MARISMA DE PLAIAUNDI: AVES, AVIONES,TRENES Y ALGÚN COIPÚ

plano playaundi

Plano de la marisma.

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Txingudi Ekoetxea, Centro de Interpretación de la marisma de Plaiaundi .
Foto: Angi Gomal

Este es un plan perfecto para una soleada tarde de invierno. Es una buena ocasión para quedar con esos amigos que ya sólo caminan por los centros comerciales, y que tienen en el fondo del cajón los prismáticos que recibieron como presente el Día del Padre.

Llegamos en cercanías de Renfe hasta Irún.  Atravesamos la calle Fuenterrabía, bajamos por la calle Lope de Irigoyen, pasamos bajo una carretera , y a la derecha vemos un camino que indica al “Parque Ecológico de Playaundi”.

El Parque Ecológico de Plaiaundi es un humedal protegido, integrado dentro del conjunto de las marismas de Txingudi, situado junto a la desembocadura del río Bidasoa, ocupa una extensión de 23,4 hectáreas.

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Ave solitaria.
Foto: Angi Gomal

Pasamos por delante del aparcamiento y llegamos a la entrada.  En el Centro de Interpretación podemos obtener la información que necesitemos sobre nuestro paseo por los 2 kilómetros de senderos.

Es un milagro que se haya conservado este espacio natural. Su extensión territorial está constreñida. Al este, tenemos las instalaciones ferroviarias, al oeste el aeropuerto de Fuenterrabía, y al sur el núcleo urbano de Irún. Por si fuera poco, en su interior hay una zona deportiva.

Durante el siglo XX, Playaundi fue desecada, arrinconada, cultivada y contaminada. La recuperación que hoy vemos es una gran suerte que debemos disfrutar.

La marisma de Playaundi podemos dividirla en tres sectores:

  • La laguna de agua dulce y la laguna de la gravera. La laguna dulce se alimenta de las lluvias y de las aguas subterráneas. Su escasa profundidad, 1 metro, hace que tenga caudal todo el año.
  • La playa intermareal de Itzaberri. Es la zona más “salvaje”, se mueve al ritmo de las mareas, creándose una serie de islas con la pleamar.
  • Las lagunas de Txoritegui y San Lorenzo. Están comunicadas con la bahía de Txingudi mediante compuertas, que permiten dosificar el agua embalsada en cada marea.

En la laguna de San Lorenzo se favorece una escasa diferencia entre la pleamar y la bajamar, manteniendo una escasa profundidad y limos al descubierto. Así se proporciona zonas de alimentación y descanso para garzas, anátidas, gaviotas y limícolas.

En la laguna de Txoritegui se permite una mayor variación del nivel mareal, favoreciendo la vegetación halófila, adaptada a la salinidad.

Laguna agua dulce

La laguna dulce.
Foto: Angi Gomal

laguna de la gravera

Laguna de la gravera.
Foto: Angi Gomal

Al salir del Centro de Interpretación, seguimos por la derecha y vemos la laguna de agua dulce, a nuestra izquierda otra laguna donde se ha creado una gravera artificial, y en frente, un campo de rugby con pistas de atletismo.

Un objeto cotidiano perturba nuestra mente. Un paraguas abierto y boca abajo está sumergido en la laguna dulce. Quizás pertenezca a un humanoide que vive sumergido, y usa el paraguas para que no le llegue a su mundo el aire contaminado de nuestra atmósfera.

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Aves esquivas.
Foto: Angi Gomal

Debemos girar a la derecha para asomarnos a la bahía de Chingudi y ver los restos de unas embarcaciones y un muelle. Es un bello cementerio marino. Unas difuntas barcas reposan junto al muelle que evoca voces de un tiempo mejor.

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Un objeto inquietante.
Foto: Angi Gomal

Retrocedemos sobre nuestros pasos, y subimos a una de las torres panorámicas para relajarnos con el paisaje, y tener una vista desde lo alto de las lagunas.

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Isla en la playa de Itzaberri.
Foto: Angi Gomal

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Cementerio marino.
Foto: Angi Gomal

esqueleto barco

Costillas al aire del cadáver de una embarcación.
Foto: Angi Gomal

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No navegaremos jamás.
Foto: Angi Gomal

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El muelle: cansado y derrotado.
Foto: Angi Gomal

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Naturaleza en Cinemascope.
Foto: Angi Gomal

A ras de tierra hay una serie de obsevatorios que nos permiten disfrutar de la naturaleza sin molestar con nuestra humana presencia a las aves.

ánade azulón

Ánades azulones.
Foto: Angi Gomal

Pasamos junto a una compuerta, y nos detenemos en un observatorio a admirar la laguna de Txoritegui. El 90 % de las especies que se pueden observar son aves migradoras.

compuerta

Compuerta para regular el caudal de la laguna.
Foto: Angi Gomal

El siguiente alto lo hacemos en la laguna de San Lorenzo, la más extensa, y un bonito espectáculo para el atardecer de una límpida tarde invernal.

laguna San Lorenzo

Laguna San Lorenzo.
Foto: Angi Gomal

Uno de nuestros objetivos con este paseo era si podiamos ver al Coipú (myocastur coipus), un roedor oriundo de Sudamérica. Fue introducido en Francia para criarlo para la industria peletera. Un buen día decidió ver mundo , y se convirtió en una plaga. Puede pesar hasta 10 kilos y parece un castor con cola de rata.

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El coipú: ¿simpático roedor o rata gigante acuática?.
Foto: Angi Gomal

En Plaiaundi se tuvo que controlar su población porque, aunque vegetariano, su voracidad terminaba con las zonas de nidificación de las aves. Era normal ver decenas de ejemplares de este rodeor campando a sus anchas y mirando a los visitantes con indiferencia.

coipú nadando

El coipú: un nadador con estilo.
Foto: Angi Gomal

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Un coipú en pleno banquete herbívoro.
Foto: Angi Gomal

La altura del sol nos señala la hora de partir. Volveremos en primavera a ver a las afortunadas aves migratorias.

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Atardece en la laguna de San Lorenzo.
Foto: Angi Gomal

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Bucólica escena en la laguna de la gravera.
Foto. Angi Gomal

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