CASTRO URDIALES: CARONTE Y EL CANTÁBRICO

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Tu alma se hallará sola

entre ideas sombrías de lápida gris;

nadie, de entre la gente, espiará

en tu hora de secreto.

Guarda silencio en esa soledad

que no es aislamiento, pues entonces

espíritus de muertos que estuvieron

en vida antes que tú, vuelven a estar

en muerte en torno a ti, y su voluntad

te va a eclipsar: tú, quédate tranquilo.

Aunque clara, la noche ha de cerrarse

y de sus altos tronos en el cielo

no mirarán los astros hacia abajo

con luz como esperanza a los mortales dada;

pero sus rojos orbes, sin fulgor,

le van a parecer a tu fatiga

como ardores y fiebre

que a ti quisieran para siempre asirse.

Edgar Allan Poe, “Los espíritus de los muertos”.




en el cielo

En el Cielo.
Foto: Angi Gomal

Los huesos que aquí estamos,

por los vuestros esperamos.

Esta lapidaria frase, que preside la entrada al cementerio de Évora, nos asoma a nuestra finitud.

La barca de Caronte nos espera para soltar amarras y navegar por los ríos infernales hasta las puertas del Hades.

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Ahrimán.
Foto: Angi Gomal

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Ser felino de fauces descoyuntadas.
Foto: Angi Gomal

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¿Monja? gárgola.
Foto: Angi Gomal

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Íncubo pétreo.
Foto: Angi Gomal

A pocas necrópolis tendrá más fácil llegar la barca de Caronte que al cementerio de Ballena, en Castro Urdiales. El cementerio se asoma al mar sin pudor. Es como un embarcadero para ánimas.

Los camposantos son auténticas ciudades pobladas por silentes ciudadanos. Para los vascos, es “hilherria”, la ciudad de los muertos, la necróplis; la Comunidad que, para los cristianos, espera el día de la Resurrección.

cementerio de Ballena

Entre el Cielo y la Mar.
Foto: Angi Gomal

Las Parcas juguetean con el hilo de nuestras vidas. Nunca sabemos cuándo se va a cortar el hilo que señala nuestro último día entre los mortales.

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Una Luz guía nuestros pasos en el Viaje más largo.
Foto: Angi Gomal

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El halcón de Horus.
Foto: Angi Gomal

Al cementerio cántabro llegamos caminando desde la playa de Ostende, en dirección al Poniente, bonita metáfora de nuestra vida, que se marchita día a día.

El cementerio de Ballena fue declarado Bien de Interés Cultural en 1994.

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Sensual ángel de estilo egipcio.
Foto: Angi Gomal

El primigenio cementerio de Castro Urdiales estaba en el centro del pueblo, junto a la Iglesia de Santa María. El pequeño tamaño del camposanto y las nueves leyes higienistas hicieron que el Ayuntamiento, en el año 1885, solicitara la construcción de un nuevo cementerio.

Castro en esos momentos era un pueblo en expansión gracias a la explotación de la minas de hierro. El camposanto se construyó en el sitio de Ballena, a más de 2 kilómetros de los que estipulaba la legislación. Gracias al dinero de la minería, los burgueses pudieron erigir monumentos funerarios acorde con su categoría social.

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Tumba cara al sol.
Foto: Angi Gomal

Esta Ciudad de los Muertos se organiza en calles paralelas, que descienden en dirección al bravo Cantábrico. Podemos admirar panteones de estilo neogótico, modernista o neoclásico.

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Ángel con tocado egipcio.
Foto: Angi Gomal

Nada más franquear la puerta del cementerio, se presenta ante nosotros una visión de otra época. Un enhiesto obelisco nos señala donde está el hipogeo de la familia Del Sel. Esta fascinante obra modernista del arquitecto Leonardo Rucabado y de los escultores Cossío y Molina, nos traslada a un mundo bizarro.

En esta obra se utilizó bronce, mármol y piedra caliza de las canteras de Escobedo en Santander.

En las esquinas del podium hay tres halcones encapuchados. La escenografía mortuoria se plasma en el sarcófago, el ángel femenino con ropajes egipcios, el obelisco con iconografía funeraria y los dos candiles.

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Níveo sepulcro.
Foto: Angi Gomal

La figura del ángel es fascinante. El ser angélico no es asexuado, es una sensual mujer que se inclina con delicadeza con una corona mortuoria.

a los pies de la cruz

Una Oración por los muertos.
Foto: Angi Gomal

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La Muerte es ciega.
Foto: Angi Gomal

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En la Cruz está la Salvación.
Foto: Angi Gomal

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Relieve, obra de G. Hezel Ruiz,año 1932.
Foto: Angi Gomal

Debemos pasear tranquilamente, observando algunos mausoleos, que son verdaderas obras de arte, y fiel reflejo del poderío económico y social de sus moradores.

niña ángel

Querubín.
Foto: Angi Gomal

obelisco

Obelisco del monumento funerario de la familia Del Sel.
Foto: Angi Gomal

angel pebetero

El ángel egipcio disipará las tinieblas del Más Allá.
Foto: Angi Gomal

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Pétreo serafín.
Foto: Angi Gomal

Salimos henchidos de Paz. En la próxima visita, no olvidaremos traer el óbolo, por si nos está esperando la barca de Caronte.

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Bello ser alado.
Foto. Angi Gomal

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