OTOÑO EN LEIZARÁN: CANALES Y HONGOS ALUCINÓGENOS PARA VER A PAPÁ NOEL

Nos acercamos al guipuzcoano-navarro valle de Leizarán. Usando el tren de cercanías de Renfe, nos bajamos en la estación de Andoain-Centro.

Salimos a la avenida de Joaquín Larreta, seguimos un corto tramo, y a nuestra izquierda encontramos la calle Bertxin. Subimos por esta calle, y vemos unas escaleras que nos conducen al inicio de nuestra ruta.

Naturaleza prohibida.
Foto: Angi Gomal

No vamos a hacer el recorrido clásico del antiguo tren que unía Lasarte con Pamplona. En el valle de Leizarán se explotaron, desde fines del siglo XIX hasta principios del XX, las minas de Plazaola. Para transportar el mineral se construyó un vía férrea. Más tarde se prolongó la línea hasta Pamplona y se usó para el transporte de viajeros.

Seguiremos sólo unos kilómetros la antigua vía de ferrocarril, para luego, desviarnos, ganar altura, y recorrer un camino que discurre paralelo a un canal.

Al final del túnel está la luz.
Foto: Angi Gomal

El camino de Leizarán está surcado  por numeroso túneles. Actualmente, la mayoría están perfectamente acondicionados. Los más próximos a Andoain disponen de iluminación, y el firme es de hormigón. Atravesamos el viaducto de Auzokalte y nos encontramos con el túnel más largo : Otieta, 280 metros. El camino es agradable y un caluroso sol otoñal nos incita a sumergirnos en las frías aguas del río.

Viaducto de Auzokalte.
Foto: Angi Gomal

El agua cae por las laderas de la montaña buscando ávidamente el encuentro con el río Leizarán. Seguimos la Vía Verde del Plazaola hasta pasar por un poste, que indica el kilómetro cuatro. En menos de 100 metros, a la derecha, veremos el poste indicativo del PR-GI-161, que indica “Kanaletara”, es decir, “A los canales”.

Siguiendo las marcas blancas y amarillas, el sendero va ganando altura. El camino embarrado y tapizado de hojas, nos recuerda que aunque sea un día cálido, estamos en otoño. Cruzamos un canal, que no es el que estamos buscando, debemos seguir ascendiendo. Observamos unas despreocupadas mariposas, ajenas a que su tiempo se está terminando.

Vía Verde del Plazaola.
Foto: Angi Gomal

Llegamos a una construcción: “Praxkuren Borda”, “La borda de Praxku”. Vemos como el canal surge de la montaña. Nos encaminamos hacia la derecha en dirección “Mandabideta”. Si tomasemos el camino de la izquierda llegaríamos hasta Villabona, siguiendo el PR-GI 118 “Recorrido por los canales”.

Estas vías de agua se usaban para producir electricidad. Estos canales son como venas que discurren por la parte alta del valle. Su misión es precipitarse desde la alturas para generar la fuerza necesaria que mueva las turbinas de las centrales eléctricas.

Praxkuren borda.
Foto: Angi Gomal

Llanemos junto al canal. El camino es solitario y, en alguna ocasión, caminando sigilosamente,  nos hemos encontrado con alguna vivaracha ardilla. Hay algunos puentecillos que permiten salvar el canal y adentrarse en el bosque.

El otoño vivifica el bosque.
Foto: Angi Gomal

Cuzamos un puente y nos aventuramos en la foresta. A lo largo de un caminillo encontramos decenas de bellos y alucinógenos hongos.

Amanita muscaria.
Foto: Angi Gomal

La amanita muscaria es de consumo habitual entre los chamanes del pueblo sami (lapón). Tras secar el hongo, lo hierven y se ponen en contacto con el gran espíritu del reno. Los rebaños de renos de esta región buscan con avidez la amanita muscaria, y la ingieren con gran placer. En ocasiones, los chamanes siguen a los rebaños para beberse la orina de los animales que han comido el hongo alucinógeno. Estas alucinaciones creaban la ilusión de que los renos volaban. Algunos ven en estas lisérgicas visiones la idea de los renos voladores de Papá Noel

Papá Noel preparando a los renos para el “viaje”.

El pueblo koryak de Siberia también usaba la amanita muscaria como droga. Los más ricos se quedaban con las setas, y las tomaban como sopa en fiestas y celebraciones. Los pobres esperaban a que los ricos orinasen, para beber la orina, que todavía tenía alguna propiedad alucinógena.

Los chamanes del pueblo koryak tomaban la amanita.Uno de los efectos de la amanita muscaria es que produce visiones de estar volando. Creían volar a aldeas lejanas para curar a los enfermos. Este vuelo chamánico sería el antecesor de Papá Noel y sus vuelos de pueblo en pueblo.

Los chamanes, en el crudo invierno siberiano, entraban en las casas por el espacio que tenían habilitado como acceso en el techo de las viviendas.  Éste sería el origen de la peculiar forma que tiene de allanar las casas Papá Noel en Navidad.

La indumentaria rojiblanca del orondo Santa Claus no seria una invención de la Coca Cola, sino un homenaje a los colores de la amanita.

Bellos y alucinógenos.
Foto: Angi Gomal

Puentecillo sobre el canal.
Foto: Angi Gomal

El sendero que seguimos está tapizado de sabrosas castañas. Un alto en el camino nos permite disfrutar de una merienda sabrosa y nada alucinógena.

El agua es guiada a su destino.
Foto: Angi Gomal

El camino se ensancha y, por breves momentos, nos llega el rumor de los vehículos a motor que circulan por la cercana autovía de Navarra. Paramos a admirar un curioso aliviadero con forma de mano pétrea. Abandonamos la companía del canal, y llegamos al cruce de caminos de Mandabideta.

Otoño en el canal.
Foto: Angi Gomal

La mano aliviadero.
Foto: Angi Gomal.

En la encrucijada tomamos la dirección al barrio de Goiburu. El camino continúa por detrás de una bonita sidrería. El tibio sol otoñal nos indica que debemos ir concluyendo nuestro paseo.

¿Por qué todos los documentales terminan con un atardecer?.
Foto: Angi Gomal

Una bajada nos deposita en el puente de Unanibia, popularmente conocido como “Puente de la brujas”. Hemos llegado al centro de acogida de visitantes. Nos paramos a coger aliento en la zona habilitada con mesas. Ya sólo nos queda subir una pequeña cuesta, que nos deja en una de las entradas del túnel de Otieta.

Puente de las Brujas (siglo XIX).
Foto: Angi Gomal

Al regresar al hogar, nos damos cuenta de que no hemos recogido ningún hongo. No es necesario, la realidad ya es bastante alucinógena. Aunque nos gustaría ver volando a Papá Noel y a sus dopados renos.

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