ALZO: EN TIERRAS DEL GIGANTE

Génesis 6: 4 : “Había Gigantes en la Tierra en aquellos días, y también después…”. Esta es la la primera mención a seres ciclópeos caminando sobre la faz de la Tierra. Para la mitología griega, los Gigantes tiene un origen más truculento: brotaron de unas gotas de sangre que cayeron sobre Gea, la Madre Tierra. La sangre provenía de Urano, que había sido castrado por Cronos.

Ulises y Polifemo

En 1718, el académico francés Henrion defendía la teoría de que los hombres en sus orígenes eran colosales, y fueron menguando con el tiempo. Tras medir la estatura media de sus contemporáneos, y realizar un peculiar cálculo, llegó a la particular y exacta conclusión de que Adán midió 40 metros, Noé 34 y Abraham 28. Con el tiempo, la raza degenera, y Moisés sólo alcanzó los 13 metros y Alejandro Magno 6 metros de altura, se nos antoja un tanto escasa para semejante conquistador. Entre nuestros recuerdos escolares quedan la visitas al Aquarium, al Palacio de Hielo y al Museo de San Telmo ( San Sebastián). Una de las cosas que se fijó en nuestra memoria infantil era el espacio dedicado al Gigante de Alzo, en el Museo de San Telmo. Actualmente, el renovado y coqueto museo no tiene en exposición los objetos del Gigante. Esperemos que, tras su inauguración, se le busque un espacio a un personaje que alimentó nuestras fantasías infantiles.

Espacio dedicado al gigante de Alzo que existía en el Museo de San Telmo ( San Sebastián).

Un 10 de julio de 1818 vino al mundo, en el pueblo de Alzo (Guipúzcoa), Miguel Joaquín de Eleicegui Ateaga, que pasaría a la historia como El Gigante de Alzo. Nació en el caserío Ipintza-Zahar de Altzo Azpi ( Alzo de Abajo ). Fue el cuarto de nueve hermanos.

Miguel Joaquín de Eleicegui Ateaga: el Gigante de Alzo.
Foto: Angi Gomal

Poco se sabe de su niñez. Era un niño de tamaño normal , pero parece ser que a partir de una enfermedad (se especula con una alteración de la hipófisis ) empezó a crecer sin mesura. A los 18 años comienza su anormal crecimiento, y alcanza un tamaño enorme que comienza a llamar la atención. Solía acudir a la vecina localidad de Tolosa a vender leña. Llevaba la leña en un carro, y los que estaban en el lado contrario de la calle veían como asomaba su colosal figura. Con su inusual tamaño no tardó en recibir propuestas para ser exhibido como fenómeno de la naturaleza.

El gigante con su padre y su hermano.

Firmó un contrato con una Sociedad compuesta por cuatro miembros. Lo hace por un año y ” la Sociedad puede llevarle por las poblaciones que le pareciere, con el fin de sacar alguna utilidad del público, por el grandor de su cuerpo de que está revestido el referido Miguel Joaquín”.

El Gigante recibirá trece onzas de oro, la manutención, cuatro camisas de lienzo regular y todo el tabaco que necesite. También se establece que a Miguel Joaquín “se le deberá permitir asistir a Misa todos los días de precepto, en cualquier pueblo en que se hallare”.

La familia del Gigante quiso anular el contrato porque no se permitió a Miguel Joaquín acudir a oír misa dos días de fiesta en la ciudad de San Sebastián.

El gigante de Alzo vestido como un general español.

La forma de ser exhibida la ciclópea humanidad del gigante parece que no fue humillante.  No era expuesto en sórdidas barracas a la manera que mostraba Tod Browning en la película “Freaks”. Tampoco sufrió vejaciones como Joseph Merrick, conocido como “El Hombre Elefante”.

Franz Winkelmeier (1860-1887). Altura: 2,33 metros.

Solía vestirse de general español o de turco para mostrarse en público.  Sufrió mucho en los viajes porque el tamaño de los carruajes no se adaptaba a su altura. Parece ser que estos incómodos desplazamientos quebraron bastante su salud.

En un periódico de Barcelona hemos encontrado la manera en que era exhibido en público el gigante en la Ciudad Condal. Un artículo anuncia a Miguel Joaquín como:

“El Gigante español. Don Joaquín de Eleisegui, natural de Alzo, provincia de Gupúzcoa, joven de 26 años, estatura 12 palmos, peso 16 arrobas, es el fenómeno extraordinario que anunciamos a los habitantes de este vecindario.

Nunca se ha visto estatura tan alta, acompañada de tan bellas y justas proporciones, nunca la naturaleza ha producido una cosa tan perfecta en este género.

Todos los que han visto este prodigio, han quedado admirados de su altura colosal.

Los que no conocen los gigantes sino las relaciones que nos ha transmitido la historia, no podrán tener una idea exacta; para este efecto pueden visitar al Gigante español, el más extraordinario de los hombres que ha nacido en Europa.

Estará visible en la rambla, número 70, piso 10, desde las 10 de la mañana hasta las 12 de la misma, y desde la 4 hasta las 9 de la noche.

Precios: 2 reales por persona y 1 para los soldados y niños.”.

Grabado francés del gigante de Alzo.

El gigante viajó por toda España y parte del extranjero. Fue recibido por el rey Luis FelipeI de Francia y por las reinas Isabel II de España, María de la Gloria de Portugal y Victoria I de Inglaterra.

Grabado inglés del gigante de Alzo

Para llegar a Altzo/Alzo tomamos el tren de cercanías de Renfe que nos deja en Alegia/Alegría de Oria. Saliendo de la estación vamos hacia la izquierda a la busqueda de la carretera que sube a Alzo. Tenemos que seguir las señales rojiblancas del sendero GR21″Javier-Loyola”.

El pueblo de Alzo está dividido en dos núcleos: Altzo Azpi ( Alzo de Abajo ) y Altzo Muño ( Alzo de Arriba ).

Caminado por la carretera nos topamos con la iglesia de San Salvador. El gigante era un hombre pío y devoto, en especial de la virgen del Pilar. Cuando fue a visitar a La Pilarica en su templo de Zaragoza, fue tal el tumulto que se organizó, que tuvieron que intervenir las fuerzas del orden para abrirle paso entre la muchedumbre.

Como curiosidad, también se cuenta que cuando Miguel Joaquín iba a confesarse, se arrodillaba delante del confesionario, pero era tal su altura aún estando de rodillas, que el cura tenía que oír la confesión de pie.

Alzo Azpi: Iglesia de San Salvador.
Fot:o: Angi Gomal

Debemos pararnos a contemplar su portada. Cuando el Gigante volvía de sus viajes, sus paisanos le medían marcando a cincel sus dimensiones en el pórtico de la iglesia. En la actualidad vemos un clavo que parece ser coincide con la altura máxima de Miguel Joaquín.

La estatura máxima que alcanzó el Gigante de Alzo no se sabe con exactitud. Parece ser que Miguel Joaquín podría haber padecido una enfermedad que le mantuvo en constante crecimiento. Las alturas que se dan de él abarcan desde los 2,17 metros hasta los 2,42 metros.

En cuanto a su peso, a los 23 años pesaba 184 kilos, siendo su peso máximo 203 kilos.

Hemos señalado con un punto rojo la altura a la que está el clavo en la iglesia de San Salvador.
Foto: Angi Gomal

En un lateral de la iglesia hay una placa, colocada a 2,40 metros del suelo, con la siguiente inscripción: “Tamaño natural de Miguel Joaquín de Eleicegui. Gigante de Alzo. Nació el 10 de junio de 1818. Murió el 20 de octubre a los 23 años de edad. Su estatura era de 2,40 metros. Su peso 184 kilos. Fue presentado a SS.MM las reinas de España y Portugal y los reyes de Inglaterra y Francia”.

Es un poco inexacta porque murió con 43 años y 4 meses de edad.

Placa situada en un lateral de la iglesia de Alzo Azpi.
Foto: Angi Gomal

Hay un gran misterio en la historia del Gigante, que comienza tras su muerte. Murió en su caserío natal de Ipintza el 20 de noviembre de1861, cuando contaba 43 años. En cuanto a la causa de su muerte se especula con una tuberculosis pulmonar.

Su ataúd se hizo en Tolosa. Se cuenta que el carretero que lo llevó a Alzo, transportó dentro de la caja a un hombre poco aprensivo que iba dormido, además, en el ataúd cabían un pellejo de vino de 7 arrobas (unos 112 litros) y dos fanegas de pan (34 panes de 4 libras, más de 13 kilos).

El Gigante dejó estipulado en su testamento que quería ser enterrado amortajado en el cementerio de Alzo. También dispuso que se celebrasen en sufragio de su alma 200 misas; 100 en la parroquia de San Salvador y las 100 restantes en la ermita de Santa Bárbara. El féretro fue llevado por ocho hombres, que debieron sufrir lo suyo, a pesar del corto trayecto del caserío al cementerio.

Cementerio de Alzo Azpi. Foto: Angi Gomal.

Anexo a la Iglesia de San Salvador se encuentra un pequeño cementerio. Tras su muerte, ofrecieron a la familia Eleicegui comprar el esqueleto del Gigante. La familia se negó. Jesús Elósegui recoge que, pasado unos años, se decidió exhumar el cuerpo del Gigante para exhibir sus huesos en el ayuntamiento, y ganar dinero para el pueblo. Al abrir la tumba vieron con estupor que el esqueleto de Miguel Joaquín había desaparecido. Los rumores hablan de que su esqueleto fue robado para ser expuesto en algún museo de Londres o París. Nunca se supo el destino del esqueleto y, probablemente, jamás sea encontrado.

Izquierda: Anton de Franckenpoint ( 243.8 cm ). Siglo XVI. Derecha: Agustín Luengo Capilla ( 233 cm ). Siglo XIX.

Hay esqueletos de gigantes que se muestran en museos. En España se puede ver el esqueleto del gigante extremeño, Agustín Luengo Capilla, en el Museo Nacional de Antropología de Madrid. Lo curioso de este caso es que el cuerpo fue comprado en vida del gigante. El doctor Pedro González Velasco pagó al gigante extremeño 1.500 pesetas. Otras 1.500 se pagaron a su familia tras su muerte, a razón de 2.50 pesetas diarias.

Seguimos unos minutos por la carretera, y a nuestra derecha encontraremos la indicación de Ipintza-Haundi, nombre actual del caseríao Ipintza-Zahar, casa natal de Miguel Joaquín de Eleicegui Ateaga. Junto al caserío está el relieve del Gigante, obra realizada en 1968 por Juan Lope Jiménez.

Obra de Juan Lope Jiménez en el caserío Ipintza.
Foto: Angi Gomal

El Gigante tenía fama de bonachón y de ser ejemplar en su comportamiento. Cuando dejó sus correrías por el mundo, regresó a su hogar natal donde se distraía jugando al tute, y en alguna ocasión a la lotería. Era trabajador y, según Serapio Múgica, era muy habilidoso para levantar muros que cercasen sus tierras, algunos con piedras de 20 arrobas (unos 250 kilos) levantadas a pulso por él.

Tan descomunal cuerpo necesitaba de abundantes vituallas. Este Pantagruel guipuzcoano bebía y comía a lo grande. Era capaz de beberse de un trago una botella de sidra de media azumbre ( 1,03 litros ). Su gigantesco apetito le hacia capaz de comerse el solito  una olla preparada para varios comensales.

Caserio Ipintza.
Foto: Angi Gomal

Silla del Gigante de Alzo depositada en el Museo de San Telmo.
Medidas: 97,5×53,5×45 centimetros.

Sombrero del gigante de Alzo depositado en el Museo de San Telmo.
Medidas: 23cm de altura x 41cm de ala.

Horma de zapato del gigante de Alzo depositada en el Museo de San Telmo.
Medidas: 36cm de longitud y 11cm de altura.

Relieve en piedra de la abarca del gigante de Alzo.
Foto: Angi Gomal

El Gigante murió soltero. Se cuenta la anécdota de que estando en Inglaterra, coincidió con otros fenómenos. Entre ellos,  estaba una giganta inglesa. Se le propuso al gigante de Alzo una boda con la colosal mujer. El pobre de Miguel Joaquín, viendo amenazada su soltería, pronunció un frase de socorro a su padre: ” Aita, guazen Altzora ( Padre, vámonos para Alzo)”.

Desconocemos la identidad de la mujer con la que quisieron emparejar al bueno de Miguel Joaquín. Hemos encontrado una candidata en una contemporáne suya: Sylvia Hardy, conocida como la giganta de Maine, que llegó hasta los 2,28 metros.

Sylvia Hardy (1824-1888).

Tras una breve subida alcanzamos el núcleo de Alzo Muño. Nos encaminamos hacia la ermita de Santa Bárbara. Junto al templo hay una escultura del Gigante, realizada por Tomás Ugartemendia, que custodia la ermita. Parece que observa atentamente, como si quisiera escuchar eternamente  las 100 misas celebradas tras su muerte.

El gigante de Alzo mira la ermita de Santa Bárbara.
Foto: Angi Gomal

Nuestro bastón se le queda pequeño al gigante de Alzo.
Foto: Angi Gomal

Atravesamos el pueblo al encuentro de la iglesia de Nuestra señora de la Asunción. Las marcas rojiblancas se unen a las blancas y amarillas del sendero PR- GI113 “Recorrido por Altzomendi”. Son 11,6 kilómetros que nos permiten conocer las tierras donde vivió el Gigante.

Comenzamos una suave subida entre caseríos y manzanos. El paseo nos regala la vista de las sierras de Aizkorri y Aralar. El pueblo de Alzo se va empequeñeciendo en el horizonte.

Un ruido lejano perturba nuestra calma. Desde la lejanía atisbamos la cantera de Alzo. De esta cantera salió la piedra para esculpir la obra de Tomás Ugartemendia que hemos visto junto a la ermita.Desde nuestro punto de vista los trabajadores son como los diminutos curris de Fraggle Rock. Una alambrada nos invita a no pasar, so peligro de ser víctimas de alguna explosión. Como fieles cumplidores de la ley, hacemos caso a la desintegradora advertencia.

¿Quién dijo que el senderismo es una actividad sin riesgos?.
Foto: Angi Gomal

La senda se interna por un bello encinar cantábrico. Llegamos a una encrucijada, tomamos el camino de la izquierda, en dirección Zitzaola y Añi. Seguimos ascendiendo, y nos introducimos en un enorme hayedo, donde se enseñorean ejemplares centenarios. El silencio nos sobrecoge y nos sentimos diminutos, solitarios, bajo los vetustos árboles. Como si su sombra proyectase la figura del Gigante, invadiéndonos cierto desasosiego.

Debemos abandonar las marcas rojas y seguir recto. Hay que estar muy atentos para girar a la derecha siguiendo las marcas blancas y amarillas. Regresamos a la encrucijada y volvemos sobre nuestros pasos.

En esta ocasión nos sentimos más ligeros. Hemos caminado a hombros de un Gigante.

Relieve de Miguel Joaquín de Eleicegui.
Foto: Angi Gomal

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