LA MUJER IDEAL

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¿Cuántos artistas, filósofos, estetas, matriceros o sexadores de pollos habrán elucubrado sobre la mujer ideal?.

Hemos encontrado al genio que da la respuesta a ese concepto tan etéreo de la mujer ideal. El literato que ha conseguido tan homérico logro es Andrés Revesz, que en 1943 publicó “La mujer ideal”. La editorial que tuvo el acierto de divulgar tan magna obra fue Afrodisio Aguado, en su colección “Más allá”. Por el módico precio de 7 pesetas, Afrodisio S.A ponía a tu alcance este revelador escrito.

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Pero, ¿quién es Andrés Revesz? La Wikipedia nos da la respuesta: “Húngaro de expresión alemana, cursó estudios secundarios el el Colegio de los Padres Premonstratenses de Szombathely y en el instituto de Fiume. Estudió luego Filosofía y Letras (Filología Románica) en las Universidades de Budapest y París. Vivió en España más de treinta años y se nacionalizó español.

Era famoso entre los periodistas madrileños por su pajarita, su larga, rizada y enhiesta cabellera blanca, y por tener fresca en la memoria toda la historia del mundo…”.

La, en ocasiones, inexacta Wikipedia, no menciona el rasgo más destacable de Andrés Revesz: que era un fino penetrador de la naturaleza humana, un visionario de la entelequia femenina.

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La mujer ideal: El Dorado de los literatos de todas las épocas.

En el prólogo, el gran Andrés Revesz nos define a la mujer ideal: “La mujer ideal no es la más hermosa de las mujeres, porque si lo fuera sabríamos dónde reside, cuántos centímetros mide, qué color tienen sus ojos y su cabellera. La mujer ideal vive en nuestra imaginación, sin que podamos describirla, determinarla, definirla”.

Mal empezamos, pero no nos desanimemos. Más adelante afirma que la mujer ideal es la más femenina, a él le atrae la ternura, la bondad, la dulzura, la delicadeza.

Andrés piensa que para la mujer, el hombre siempre será algo protector: físicamente más fuerte, más práctico para ganarse la vida, más culto. Para el autor la mujer ideal no será, pues, enteramente analfabeta, aunque tampoco es necesario que haga alarde constante de sus conocimientos.

A continuación se dedica a glosar los diferentes tipos de mujer

La mujer que trabaja.

“En la labor abnegada de la mujer de su casa puede haber tanto heroísmo como en algunas hazañas guerreras”.

Sólo le falta añadir que una mujer empuñando una escoba es tan heróica como El Cid blandiendo la Tizona, o como Agustina de Aragón luchando contra los gabachos.

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Una profesión sin sueldo y sin cotización, el sueño de la C.E.O.E

El autor afirma que la inmensa mayoría de las mujeres no aspira sino a la felicidad en el hogar. ¿Debe trabajar la mujer?. Él cree que ni sí, ni no.En su opinión: “En un país con mucho paro es preferible que la mujer deje al hombre los escasos puestos vacantes”.

Esperemos que Mariano Rajoy no se entere de estas ideas, porque sino, ya sabemos la próxima reforma laboral: las mujeres a casa…y   se acaba el paro.

Cree que el mayor servicio de la mujer es la maternidad, ya que sin hijos no hay Patria. Esto nos recuerda a lo que los gudaris etarras proponían para el País Vasco.

 El patriota Henry Parot, cuyo historial sanguinario incluye el asesinato de seis niños -uno en Madrid y cinco en la casa cuartel de Zaragoza-, se lamentaba a través de una carta enviada desde la cárcel al periódico «Egin» del bajo índice de natalidad entre los vascos y hacía un llamamiento a las mujeres abertzales para que dieran hijos a la «causa de la liberación nacional de Euskal Herria».

Siempre hemos pensado que los ultranacionalistas vascos son el último refugio carpetovetónico de la hispania más intransigente.

La mujer que fuma.

Andrés Revesz se declara no fumador y a mucha honra. Proclama estar orgulloso de ello, porque el Caudillo, el Führer y el Duce tampoco fuman. Un trío de dictadores no fumadores y libres de malos humos.

El autor no está en contra de que la mujer fume, siempre que sea tabaco rubio o perfumado. Suponemos que la imagen de Sarita Montiel fumándose un veguero le supondría una apoplejía.

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Idea para una campaña anti-tabaco.

Revesz cree que todas las mujeres pueden fumar. Pero si se da el caso de que, por problemas económicos uno de los cónyuges debe dejar el tabaco, ése debe ser la esposa, ya que el hombre tiene unos “derechos adquiridos” sobre el tabaco, mientras que en el sexo contrario esos derechos sólo empiezan a formularse.

La mujer que baila.

Para Andrés el baile no es pecado, ni siquiera venial. Hay que distinguir entre los diferentes tipos de baile, porque los bailes regionales no enlazan estrechamente a las parejas, la danza poular no es sensual. Ni divertida, añadimos nosotros.

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Tres mujeres ideales.

El bailar es un excelente ejercicio gimnástico si no es un impetuoso charleston. Hay una cuestión peliaguda, ¿debe bailar la muchacha prometida?, Revesz afirma que depende del novio.

Si la novia lo que quiere es mantenerse en forma, el autor aconseja que en vez de bailar se dedique al tenis, mucho más completo como ejercicio, o que nade.

La mujer que se pinta.

¿ Es inmoral pintarse ?, ¿debe la mujer renunciar al “rouge” o al colorete?.

Como certera reflexión, Revesz deja una lamentación a la que nos adherimos incondicionalmente: “Algunos químicos muy buenos, sino emplearan todo su tiempo en la creación de coloretes y cremas, talvez podrían fabricar productos científicos de más exacta necesidad”.

Una verdad granítica. Y nosotros añadimos, ¿ cuántos premios Nobel de Química se han perdido porque han dedicado su intelecto y esfuerzo a inventar alquímicos embellecedores y afeites que rectifiquen la obra de Dios?.

La mujer que flirtea.

La mujer es naturalmente coqueta. No ve nada reprobable en la coquetería del bello sexo: ha sido creado para cautivar, encantar, atraer al hombre. Lo exige la Naturaleza, y su coqueteo contribuye a embellecer la vida.

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Una coqueta que ha pillado novio.

Las flirteadoras están expuestas a permanecer solteras. Flirteo es camadería. El hombre no suele tomar en serio a su partenaire de ese deporte-juego. Puede flirtear con una y luego casarse con otra.

Cuando te digan de un hombre que es un gran flirteador, tú, por lo que pueda ocurrir, ponte en guardia y escúchalo como si escucharas a un ventrílocuo. Francamente, esta aseveración escapa a nuestra comprensión.

La mujer deportista.

Revesz no cree que la mujer esté hecha para practicar el boxeo, ni el fútbol, ni ningún otro deporte de puro esfuerzo físico, brutal y sin gracia.

La mujer le gusta en la natación, el tenis, la danza rítmica; todos los deportes que desarrollen en la muchacha la gracia de movimientos, la esbeltez de la cintura y las ondulaciones del cuerpo.

El deporte no debe ser una exaltación pagana del cuerpo, en detrimento del pudor y el recato.Son más peligrosos las salas de baile o cinematógrafos, donde las imaginaciones se exaltan con problemas psicológicos de muy dudosa moral.

Andrés Revesz ocupa ya un lugar de honor en nuestro panteón de genios de la literatura, el escritor ideal.

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2 pensamientos en “LA MUJER IDEAL

  1. Jorge dice:

    Revesz no es sólo un fino penetrador de la naturaleza humana, es un titán de la psicología, un gurú olvidado y un humorista de puta madre.

  2. José Mª dice:

    Leí el libro “La mujer ideal”: es una auténtica basura.

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