SANTOÑA: EL GIBRALTAR DEL NORTE Y LOS 800 ESCALONES

Costeando llegamos a Santoña. La villa cántabra posee una hermosa bahía que recibe las aguas de las rías de Limpias y Rada. Los amantes de la ornitología pueden disfrutar de un humedal incluido en la Reserva Natural de las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, de más de 4.300 hectáreas.

Como la cabra tira al monte, nos dedicaremos a recorrer el Monte Buciero.

Santoña y Napoleón.

La villa marinera de Santoña, amén de un presente pescador y conservero, posee un pasado que le ha dotado de un interesante patrimonio militar compuesto por diferentes fuertes y baterías defensivas. El conjunto está declarado Bien de Interés Cultural con categoría de monumento.

Anchoas Silvia y olé.
Foto: Angi Gomal

La naturaleza peninsular de Santoña y su situación estratégica provocaron que desde principios de siglo XVII se comenzaran a construir fortificaciones en el Monte Buciero ( Fuerte de San Martín y de San Carlos ).

El máximo desarrollo de las fortificaciones santoñesas se produce en el siglo XIX. Con la invasión napoleónica se construyó el Fuerte del Mazo, en el que colaboró el propio Bonaparte dirigiendo su construcción en 1812. Su objetivo era frenar las invasiones terrestres por la playa de Berria. Más importante fue el Fuerte Imperial o Napoleónico que se alzaba en la actual ubicación del Penal de El Dueso y que fue desmantelado a comienzos de siglo XX.

Santoña: Fuerte de San Martín.
Foto: Epifanio Pikal

Buciero fue un bastión defendido durante la Guerra de Independencia por 2000 soldados del Ejército Imperial del pequeño corso. Este belicoso pasado fue lo que le valió a esta península el sobrenombre de “El Gibraltar del Norte”.

A lo largo del Monte Buciero, con fines defensivos, existen diversas baterías en las que aún se intuyen los emplazamientos de los cañones en los vestigios de las cureñas ( piezas en las que se montan los cañones de artillería).

Verde y gris.

El Buciero es un macizo calcáreo declarado parte integrante de la Red Ecológica europea 2000. Es un imponente espacio verde y gris de más de 600 hectáreas. Conserva un gran encinar cantábrico. La encina (Quercus ilex) es una especie superviviente del Terciario, periodo en que este árbol dominaba las masas forestales de la región. Este ecosistema forestal alberga ejemplares de avellanos, robles, acebo y madroño que dotan al Buciero de un alto valor ecológico.

Santoña: Peña del Fraile.
Foto: Angi Gomal

La naturaleza calcárea del monte pinta de gris amplias zonas en las que el karst se manifiesta en sus diferentes formas (lapiaces, dolinas, cuevas). Son formaciones rocosas que adoptan formas caprichosas, todas ellas debidas a la alteración química que provoca la acción del agua de las abundantes lluvias.

Escaleras hacia el Faro del Caballo.
Foto: Angi Gomal

Los 800 escalones.
Foto: Epifanio Pikal

Hacia el faro del Fin del Mundo.

El recorrido circular-12 kilómetros balizados- del Monte Buciero comienza en el fuerte de San Martín, al final del paseo marítimo de Santoña. Es un itinerario suave, con un desnivel escaso (250metros) y que nos permitirá gozar de una grata excursión.
El camino asciende y nos permite divisar el Fuerte de San Carlos. Poco después llegamos a un mirador desde donde observar la Peña del Fraile. Según la leyenda, una salva al unísono de todas las baterias y fuertes del monte Buciero hizo que se desprendiese la “cabeza” del fraile.
Este monte es una mole calcárea que desafía al bravo cantábrico y parece querer darle un gran mordisco. Sus dientes serían la serie de espectaculares acantilados de hasta 200 metros que caen vertiginosos al mar. Estos acantilados son refugio de especies como el cormorán moñudo o el halcón peregrino.
 

Camino del Monte Buciero.
Foto: Angi Gomal

 Pasamos junto a la Casa de la Leña y nos introducimos en un túnel vegetal que nos conduce hasta el cruce que nos lleva al Faro del Caballo. Si nos desviamos a la derecha veremos la Batería de San Felipe. Volvemos sobre nuestros pasos para encarar la bajada al Faro del Caballo.

Faro del Caballo,1867

 
 
 

Eduardo Sanz, Faro del Caballo

 

Faro del Caballo.
Foto: Epifanio Pikal

Sin lugar a dudas el hito más espectacular de este sendero es el Faro del Caballo. 760 escalones, con un cable de acero como pasamanos, nos precipitan directamente hacia el faro, actualmente en desuso. Desde éste, otros 40 peldaños nos introducen literalmente en el mar, donde con permiso de las olas, podremos disfrutar de un maravilloso baño.
Este faro comenzó a funcionar en 1863 y hoy se puede ver su interior.

Faro del Pescador.
Foto. Epifanio Pikal

Debemos tomar aire y alimentos tras la subida de los 800 escalones. Seguimos ascendiendo entre rocas y un hermoso bosque. En el siguiente cruce debemos de seguir el camino de la izquierda y más adelante bajar por una senda a nuestra derecha.
La caminata tiene otra parada fundamental en el Faro del Pescador, reconvertido en centro interpretativo de la naturaleza y que alberga obras del pintor santanderino Eduardo Sanz. Son pinturas que retratan los faros de Santoña y sus gentes. Dispone de un mirador acristalado que nos permite asomarnos al abismo de los acantilados.
El faro comenzó su vida en 1864, aunque hubo de ser reconstruido y modernizado tras sufrir un ciclión en 1915.
7 207
 
Dejamos atrás el Faro del Pescador por una carretera que lo une con el pueblo. El final está cercano y nuestras piernas acusan los 1600 escalones bajados y subidos.
El arenal de Berria.
El final de nuestra marcha nos aproxima al penal del Dueso. Esta cárcel ha tenido ilustres moradores como Antonio Buero Vallejo, el Lute o Rafi Escobedo, condenado por el asesinato de los Marqueses de Urquijo, y que se suicidó ahorcandose en su celda en 1988.
La S.E.O ( Sociedad española de Ornitología ) realiza actividades con los presos como el censo de la espátula común o paseos ornitológicos.
El penal está enclavado en un hermoso lugar: al norte, la mar, al sur, las marismas. Estar encarcelado tan cerca del mar y de una marisma refugio de aves, objetos de infinitas metáforas sobre la libertad, debe de hacer más dura la reclusión.
Pasando junto a sus carcelarios muros descenderemos a la playa de Berria, arenal de más de 2 kilómetros, donde, dependiendo de la época, podremos zambullirnos en sus aguas galardonadas con la bandera azul.

Penal del Dueso y marismas de Santoña.
Foto: Epifanio Pikal

 

El Dueso, 1932

Otra forma más pía de acabar la ruta es visitar la iglesia de la Virgen del Puerto, cuyo remoto origen está en un primitivo cenobio del siglo VIII, y darle las gracias, por tan singular paseo, a la virgen marinera, patrona de Santoña, luz y guía de los hombres de la mar.

Playa de Berria al atardecer.
Foto: Epifanio Pikal

Un pensamiento en “SANTOÑA: EL GIBRALTAR DEL NORTE Y LOS 800 ESCALONES

  1. Maria Blanca Martinez Garmilla dice:

    Que poca importancia damos a nuestro pueblo,tenemos una Historia rica y documentada de los hijos ilustres que a lo largo de los siglos han dado honor y gloria a Santoña,mi pueblo ;y una Naturaleza con una hermosura que es para presumir.De sus gentes,que decir, amén de tener gracia y salero. son nobles como el Buciero y bravos como la mar que nos rodea..Dejo para lo último a Nuestra Morenuca Faro,Estrella y Guia de los santoñeses que la veneran y la llevan en su corazón ¡¡¡ Madre cuida a tu pueblo!!!

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