósito y por las tolvas llegaba a las vagonetas que llevaban la carga a los barcos fondeados en el bravo Cantábrico. Desde la explanada frente al depósito partía un segundo tranvía aéreo con destino al cantilever o voladizo de carga para barcos que fondeaban en el islote de Malla Harria. Este segundo tranvía aéreo salvaba 3000 metros de distancia y 40 metros de nivel desde la costa al embarcadero. Las vagonetas transportaban 150 toneladas a la hora.

Las bases y apoyos de las estructuras metálicas se construyeron sobre la roca, facilitando la sujeción de las estructuras del cargadero. Estos bloques de manpostería y cemento servían de anclaje y apoyo al cantilever y las torres y caballetes.

Restos de los bloques que servían de anclaje al cantilever y las torres.
Foto: Angi Gomal

El cantilever o voladizo de carga era una estructura de 23 metros de largo que movía 200 toneladas de mineral por hora. Disponía de una vertedera giratoria sobre la que vaciaban su contenido las vagonetas cargadas de mineral de hierro. Aquí operaban 10 trabajadores que disponían de un transporte especial vía aérea para acceder al islote.

Tolvas y vagoneta.
Foto: Angi Gomal

Pequeñas embarcaciones ayudaban mediante un sistema de boyas al amarre de los cargueros. El tiempo de carga oscilaba entre las 10 y 15 horas. En caso de temporal los barcos se podían refugiar en el cercano puerto de Guetaria

En rojo hemos marcado los restos de los pilares de las torres que hay en los tres islotes.
Foto: Angi Gomal

El cargadero y embarcadero funcionaron hasta el año 1927, aunque su desmantelamiento duró hasta la década de los años cincuenta.

Cantilever de Dícido (Cantabria).
Foto: Angi Gomal

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