ESTELLA: EL JARDÍN DE LOS DESVELADOS

vista de Estella desde virgen del Puy

Vista de Estella desde la Basílica de la Virgen del Puy.
Foto: Angi Gomal

Existen sitios imposibles, lugares que alguien soñó en una lóbrega noche, espacios de libertad artística, paisajes que, con la intervención del hombre, adquieren un nuevo significado, parajes donde las pesadillas personales cobran vida.

Todo esto es “El Jardín de los Desvelados”, “El Parque de los Desvelados”, “La calle de los Desvelados”, el sueño plasmado por Luis García Vidal.

“Quiero sembrar esta finca de calaveras. Con mi obra, yo quiero que la gente se conciencie de que la muerte es una cosa natural, que la tenemos encima y que es nuestra compañera de viaje, vayamos por donde vayamos. Quedamos como calaveras. Pero es que, además, por dentro, somos ya calaveras; no hay por qué tener ese terror. Nunca se habla de que vamos a morir y la vida no siempre es todo felicidad. La Muerte, una asignatura pendiente”.

Luis García Vidal.

puente de la cárcel Estella

Puente de la Cárcel sobre el río Ega.
Foto: Angi Gomal

Para llegar a Estella desde Guipúzcoa usamos la compañía de autobuses “La Estellesa”. No hay que fiarse de los nombres de las compañías de autobuses navarros, porque “La Baztanesa” no va siempre al Baztán, ni “La Burundesa” a Burundi (aunque sería un viaje curioso).

Desde la estación de autobuses, bonito edificio que antaño fue estación del ferrocarril Estella-Vergara, nos dirigimos al casco histórico. Por la calle de la Rúa, desgastada por las pisadas de los miles de pergrinos que recorren el Camino de Santiago, llegamos al puente de la Cárcel. El primitivo puente románico fue volado por los liberales en 1873, durante la Tercera Guerra Carlista, el actual data de 1973, y no desentona con el paisaje, suerte que no se lo encargaron a Calatrava, porque siempre le sale el mismo puente.

Cruzamos el puente sobre las aguas del Ega. Nuestros pasos continúan por la calle Asteria hasta una zona de aparcamientos. Desde aquí parte el sendero asfaltado que, en unos 3 kilómetros, nos deposita en “El Jardín de los Desvelados” o “Parque de los Desvelados”, como indican los carteles.

camino jardin desvelados

Florido camino.
Foto: Angi Gomal

No debemos abandonar la pista que serpentea entre huertas y casas. Tras pasar por las mínimas ruinas de la ermita de San Lorenzo, el sendero nos indica hacia la derecha. El camino nos lleva hasta una finca con un portón y unos azulejos que proclaman: “Calle de los Desvelados”. Éste no es nuestro Jardín, seguimos por el caminito que sale a la izquierda de la entrada de la finca, y a unos 50 metros, a nuestra izquierda, aparece la verja de entrada al “Parque de los Desvelados”. Un cartel avisa: “Finca Particular. Respeten”. La verja está fijada al suelo, así que el paso está siempre franco.

entrada jardín desvelados

Puertas al Jardín de los Desvelados.
Foto: Angi Gomal

“Todos los días hay un montón de muertos en la carretera, es horrible. Una salvajada. Yo de joven tuve coche pero luego lo dejé, porque soy muy despistado. Te montas en uno y no sabes si vas a llegar vivo”

Luis García Vidal, testimonio recogido en el libro: “Cuidadores de mundos”.

calavera tumbada

Calavera yacente.
Foto: Angi Gomal

El “Jardín de los Desvelados” no tiene la magnificiencia de los jardines de Versalles, ni la grandiosidad de los jardines colgantes de Babilonia. Es una pequeña ágora, donde las calaveras se reunen y charlan entre ellas. Se establecen diálogos de Muerte.

En el pequeño valle de San Lorenzo, las calaveras nos recuerdan nuestra finitud y que nuestras carnes sólo son un envoltorio temporal.

estela de muerte

Estela de Muerte.
Foto. Angi Gomal

Luis García Vidal nació en Melilla en 1927, peregrinó por varias ciudades españolas y vivió en Brasil. Terminó residiendo en París, donde conoció a su esposa, una oriunda de Estella. Desde 1971 se dedicó a levantar su obra más personal.

En el año 2008, un piragüista encontró el cuerpo de Luis García Vidal flotando en el río Ega.

El artista creía que lo mejor que se podía hacer con la muerte es desvelarla y ponerla bien a la vista.

seré futbolista

Me gusta el fútbol.
Foto: Angi Gomal

Hasta el material usado por el artista para sus obras es peculiar: zumaque.

El zumaque es un arbusto que se cultiva en Italia y en Oriente Medio. En Estella lo introdujeron los curtidores que lo usaban para curtir el cuero. Luis García Vidal empleaba los troncos del zumaque para confeccionar el armazón de sus esculturas, luego las cubría con una malla metálica, y, por último, aplicaba la pintura.

a la muerte le gustan los coches

A la muerte le gustan los coches.
Foto: Angi Gomal

La primeras obras que creó son las colosales calaveras, algunas perdidas para siempre y otras deterioradas. Las calaveras aparecen yacentes, otras erguidas, desveladas, como decía su autor.

valle San Lorenzo

Las calaveras vigilan el valle de San Lorenzo.
Foto. Angi Gomal

Más tarde colocó los automóviles y la sillita de bebé, ante el horror que le provocaban los accidentes de tráfico. Son unos “ready made” tétricos, que nos desvelan los desatres del fragor automovilístico.

Frente a la enorme calavera tumbada hay una lápida en recuerdo de su hermano Alberto, muerto en accidente cuando padecía un feroz cáncer.

coches y calavera

La cópula de la Muerte.
Foto: Angi Gomal

Los automóviles que podemos observar uno encima de otro, como en una mecánica fornicación, no son lo que colocó en un principio el artista. La alcaldía de Estella ordenó que fueran retirados. Irónicamente, hoy podemos ver un cartel con los escudos del ayuntamiento de Estella y del gobierno Foral.

calavera óleo

La Muerte Desvelada.
Foto: Angi Gomal

En los coches accidentado hay un placa en la que podemos leer: ” No solamente causa el alcohol los accidentes en carretera, también cuando se conduce con la izquierda y con la derecha le toca le toca los muslos a la amiga”. La lujuria siempre ha estado unida a la muerte: “la petite mort”.

calavera grande

La Gran Calavera charla con sus hermanas menores.
Foto: Angi Gomal

Pero no lee usted los periódicos?, me dice con cierta indignación. ¿No ve lo que está pasando en las carreteras? ¿Los fines de semana? ¡Es horrible! ¡Horrible! ¡Tantos muertos! Dentro de trescientos años, cuando aquella gente hable de nosotros, dirán, ¡que salvajes! ¡Mira que morir en la carretera! Coges un coche, y no sabes si vas a llegar a casa. ¡Calaveras!; todos somos calaveras por dentro. Mucha gente se asusta. Pero señora, hágase una radiografía y verá lo que lleva dentro; es el destino del ser humano.

Luis García Vidal, testimonio recogido en: http://www.sasua.net/estella/articulo.asp?f=calaveras

ojos calavera

Enorme Calavera Desvelada.
Foto: Angi Gomal

 

calavera en tierra

El nicho mortuorio.
Foto: Angi Gomal

Junto a un sendero, hay una calavera que vigila un pequeño nicho. Es el lugar donde Luis García Vidal quería pasar la Eternidad.

calavera inacabada

El zumaque da forma a las calaveras.
Foto: Angi Gomal

Nos asalta cierta tristeza al ver como las obras irán desapareciendo irremediablemente. Reflexionando, quizás esto sea lo lógico, una obra tan vinculada a su autor ha nacido para fenecer con la muerte de su creador. Es el artista el que hace que la obra tenga sentido, los visitantes somos meros espectadores del espacio que el creador quiso compartir con nosotros. Muerto el autor, lo más justo es que la obra muera con él. El zumaque volverá a ser un arbusto indómito y dejará de plegarse a las ideas del artista. La Naturaleza Desvelada retomará su espacio.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s