DE CASTRO URDIALES A LAREDO: EL ÚLTIMO DESEMBARCO DE CARLOS V

El 28 de septiembre del año 1556, desembarca en Laredo el emperador Carlos V. Sería su último viaje camino del retiro en Yuste.

En una anterior etapa costera, recorrimos el trayecto entre Bilbao y Castro Urdiales. Seguimos caminando por tierras cántabras, y llegaremos hasta el lugar donde desembarcó por última vez el gotoso emperador Carlos V.

Nos esperan unos 26 kilómetros de una senda que huele a salitre.

Para llegar a Castro Urdiales desde Guipúzcoa, nos subimos al autobús de Pesa, y, en la estación bilbaína, tomamos uno de los frecuentes autobuses a Castro Urdiales.

El autobús nos deposita en la plaza de toros, desde aquí alcanzamos la playa de Ostende. Este topónimo nos deja ecos de Carlos V y de su Imperio.

Desde la playa de Ostende caminamos hasta llegar al Cementerio de Ballena. El comienzo es poco atractivo por la proximidad de la Autovía del Cantábrico, aún así, tenemos unas bellas vistas del mar

saliendo Castro

El agua modela la dúctil caliza.
Foto: Angi Gomal

Caminamos por un terreno calizo, que nos regala caprichosas formas de tonos blancos y grises. Este paisaje cárstico ha modelado los llamados bufones,  profundos  agujeros conectados con el mar que elevan pulverizadas las bravas aguas del Cantábrico

Los ecos del mar nos acompañan durante un rato hasta llegar a un bonito encinar.

camino de Islares

Los bufones ponen la música camino de Islares.
Foto: Angi Gomal

islares

Monte Candina visto desde Islares.
Foto: Angi Gomal

Caminamos por un terreno llano y sin dificultades. El puerto natural de Arenillas, en Islares, nos recibe sin agua. Nuestra llegada coincide con la bajamar, con lo cual nos encontramos con el puerto “seco”, como si Moisés hubiese estado haciendo de las suyas para no mojarse.

Desde este embarcadero existía una barca para cruzar la ría de Oriñón, actualmente debemos hacer el paseo caminando.

puerto Islares

Bajamar en el puerto de Islares.
Foto: Angi Gomal

Junto al embarcadero de Islares está la playa de Arenillas, que desaparece con la pleamar. Hemos tenido suerte, y Poseidón nos abre las aguas para bajar a la playa de Arenillas y atravesar la playa de Oriñón. Esto nos evita dar un rodeo siguiendo el curso de la ría de Oriñón.

Salimos de la playa, y recorremos la carretera que nos lleva a Sonabia. Antes de llegar a la población, nos desviamos a la derecha y bordeamos la costa hasta la punta Ballena. Siguiendo por la costa nos encontramos con la playa de Sonabia.

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Hermosa playa de Oriñón
Foto: Angi Gomal

Desde la playa de Sonabia comienza la parte más exigente físicamente de nuestro recorrido. El monte Candina, pese a su modesta altura (489 metros), nos exige cierto esfuerzo. Vemos empequeñecerse el paisaje costero a medida que ascendemos. Unas flechas rojas nos indican el camino a seguir.

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Playa de Sonabia a vista de buitre.
Foto: Angi Gomal

Aunque no debemos alcanzar la cumbre del monte Candina, la subida tiene una pendiente notable, y tenemos que escalar el Paso de las Presas. En este paisaje espectacular hay una colonia de buitres leonados que nos deleitan con sus vuelos.

paso monte Candina

Una brecha en la montaña.
Foto: Angi Gomal

Una brecha en la montaña nos deja el paso franco para iniciar el descenso. No es un camino para todos los públicos.

monte Candina

El monte Candina desde la ermita de San Julián.
Foto: Angi Gomal

Descendemos con precaución. Las rodillas y sus correspondientes tobillos sufren en el pedregoso descenso. Tampoco queremos ser parte de la dieta de los buitres.

ermita San Julián

Liendo: ermita de San Julián.
Foto: Angi Gomal

Las ruinas de la ermita románica de San Julián, hito en el caminar de los peregrinos a Santiago en el camino costero, nos indican que estamos cerca de nuestra meta.

Caminamos hasta la playa de San Julián. Estamos en el término de Liendo. Podemos ver los restos del cargadero de la Yesera, se tratan de los vestigios de una explotación minera.

Nos encontramos en el diapiro de yeso de Liendo. Algunos materiales de tipo salino, como el yeso, pueden haberse depositado debajo de otras capas de sedimentos, durante el proceso de sedimentación.

Si estos materiales absorben agua pueden convertirse en materiales plásticos que poco a poco fluyen hacia la superficie, en ocasiones incluso deformando las rocas que se encuentran encima. Las estructuras que forman se denominan diapiros, y el fenómeno, diapirismo (no confundir con priapismo).

En esta zona, el yeso desciende verticalmente hacia el mar en forma de montaña.

llegando a Laredo

Laredo: el último desembarco de Carlos V.
Foto: Angi Gomal

Vislumbramos la villa de Laredo. Carlos V se desmayaría al ver la actual villa pejina: una especie de Manhattan con playa.

Comprobamos que el desembarco de Carlos V sigue vivo entre los pejinos: una asociación cultural anuncia un taller de confección de trajes de Carlos V, existe un Centro Temático de Carlos V que, por desgracia, no pudimos visitar, y, además, desde el año 2000,  la segunda quincena de septiembre durante cuatro días, la Villa de Laredo recrea el Último Desembarco de Carlos V (Fiesta de interés Turístico Regional).

Carlos V, cuando puso pie en tierra, se arrodilló en la playa, y considerándose ya muerto para el Mundo, besó la tierra diciendo: “¡Madre común de los hombres! desnudo nací del seno de mi madre, desnudo volveré a entrar en él”.

Nosotros también llegamos a la playa de Laredo, besamos la arena, nos desnudamos, y entramos en las aguas hacedoras de la vida primigenia.

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