ARTIKUTZA: EL BOSQUE ANIMADO

haya trasmocha

Los árboles tienen sus luchas. Los mayores asombran a los pequeños, que crecen entonces con prisa para hacerse pronto dueños de su ración de sol, y, al esparcir sus raíces bajo la tierra, hay algunos demasiado codiciosos que estorban a los demás en su legítimo empeño de alimentarse. Pero entre todos los seres vivos de la fraga son los más pacíficos, los más bondadosos, los que poseen un alma más sencilla e ingenua.

Wenceslao Fernández Flórez: El bosque animado.

eskas

Eskas: puerta de entrada al bosque animado.
Foto: Angi Gomal

Existe un lugar mágico, donde el tiempo parece más pausado, donde los árboles dialogan con el caminante expresándose con el crujido de sus ramas…

comienzo paseo artikutza

Entrando en el bosque animado.
Foto: Angi Gomal

Para llegar a Artikutza/Articuza, tomamos la carretera Gi-3631, que parte de Oiartzun/Oyarzun, tras 15 kilómetros, supera el puerto de Biandiz y llega a la portería de Artikutza: Eskas. Para continuar con un vehículo por la carretera, que conduce al núcleo de población de Artikutza, se debe pedir un permiso al Ayuntamiento de San Sebastián.

Nosotros no necesitamos el permiso, porque dejamos nuestro coche en el aparcamiento que hay delante de la casa que hace de portería.

Aunque estemos en territorio navarro (Goizueta), la finca pertenece al Ayuntamiento donostiarra desde 1919.

El 66% de la finca de Artikutza es bosque, siendo el hayedo y después el robledal, los que reinan en el mundo arbóreo.

hayas trasmochas

Las hayas trasmochas.
Foto: Angi Gomal

Atravesamos la puerta de Eskas y avanzamos unos metros por la carretera. A la izquierda veremos un poste indicador que nos marca el camino al barrio de Artikutza, son 5,2 kilómetros siguiendo las marcas blancas y amarillas del sendero PR-NA-124.

El sendero se interna tímidamente en el bosque, como no queriendo mostrar de una vez todas las maravillas que alberga.

Por un momento creemos ver la figura de Fendetestas, el asaltacaminos. Nos gustaría que nos cortase el paso y nos espetase aquello de: “¡Alto, me caso en Soria! ¡La bolsa o la vida!”.

árbol caído

La madera muerta es fuente de vida.
Foto: Angi Gomal

Las hayas trasmochas son unos fascinantes seres vivos. La madera de las hayas era usada por ganaderos, carboneros, ferrones y leñadores.

Las hayas, en estado natural, se yerguen rectas hacia el cielo, pero las trasmochas presentan el tronco corto, grueso, nudoso, y de él surgen enormes ramas, cada una de ellas del porte a su vez de un árbol.

La cruz es el punto donde se empezaba la poda. Se cortaba el tronco a unos dos metros del suelo, de forma que los nuevos tallos estuvieran fuera del alcance del ganado. A partir de esa altura, nacerían nuevas ramas que irían ganando en grosor. Si la tala se interrumpía definitivamente, seguirían creciendo hasta crear estas dalinianas formas.
flores y hayas

La primavera asoma timidamente.
Foto: Angi Gomal

El agua sale a nuestro encuentro en forma de cristalinos arroyos. Intrépidos torrentes caen por las laderas buscando reunirse en un mismo curso de agua.

Una pizpireta ardilla sale a nuestro encuentro, los pájaros vuelan sin preocupación, se saben libres de cualquier peligro humano.

Todavía se pueden apreciar las zonas dondes los carboneros construían las carboneras. Antaño este bosque tuvo mucha actividad humana, hogaño la huella del hombre se ha diluido borrada por la Naturaleza.

arroyo en Artikutza

Límpidas aguas de invierno.
Foto: Angi Gomal

Las aguas puras unen sus fuerzas, preparándose para el gran salto: la cascada de Erroiarri. Crece el rumor del agua hasta convertirse en un estrépito.

puente madera Artikutza

Un paisaje de cuento.
Foto: Angi Gomal

cascada2

Las gélidas aguas buscan el Salto.
Foto: Angi Gomal

cascada

El Gran Salto.
Foto: Angi Gomal

Bajar hasta la base de la cascada no es para todos los públicos, por el peligro de rodar hasta el fondo del barranco.

cascada3

Majestuosa cascada de Erroiarri.
Foto: Angi Gomal

El bosque de Artikutza también nos regala ejemplares de acebos de tamaño considerable. Caminamos escoltados por bellos acebos que se elevan varios metros.

bosque de acebo

El bosque de acebos.
Foto. Angi Gomal

La senda va descendiendo hasta el poblado de Artikutza. Son unas pocas construcciones en un entorno privilegiado.

En el edificio llamado “Bomberos”, el boxeador Urtain, el morrosko de Cestona, montó una sala de entrenamiento, corría el año 1970.

La posada “Ostatu Zahar”, ha sido escenario de peliculas como “Bosque de sombras”, “La fuga de Segovia”, o “La pelota vasca”.

poblado de Artikutza

El barrio de Artikutza.
Foto: Angi Gomal

La finca de Artikutza toma el nombre del pequeño barrio que se ubica en su interior, cuyas primeras referencias escritas datan del siglo XIII, cuando era posesión de la Colegiata de Roncesvalles.

Los monjes agustinos arrendaban o explotaban las ferrerías, los derechos de explotación del carbón, la extracción de mineral, el aprovechamiento forestal y de pastos para el ganado. Son visibles los mojones, grabados con el símbolo de Roncesvalles, que delimitaban las posesiones de la Colegiata.

ermita artikutza

Ermita de San Agustín, año 1928.
Foto: Angi Gomal

La finca de Artikutza fue objeto de las desarmotizaciones del siglo XIX. En 1844 pasa a ser propiedad particular. Tras pasar por varias manos, los herederos del marqués de Arcillona venden, en 1919, la finca al Ayuntamiento de San Sebastián por 3.200.000 pesetas.

fotos lavadero de artikutza

Lavadero. Año 1933.
Foto: Angi Gomal

A comienzos del siglo XX, crece la población de San Sebastián, esto, unido a ser residencia veraniega de los Reyes de España, hace que la ciudad necesite un mayor abastecimiento de agua para sus residentes y visitantes. Los manantiales de Artikutza alimentaban las aguas que luego surtían la capital guipuzcoana.

En 1902 las fiebres tifoideas matan a 40 personas. Se encuentran dos habitantes del poblado de Artikutza enfermos de tifus, que lavaban y vertían sus excrementos al río.

Al comprar la finca el Ayuntamiento de San Sebastián, se construye una red de tuberías y canales.

La adquisición por parte del ayuntamiento donostiarra, convirtió Artikuza en el Edén boscoso que conocemos actualmente, gracias a que se  prohibió el ganado, la pesca y la caza. También se restringió el acceso a la finca.

Se hizo una gran reforestación para paliar la degradación de los bosques provocada por la minería y la explotación maderera. La conservación de los bosques servía para mantener el agua en óptimas condiciones de pureza.

La presa de Artikutza se construye entre 1950 y 1960, embalsando las aguas del río Enobieta.

embalse de Artikutza.2

Embalse de Artikutza.
Foto: Angi Gomal

Un poste indicador marca “Eskas Trenbidetik/Eskas por el Camino del tren”, son 5,8 kilómetros siguiendo las marcas amarillas y blancas del sendero PR-NA 124.

Salimos por la carretera, y a los pocos metros nos desviamos a la derecha, por un camino que se empina y serpentea tomando altura.

Tras una costosa ascensión llegamos al camino de la antigua vía del ferrocarril.

báculo de la colegiata de roncesvalles

Mojón grabado con el báculo, símbolo de la Colegiata de Roncesvalles.
Foto: Angi Gomal

La lluvia comienza a caer finamente, ya lo esperabamos. Recorremos el pequeño País de la Lluvia.

La estación meteorológica de Artikutza es la que mayores precipitaciones recoge de toda España, por delante de la de Grazalema (Cádiz) y de las lucenses de Visuña y Villarbacu.

Los datos pluviométricos se toman desde 1931, y la precipitación media anual es de 2.654 litros.

camino del ferrocarril

Caminando por el antiguo camino de hierro.
Foto: Angi Gomal

En estos montes se desarrolló una industria minera y forestal que dio origen a la construcción del ferrocarril de Artikutza, que llegaba hasta Rentería, para luego enlazar con el ferrocarril del Norte.

El ferrocarril minero y forestal recorría unos 30 kilómetros, el de mayor longitud de España en su categoría. Comenzó a funcionar en 1898 y su vida se prolongó hasta 1917.

El tren, en parte de su recorrido, usaba “motor de sangre” (bueyes,caballos o mineros), en otros tramos funcionaba una locomotora a vapor.

El recorrido de este tren presentaba dificultades orográficas que se salvaron construyendo una red de planos inclinados (vías férreas de gran pendiente sobre las que circulaban vagones arratrados por un cable o cadena, a modo de ferrocarril funicular).

La senda del ferrocarril llanea amablemente, mientras el sirimiri acaricia nuestros rostros.

Artikutza,muelas de molino

Artikutza,muelas de molino.2

Una piedras de molino se resguardan a la vera del camino. Son muelas labradas en granito, piedras que no molieron el grano.

charca

Un árbol de medio punto.
Foto: Angi Gomal

llegando al mirador

El poblado de Artikutza desde las alturas.
Foto: Angi Gomal

En el bosque de Artikutza atardece con cautela, como no queriendo molestar al visitante. Es el momento de retirarse y dejar que el bosque duerma plácidamente.

Entre la neblina distinguimos la portería de Eskas. Con gran pesar abandonamos el bosque animado.

haya trasmocha.2

Hermoso candelabro animado.
Foto: Angi Gomal

Los primeros que presienten la llegada de la noche son los árboles. Se van quedando quietos y toda la fraga enmudece. Desde fuera se ven ya como grutas de sombra en el verdor y las copas más altas se recortan sobre el cielo tan inmóviles como si estuviesen pintadas.

Wenceslao Fernández Flórez: El bosque animado.

árbol caído.2

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