CÓMO ENCONTRAR MARIDO.

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Hay libros en los que viendo la portada ya sabes que van a ser buenos. “Cómo encontrar marido” nos regala una de las mejores portadas de la historia, una foto pop, sicalíptica, abracadabrante.

Si, además, el libro viene avalado por ser una publicación de la revista “El mueble” (año 1969), sabemos que nos encontramos ante una joya literaria que nos hace salivar desde el índice.

 

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La erudita Patricia B. Arnold sólo necesita 35 capítulos y 182 páginas para legar a la literatura un auténtico vademécum de cómo encontrar la media naranja masculina. Las fotos intercaladas entre las sabias palabras de Patricia deberían se consideradas como el arquetipo del buen gusto, y un fiel reflejo de la sensibilidad femenina.

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Con este cardado y la rosa poso de lo más natural

 

No hay que burlarse del título del libro, es un tema que hoy en día todavía preocupa a parte de la población femenina. La búsqueda en internet de “cómo encontrar marido” arroja un resultado de 19 millones sólo en español, en inglés “how to find husband” da el espeluznante resultado de 575 millones de resultados. Es un tema serio.

La búsqueda de marido-novio-pareja-acompañante ha emborronado miles de páginas con desigual resultado. La magna obra que comentamos podría ser el cúlmen de la literatura parejil. La autora, Patricia B. Arnold, hace un esfuerzo ímprobo para regalar a las féminas todo su enciclopédico conocimiento.

Desde la primera página Patricia nos deja claro que la mujer sólo desea amar a un único hombre, y que si consigue coronar la conquista de un hombre ante el altar tendrá unos derechos reconocidos y aceptados por la sociedad

 

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Con lo rubia que soy no sé si sabré encontrar un hombre

 

 

La autora afirma que desde que el hombre esquiló la primera oveja la mujer aprendió a vestirse. La hembra tiene que estar siempre arreglada, bien presentada cuando está enamorada, cuando tiene novio, cuando espera matrimonio o después del mismo (o cuando hace cola en un Wok).

Hay que mantener el rostro en forma porque el hombre mira al rostro y sabe si la mujer tiene la epidermis grasa o no,o si usa cosméticos de una buena marca, “las mujeres tenemos la especial obligación de estar siempre aceptables, siempre agradables, siempre atracivas”.

“Debéis dar la sensación cuando un hombre os ve, que lleva a su lado una oleada primaveral, de juventud perenne y en su corazón la dulzura tanta veces deseada. Nuestra presencia cerca de él debe llenar cada minuto, cada detalle, para que siempre lo recuerde y le llene de satisfacción cuando estemos lejos de él”.

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Yo he seguido los sabios consejos de este libro y ya he pillado marido

 

Todo esto está muy bien, pero Patricia advierte del riesgo de convertirse en mujerzuelas, y nos plantea una irrefutable comparación: si se tiene el cuello limpio, ¿no se debería tener limpia el alma?.”Tenemos que evitar que la mujer acabe paseando con hombres de moral ligera que se pasan entre sí las muchachas como los jugadores de fútbol se envían uno a otro la pelota”.

“Todo se cancela, todo se deja, menos la mujer honesta, moralmente limpia, destinada a perpetuar la especie”.

¿Una mujer debe ser aspirante al premio Nobel para encontrar marido? Patricia cree que no, que una fémina no debe saber todas las dinastías de faraones de Egipto para llevar de forma satisfactoria la vida de la casa. El hombre no exige que la mujer sea una intelectual, y pone el ejemplo de Goethe, cuya esposa era analfabeta y feliz.

¿Cúales son los saberes mínimos de la mujer? Patricia cree que con saber cuales son los principales países del mundo, las principales religiones y conocer a los más famosos científicos vivos (a los muertos que les zurzan) es suficiente, estos conocimientos sirven para la muchacha de una playa de un país africano, la directora de una empresa de Liverpool o una maniquí de modas de Estocolmo (suponemos que también para una dependienta de Zara en Tombuctú).

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Ven para aquí machote que ya estamos casados

 

Lo mismo que el cazador acecha su presa, ¿dónde se pueden conocer hombres?

1-En el baile, las mujeres no tiene que ir solas, ni hacerse las remilgadas, no flirtear y no ser la última en abandonar el baile (suponemos que para no parecer desesperada)

2-En el paseo, poco recomendable por que los hombres se acercan con intenciones diferentes

3-Al teléfono, haciendo una llamada al azar (esto es como jugar a la lotería)

4-Practicando deporte, en el tenis, equitación, atletismo, pesca, motonaútica o ski se pueden conocer hombres (si te lesionas a lo mejor puedes ligar con el fisioterapeuta).

5-El guateque, cuidado con los listillos, puede decirte que le interesan muchos tus discos, y lo que realmente quiere es llevarte al huerto, mucho cuidado.

6-Excursiones, cruceros, viajes colectivos, muy recomendable.

7- En el trabajo, si vais en tren no es delito conversar con alguien que os guste, en el lugar de trabajo pude aparecer el hombre ideal entre un cliente, un proveedor o un simple vendedor.

8-En conferencias, no sirve ir a cualquier conferencia para conocer hombres. Patricia cuenta el caso de una amiga que fue a una conferencia porque sabía que iba a estar llena de jóvenes médicos. ¿Qué sucedió?, que el conferenciante habló de isótopos radioactivos, de roëgenterapia y de bombardeó molecular, y la pobre chica acabó en brazos de Morfeo. Al final de la conferencia la despertó un atractivo médico diciéndole: “Señorita, quizá le hubiese gustado más una película del Oeste. ¡ Al menos los disparos la hubieran despertado!”, la pobre chica no volvió a una conferencia, y por supuesto no se casó con un joven médico.

 

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Mi novio y yo vestidos para asar unas chuletillas en el campo

 

Una vez conseguido novio, la autora da una serie de sabios consejos. La mujer debe cambiar sus costumbres y aficiones si no son del gusto del novio; si el hombre está enfadado “tened el tacto y la sensibilidad de no irritarlo más. Mesurad vuestras palabras, frenad vuestros impulsos, procurad que su ira se aplaque, admitid vuestros errores, no hay nada que calme tanto a un hombre como una mujer paciente”.

La novia también debe regalarle algo al novio de vez en cuando: un porta mapas, una lupa, un juego de toallitas con sus iniciales o un paraguas.”Un hombre elegante lleva paraguas. Habéis reparado en que los teddy-boys no llevan nunca paraguas. El mejor es el de seda negra”.

Patricia nos advierte de que no hay que casarse por piedad, una amiga suya se casó con un manco por que le daba pena el pobrecillo, y la cosa acabó mal. Tampoco recomienda casarse con un ciego.

Respecto al sexo prematrimonial ni hablar: “Un novio no tiene derecho a atentar contra la integridad física de su prometida, quien a su vez, debe negarle con todo su ser ese derecho cuando él lo pretenda”.

Como reflexión final, la autora advierte a las mujeres de que el matrimonio no termina con las preocupaciones de las féminas, pero las dificultades son más soportables con el amor de dos esposos.

 

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URA: EL CAÑÓN DEL MATAVIEJAS

Que nadie se asuste por el título. No vamos a describir los crímenes de un facineroso armado con una recortada cuya obsesión es apiolar entrañables ancianitas. Tampoco hace referencia a un lugar poco acogedor para las catalogadas ñoñamente como señoras de la tercera edad o “nuestras mayores”.

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Ura: paraíso natural. Foto: Angi Gomal

El Noveno Pasajero se traslada al sur de la provincia de Burgos. Entre Lerma y Covarrubias se encuentra el pueblo de Ura, punto de inicio de nuestra excursión. Para llegar a Ura, en el pueblo de Puentedura ( carretera BU 904) tomamos la desviación que señala “Tordueles”, cruzamos el puente sobre el río Arlanza (en el que desemboca el Mataviejas), y una vez atravesado el pueblo, a la izquierda encontramos la señal que nos llevará hasta Ura.

La etimología de Ura, podemos encontrala del vasco “ura”, agua en castellano. Quizás, un caminante adusto guipuzcoano, camino de Azpeitia se extravió, y sediento al llegar a este lugar y ver el río comenzó a gritar ¡ura!, ¡ura!. Podía haber exclamado ¡ardo!, ¡ardo!, ¡vino!, ¡vino!, pero el caso es que nuestro caminante era abstemio y con Ura se quedó el pueblo.

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Verde y ocre. Foto: Angi Gomal

Nuestra primera visita, cuando éramos unos tiernos retoños, a tan maravilloso lugar nos dejó un tanto anonadados. Al preguntar a un lugareño si aquel pueblo era Ura, nos respondió: ” Sí, y ¡qué pasa!”, fue una frase que quedó grabada en nuestros infantiles cerebros. Aquel encuentro con tan peculiar ser nos hizo pensar que el gentilicio del pueblo sería uraño.

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Puente sobre el Mataviejas. Foto: Angi Gomal

Es probable que aquel anciano fuera un bromista y no entendiésemos su sentido del humor, no en vano los burgaleses son conocidos como los gaditanos de Castilla por su gracejo y buen humor. Con el tiempo, y en sucesivas visitas comprobamos el carácter amable y afable de sus habitantes, siempre dispuestos a responder a cualquier pregunta con una sonrisa en la cara y a saludar con una corrección que se ha perdido en las ciudades.

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El valle del Mataviejas. Foto: Angi Gomal

El cañón del Mataviejas es un accidente geográfico creado por el río Mataviejas (río Ura para sus primeros moradores). La etimología viene de matas-viejas. El hidrónimo haría referencia a  las matas viejas (bosques más antiguos), en comparación con las matas nuevas. En el Diccionario Madoz se nombra el río como Mataovejas, aunque parece claro que es un error.

El noble Mataviejas no es un colosal río, su caudal y anchura son modestos, pero ha sido capaz de tallar este maravilloso desfiladero, gracias.

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Rocas y sabinas dan carácter al Mataviejas. Foto: Angi Gomal

 

El título de este paseo podía haber sido Castroceniza: el cañón del Mataviejas, porque desde ambas poblaciones se puede iniciar la excursión.

Son 3 kilómetros de paseo agradable, sin apenas desnivel, sólo debemos abandonarnos a contemplar el paisaje.No debemos olvidar alzar nuestra mirada para contemplar los buitres que habitan en los roquedales.

 

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El buitre acecha al excursionista desorientado. Foto: Angi Gomal

El camino transcurre río arriba, nos acordamos del libro “El nogueral vencido”, una deliciosa guía sentimental de Félix J. Alonso  Camarero, donde narra sus recuerdos de los paseos por el valle. Su añoranza se refleja en esos noguerales hogaño enfermos y en declive.

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El nogueral resiste. Foto: Angi Gomal

 

 

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Llegando a Castroceniza. Foto: Angi Gomal

 

 

Casi sin darnos cuenta llegamos a Catroceniza, el río Mataviejas nace en el monte Carazo, pero nuestro paseo termina aquí.

El regreso es igual de placentero, podemos aprovechar para darnos un refrescante chapuzón y jugar a encontrar algún cangrejo  o alguna esquiva trucha.

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Iglesia de Castroceniza. Foto: Angi Gomal

 

Con lástima abandonamos al noble Mataviejas, modesto y poderoso río que ha cincelado uno de esos paisaje para el recuerdo.

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Un refrescante rincón. Foto: Angi Gomal

 

 

 

DE COMILLAS A SAN VICENTE DE LA BARQUERA

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Abaddón el Exterminador. Foto: Angi Gomal

Y tenían por rey al Ángel del Abismo, cuyo nombre en
hebreo es Abaddón, que significa El Exterminador.
APOCALIPSIS SEGÚN EL APÓSTOL SAN JUAN

El Ángel Exterminador del escultor Josep Llimona nos recibe en el actual cementerio de Comillas, construido sobre los restos góticos de una antigua iglesia.Este será nuestro punto de partida.

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La luz flamígera guia al Ángel Exterminador. Foto: Angi Gomal

DE GAUDÍ A BUSTAMANTE

Uniremos la villa donde se levanta el Capricho de Gaudí, con San Vicente de la Barquera, la villa marinera, lugar del natalicio del simpar canoro conocido como Bustamante. Serán 18 kilómetros de paseo costero.

Desde el cementerio nos dirijimos por una carretera indicada como “Trasvía, cementerio y tanatorio municipal”. Llegamos a la zona del tanatorio, y en vez de continuar por la carretera, tomamos un camino a la izquierda.

El camino se acerca al seminario de Comillas, caminamos cercanos a los muros, el camino desciende, debemos obviar otros caminos que no sean el principal, los cruces los resolveremos el primero hacia la derecha, y el segundo hacia la izquierda.

El tranquilo descenso nos deposita en la zona recreativa campestre: el arboreto “El Joyucu”.

 

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Seminario de Comillas. Foto: Angi Gomal

Caminando entre casas de campo llegamos al pueblo de Trasvía, perteneciente al municipio de Comillas. Podemos dar un paseo por el pueblo y admirar el edificio de las antiguas escuelas construidas en el año 1891.

A la entrada del pueblo tomamos la carretera que nos lleva al puente sobre la ría de La Rabia

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Oyambre, la joya del recorrido. Foto: Angi Gomal

Cruzamos ansiosos el puente sobre la ría de La Rabia, sabemos que al otro lado nos espera Oyambre, el “plato fuerte” de esta excursión. Una reserva natural de 5.000 hectáreas, zona excelente para la observación de aves. Podemos disfrutar de marismas, dunas, playas y acantilados.

Es un placer recorrer los dos kilómetros de arenal, y sumergirse en sus límpidas aguas, el esfuerzo ha merecido la pena.

 

 

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Marismas de La Rabia. Foto: Angi Gomal

Recorremos la bella playa hasta su parte más occidental. Subimos un pequeño monte. En este punto, lo más lógico sería ir en dirección a una explotación ganadera que hay en la parte más alta. Nuestra demencia nos lleva a costear a toda costa, acercándonos lo más cerca del mar, craso error.

A los cinco minutos, nos acordamos de Nino Bravo y de aquel himno interpretado por el genial cantante valenciano: “Piensa que la alambrada sólo es un trozo de metal, algo que nunca puede detener sus ansias de volar. Libre, como el sol cuando amanece, yo soy libre como el mar”.

El paseo se convierte en una tortura para superar las alambradas que no respetan la servidumbre de paso.

 

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Playa de Oyambre, paraíso natural. Foto: Angi Gomal

Tras una ginkana insufrible, toro y vaca incluidos,vislumbramos la playa del Cabo, San Vicente de la Barquera y la silueta de los Picos de Europa.

Por fin, podemos descalzarnos y liberar nuestros pies para que se relajen con la arena de esta extensa playa del Cabo

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Playa del Cabo, al fondo los Picos de Europa. Foto: Angi Gomal

Cruzar el puente de la Maza, el antiguo puente de madera, pétreo en la actualidad,  es el último esfuerzo. Caminamos sobre la ría de San Vicente de la Barquera.

 

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El puente de la Maza nos lleva al final del recorrido. Foto: Angi Gomal

Cansados y satisfechos nos subimos al autobús de vuelta al hogar, Cantabria sigue siendo infinita.

 

 

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San Vicente de la Barquera, bella villa marinera. Foto: Angi Gomal

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La corriente del río Huchet: dunas, marismas y una extraña señal maritima

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El río serpentea hasta ser devorado por el Océano Atlántico.

No caeremos en tópicas metáforas sobre los ríos, pero este paseo nos puede hacer sentir como exploradores durante unos kilómetros. Para ello, es fundamental elegir un día y una hora que nos procuren cierta soledad y sosiego, ya que las muchedumbres alteran la percepción de los paisajes

En este paseo no seremos el Marlow del “Corazón de las tinieblas”, en su infernal viaje por el río Congo, y ningún lugareño gritará: “¡El horror, el horror!”, pero podemos gozar de un río asediado por dunas, acompañado por un bosque y habitado por aves tranquilas.

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Río arriba Foto: Angi Gomal

En el sudoeste de Francia, en la región de Aquitania, en el departamento de Las Landas, se encuentra el río Huchet.

Es la corriente de Huchet, conocida también como el canal del “Étang de Léon”

Para iniciar el paseo tenemos que llegar hasta el pueblo de Moliets-et-Maa  y tomar la carretera que se dirige hacia la playa (D117), poco antes de llegar a la playa , una desviación a la derecha indica”Courant d´Huchet”.

Podemos llegar la punto de partida en bicicleta, pero tendremos que dejar el velocípedo a la entrada de esta Reserva Natural,ya que en este recorrido no se permite la circulación de bicicletas.

 

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Las dunas escoltan las aguas hasta la desembocadura. Foto: Angi Gomal

Desde el pequeño aparcamiento bajamos a la playa para comenzar el paseo.

Es una experiencia gozosa de unos 10 kilómetros llanos por la margen izquierda de este acuoso cordón umbilical, que une el lago de Léon y el océano Atlántico. Caminamos río arriba.

 

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Las barcas surcan la indómita corriente. Foto: Angi Gomal

 

 

Una humilde barca amarrada nos recuerda que este río es navegable.

Los bateleros comenzaron su actividad en 1920 y, en la actualidad, de  abril a octubre, previa reserva, se puede hacer este paseo fluvial.

El Lago Léon y la “Courant d’Huchet”  se dieron a conocer en 1905, cuando el poeta y reconocido periodista Maurice Martin, organiza la exploración con el fin de promover la costa Aquitania, que bautizó como La Costa de Plata”

El río Huchet alcanzó  notoriedad gracias a Gabrielle D’Annunzio. De estancia en  Hossegor, se entera de las actividades de unos pescadores de anguilas que navegan río abajo  hasta el mar.

Se  interesa por el lugar y, en 1910, se produce la primera visita oficial en la compañía de otros hombres de letras. El artículo publicado en L’Illustration: “Una tierra virgen en Francia“,  lanza a la fama este singular paraje.

 

 

 

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Las orillas se van tornando impenetrables. Foto: Angi Gomal

Por momentos, la senda se aleja de río y penetramos en un pinar, debemos obviar los senderos que aparecen a nuestra derecha.

La ribera de río se va tornando impenetrable, pero no nos engañemos, este paisaje está totalmente domeñado por la mano del hombre.

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Pinos y arena, las Landas en estado puro. Foto: Angi Gomal

El camino se aparta de la orilla del río y se interna en un pinar, unas señales nos llevan por un ancho camino hasta un discreto observatorio de aves.

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La corriente arrumba un embarcadero. Foto: Angi Gomal

Hemos llegado a las marismas de La Pipe, la quietud es total, y nos gustaría congelar el tiempo, y disfrutar este momento durante una breve eternidad.

 

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Marismas de La Pipe. Foto: Angi Gomal

 

Las marismas de La Pipe han cambiado su morfología a lo largo de los siglos. En 1837 eran unas marismas salobres, sometidas a la influencia de la marea.

En 1956 se destruye el umbral natural del suelo donde se asienta el valle que alberga la marisma, dando como resultado que baja un metro el nivel de las aguas, secando las marismas.

Entre 1985 y 1988 se construyen tres presas hechas de madera, recuperándose el nivel del agua, también se idea un sistema de planchas móviles que regulan el caudal del agua.

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Calma, quietud, sosiego… Foto: Angi Gomal

 

Continuamos río arriba, y llegamos al puente de Pichelébe, qe salva las aguas de río Huchet. Podríamos continuar hacia el lago de Léon, pero el ocaso está cercano.

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El Amazonas de las Landas. Foto: Angi Gomal

Al cruzar el puente y dirigirnos hacia la costa, advertimos un elemento extraño que se recorta en el horizonte. En un principio, nos horrorizamos pensando que puede ser algún tipo de monstruoso cartel publicitario de alguna horrenda urbanización playera.

Ante nuestros atónitos ojos aparecen dos enormes triángulos sostenidos por una estructura metálica.

Esta extraña aparición que mira al mar, nos deja descolocados e imaginando cualquier atrocidad urbanística, nos sulfuramos, y a punto estamos de arremeter contra este gigante que nos desafía altaneramente.

 

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Una extraña señal mira el mar. Foto: Angi Gomal

 

Este gigante de hierro es, en realidad, una estructura que se conoce como “Amer d´huchet”, y es una baliza del siglo XIX, eregida para guiar a los barcos. Está en la lista de de faros protegidos como monumentos históricos de Francia.

Este atípico faro fue erigido en 1865, y constaba de dos vistosos triángulos de color banco y negro. En 1890 fue reemplazado por otra “balise” de la misma forma pero de metal.

Esta señal se encuentra entre Capbreton y el faro Contis. Su emplazamiento en una franja costera sin referencias visuales, sirve como punto de reconocimiento para los navegantes de la costa landesa.

Consta de dos triángulos de siete metros de ancho y seis metros de altura, espaciados por dos metros de altura, pintados el primero (el más alto) en blanco, y el segundo en negro. La corrosión ha borrado el color de ambos.

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Las dunas acechan al río Huchet. Foto: Angi Gomal

 

La opción más prudente para regresar al punto de partida, es desandar el camino, y volver por donde hemos venido.

Nosotros optamos por llegar hasta la playa y regresar caminando junto al mar,esto supondrá vadear el río y mojarnos un poco.

Así, entramos en contacto con este río que nos ha proporcionado una expereriencia que hay que atesorar para días aciagos

 

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Vadeando el río Foto: Angi Gomal

 

 

 

 

 

DE BAYONA A SAN JUAN DE LUZ: ENAMORADOS, UN BIZARRO CASTILLO Y UNA CRIPTA

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Bayona: catedral de Sainte Marie.
Fot. Angi Gomal

Un largo paseo costero nos espera, unos 30 kilómetros con vistas al mar. Para iniciar nuestro camino, nos dirijimos a Bayona. El autobús de Pesa nos deja en la “Place des Basques”.

En realidad, la excursión comenzará desde Anglet, en la desembocadura del río Adour. Para llegar a la playa de”La Barre” tomamos un autobús urbano (el número 11) en la parada “Sous-Préfecture”, junto a la “Place de La Liberté”, en el punto donde el río Nive desemboca en el Adour. La última parada del autobús es Anglet-La Barre. Tenemos ganas de comenzar a caminar.

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El río Adour se entrega al océano Atlántico.
Foto: Angi Gomal

La primera parte de nuestra caminata será más bien “urbana”. Desde la playa de “La Barre” comenzamos a caminar junto al mar, son poco más de 4 kilómetros por un paseo marítimo  hasta la playa de la” Chambre d’Amour”.

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Dunas y búnkeres en la playa de La Barre.
Foto: Angi Gomal

Atisbamos el faro de Biarritz. Llegamos a una zona donde hay un gran aparcamiento, enfrente, en un parque ajardinado, visitamos la “Chambre d’ Amour”.

La Chambre d’Amour fue el escenario de una funesta historia de amor. Es la trágica historia de Laorens, una pobre huerfanita, y de Saubade, hijo de un rico terrateniente. El malvado padre estaba en contra de este amor interclasista. Los arrobados amantes se juraron amor hasta la muerte, y lo cumplieron.

Tuvieron la mala idea de escoger una gruta junto al mar como telón de fondo de sus escarceos amorosos. Un luctuoso día , una terrible tormenta azota el océano, el agua salada llega a la gruta y anega el nido de amor, el océano Atlántico arrrastra y se traga a los amantes. La fatalidad del Destino.

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Faro de Biarritz desde la playa de la Chambre d´Amour.
Foto: Angi Gomal

Desde la “Chambre de Amour” subimos por una acera hasta una rotonda, donde giramos hacia la derecha buscando el faro de Biarritz, en funcionamiento desde 1834. Está situado en la punta Saint Martin, a 75 metros de altura respecto al mar, y su luz alcanza los 50 kilómetros. Se puede visitar su interior, pero nos queda un largo recorrido y debemos proseguir la marcha.

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La chambre de amour: un nidito de amor acuático.
Foto. Angi Gomal

Poco diremos de Biarriz/Biarritz, la ciudad de Napoleón III y de Eugenia de Montijo, de casinos y opulentos hoteles que, en estos tiempos de aguda crisis, producen cierto escalofrío en nuestras conciencias.

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HENNEBUTTE: faro de Biarriz,siglo XIX.

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Vista de Biarritz desde el faro. Siglo XXI.
Foto: Angi Gomal

Paseamos por el puerto y, tras subir las escaleras de la atalaya de los balleneros, vemos la figura de la Virgen del Mar. A la roca donde la Virgen vigila el océano se accede por una pasarela que parte de la explanada donde se ubica el Aquarium de Biarritz, no tenemos tiempo para una visita, aunque nos gustaría ver a las focas.

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Pasarela a la Virgen de la Roca.
Foto. Angi Gomal

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Biarritz: Virgen de la Roca.
Foto: Angi Gomal

Seguimos caminando hacia el oeste. Bajamos a la playa ” Des Basques”, la marea está baja, así que caminamos por la arena. Si la marea está alta deberemos subir por las escaleras y caminar por las calles paralelas a la costa hasta llegar a la playa de Ibarritz.

Escrutamos la mar para ver si entre los surfistas distinguimos la figura de René -Sébastien Fournié, el cura surfista que, con neopreno negro y alzacuellos, se dedica a evangelizar surfistas. Si no fuera porque hemos leído la noticia en un períodico serio, creeríamos que es el último argumento lisérgico de la productora “Troma”, que realizó la película, nunca suficientemente recononocida, “Los surferos nazis deben morir”.

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Biarriz: playa de “Port Vieux”.
Foto: Angi Gomal

Caminado por la arena llegamos a la playa de Ibarritz. Una extraña mansión destaca en una colina. Nuestra febril imaginación se pone en marcha, y nos imaginamos a un Norman Bates francés espiándonos tras los visillos desde una tétrica ventana. No es un lóbrego frenopático, ni un sórdido hotel, en realidad, es el fruto del delirio de un noble francés: el Barón de L’Espée

Castillo de Ilbarritz

El barón era uno de los ricos herederos de la familia De Wendel, lo que proporcionó dinero y una pasión por los progresos técnicos.

A partir de 1894, comienza la construcción del castillo y sus numerosas dependencias insólitas : cocinas apartadas, para que los olores no molesten al dueño, vaquería, perreras, pabellón medieval, hexagonal o chino, galerías cubiertas, cueva y pozo, y una fábrica eléctrica.

Pero la pieza más importante era el órgano Cavaillé-Coll de 70 juegos y 5000 tubos, en torno al cual se debía construir el castillo.

Albert de L’Espée puede instalarse a partir de 1896 en los edificios de las cocinas del oeste- única dependencia que todavía existe hoy, bajo el nombre de « Blue Cargo » en la plaza de Ilbarritz Sur- donde un salón le está reservado. Ya se encuentran allí la piedra de Bidache, el roble de Hungría y los mármoles de varios matices que adornarán el castillo, terminado en 1897. Entonces se instalará y se armonizará el órgano en la sala prevista con este fin, con una altura equivalente a dos plantas. La fachada oeste actúa como una pantalla para el resto de la construcción y los bacones sirven de puntos de sujeción para el armazón que soporta cinco capas de techo (roble + gres vitrificado + amianto + tejas llanas). También se preven bocas de riego y de incendio ya que el músico apasionado por los órganos, Wagner y César Franck, afirmó : « Es imprescindible que la casa que va a proteger mi órgano sea in-des-truc-ti-ble. »

En 1898, quiere vender el castillo a consecuencias de un desengaño amoroso. Vuelve en 1902 para tocar su instrumento por última vez, vendido a Mutin y desmontado en 1903, está hoy en el Sacré Coeur de Montmartre en París.

De 1917 hasta 1922, se transforma el castillo en hospital. Después se perfila un lento deterioro, acompañado de saqueos.

De 1936 hasta 1939, el municipio de Bidart hospeda ahí dentro a refugiados vasco-españoles.

El 20 de junio de 1940, el ejército alemán ocupa los lugares, luego se vuelve una granja hasta 1958, fecha en la cual el Sr y la Sra Massiaux compran el castillo para transformarlo en hotel de lujo que acogerá a los veraneantes durante aproximadamente 25 años.

Desde 1990, la sala del órgano así como la escalera resultan declarados de interés artístico por los Monumentos históricos, pero el conjunto de la construcción pertenece a la Cadena Termal del Sol.

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La casa de la madre de Norman Bates a la francesa.
Foto: Angi Gomal

La marea no parece muy alta, así que seguimos caminando por las playa, esto evita dar un rodeo por las calles que se dirigen hasta la playa de Pavillon Royal

Seguimos sin problemas caminando por la arena, pero comprobamos que no hemos calculado el horario de las mareas también como creíamo, y toca mojarse un poco, porque no es posible escalar por las escarpadas laderas. Un poco mojados, alcanzamos la playa de Uhabia en Bidart

Cruzamos el arroyo Uhabia y giramos a la derecha, como bien nos indica el poste indicativo del sendero litoral.

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Playa de Bidart.
Foto: Angi Gomal

El camino asciende por la población y nos encontramos con una casa con una historia especial:

Una película vanguardista de Man Ray llamada Emak Bakia, en vasco “Déjame en paz”, desata la historia de una búsqueda. La casa donde se rodó en 1926 cerca de Biarritz tuvo ese peculiar nombre y Oskar Alegria decide emprender un camino a pie hacia su localización. De aquella mansión, Man Ray solo dio a conocer tres planos: la imagen de su puerta principal, dos columnas de una ventana y un trozo de costa cercana. La búsqueda a través de esas imágenes antiguas no será fácil. El nombre no figura en los archivos y nadie recuerda hoy la casa.

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La casa de Man Ray.
Foto: Angi Gomal

Al poco llegamos a la ermita de Saint Joseph, estamos en la pequeña población de Guethary. La ermita tiene un gran porche en la entrada para que se pudieran celebrar misas en el exterior. Una teoría afirma que estas misas exteriores eran para los descendientes de los “cagots”, que era el nombre que recibían los agotes en esta zona.

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Ermita Saint Joseph.
Foto: Angi Gomal

Guethary se asoma al mar en su coqueto puerto, con las embarcaciones amarradas en una rampa como plataforma de lanzamiento al mar.

Al final del sendero, ascendemos por un bosque de laureles que desemboca en una carretera. Las vías del tren quedan a nuestra izquierda,giramos hacia la derecha hasta que el camino nos deposita en la playa de Cenitz.

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El puerto de Guetary.
Foto: Angi Gomal

Ahora subimos por un monte, pasamos junto a un minigolf y al llegar al cámping de “Caravaning Playa”, giramos a la derecha por una carretera que desciende hasta la playa de Lafitenia.

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Playa Lafiténia.
Foto: Angi Gomal

Alcanzamos la bonita playa de Lafitenia, bordeamos su bella ensenada hasta que el camino se corta, giramos a la izquierda y alcanzamos una carretera que va en dirección a la playa de Erromardie.

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Playa Errormardie.
Foto: Angi Gomal

Paseamos junto a la playa de Errormardie, seguimos por la avenida de l´Abbé Idiartegaray hasta que a la derecha vemos un parque y la cruz de Archilua. En su base la leyenda pétrea dice: “Señor, líbranos de las tempestades y los relámpagos.

Estamos en la parte trasera del jardín botánico Paul Jovet, por desgracia no tenemos tiempo para una visita. El sendero bordea el jardín, dejando los acantilados a nuestra derecha. Una agradable sorpresa nos sale al encuentro: una cripta.

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La cruz de Archilua.
Foto: Angi Gomal

CHEVALIER FIRMIN VAN BRÉE

Firmin Van Brée nació en Bruselas en 1880 y murió en San Juan de Luz en 1960. Por sus servicios prestados en  la I Guerra Mundial será ennoblecido. Se dedicó a hacer negocios en el Congo, y contribuyó a crear la primera universidad del Congo

Sobrevolando la costa se prendó de San Juan de Luz. Desde los locos años 20 pasa los veranos en San Juan de Luz y adquiere los terrenos de Sainte Barbe.

Como hecho curioso, en los años 50 viaja a los Estados Unidos, y trae la idea de los moteles de carretera.

LA CRIPTA

Es una reproducción de la cripta en la que están enterrados los restos Saint Fermin en la catedral de Amiens.

La fachada de la cripta tiene una copia de una estatua de San Fermín que se encuentra en el Louvre. La puerta de madera Wenge proviene del Congo y posee incrustaciones de cruces de Katanga.

La Cruz de Katanga, también llamado Handa, es una cruz de cobre, a unos 20 cm de largo y pesa alrededor de 1 kg. Este objeto fue utilizado en el siglo XIX y principios del XX, como moneda en algunas partes de la actual República Democrática del Congo. Su nombre proviene de la región de Katanga, rica en cobre, ubicada en el sureste del país.

Desde la puerta podemos ver un magnífico azulejo de 2 metros por 1,80 fue realizado por artistas portugueses. La composición se inspira en una obra de la catedral de Amiens que representa el descubrimiento milagroso de la tumba de San Fermín.

cripta Firmin

Entrada a la cripta.
Foto: Angi Gomal

cruces de Katanga2

Las cruces de Katanga.
Foto: Angi Gomal

mosaico

Bello azulejo portugués.
Foto: Angi Gomal

Ya sólo nos queda descender en dirección a San Juan de Luz, terminamos una etapa costera que ofrece diversos atractivos y agradables sorpresas.

San Juan de Luz

La bahía de San Juan de Luz.
Foto: Angi Gomal

San Juan de Luz nos da la bienvenida, pero cansados, buscamos el transporte para regresar a casa. Podemos tomar el autobús de Pesa hasta tierras guipuzcoanas o el ferrocarril hasta Hendaya, y enlazar con el ferrocarril de Euskotren.

puerto San Juan de Luz

Bonita despedida del día.
Foto: Angi Gomal

DE DEBA A LEKEITIO: EXVOTOS MARINOS Y LA MAR PERDIDA

embarcaderos Deva

Embarcadero en la desembocadura del río Deba.
Foto: Angi Gomal

En este paseo costero saldremos de los límites de Guipúzcoa, para internarnos en territorio vizcaíno.

Llegamos a Deba/Deva en el “Topo”. En la misma estación, cruzamos las vías y llegamos al paseo Anes Arrinda, junto al río Deba.

Nos dirigimos al puente, actualmente cerrado al tráfico. Las marcas rojiblancas del GR-121″Vuelta a Guipúzcoa”, nos acompañarán hasta tierras vizcaínas. Nos separan 4 kilómetros de Mutriku/Motrico, el último pueblo costero de Guipúzcoa caminando hacia el oeste.

Atravesamos el puente, giramos a la derecha, y en un paso de peatones las señales nos llevan hacia la izquierda. Comienza una suave ascensión por un bosque que, de vez en cuando, nos permite admirar el paisaje costero.

silencio de las ovejas

El silencio de las ovejas.
Foto: Angi Gomal

Alcanzada la máxima altura, caminamos por un sencillo camino asfaltado, que entre caseríos y praderas, resulta relajante. Merece la pena detenerse a ver una fuente y un lavadero que hay junto al camino. Ya vemos Motrico/Mutriku, una sencilla bajada nos deposita junto al puerto.

VISTA MOTRICO

Motrico a la vista.
Foto: Angi Gomal

El caluroso mes de octubre nos invita al baño, y decidimos darnos un chapuzón en la vieja piscina de mareas. Con la pleamar, la piscina se llena de agua, con la bajamar, se retiran las aguas y nos queda una estupenda piscina de dimensiones olímpicas.Vemos que en la zona del nuevo espigón han construido otra.

piscina motrico

Piscina de mareas.
Foto: Angi Gomal

Junto a la piscina hay unas escaleras que nos conducen hasta la ermita de San Nicolás.La marcas rojiblancas nos indican la dirección a la playa de Saturrarán, serán 4 kilómetros.

saliendo motrico

Playa del puerto y nuevo espigón.
Foto. Angi Gomal

En la ermita de San Nicolás podemos ver un exvoto marinero. El término latino “exvoto”, a consecuencia del voto, es una ofrenda que se realiza para agradecer una gracia recibida de Dios, la Virgen o los Santos Celestiales. El exvoto que vemos es un moderno pesquero que cuelga del techo de la ermita. Este tipo de exvotos son agradecimientos por haberse librado de los terribles peligros que acechan en la mar, en forma de tempestades y naufragios.

Etimológicamente exvoto viene de la frase latina ex voto  a consecuencia del voto, y consiste en una ofrenda que se realiza a Dios, a la Virgen o a los Santos, en recuerdo de un beneficio recibido y aludiendo únicamente a los modelos de barcos toscos colgados del techo – See more at: http://www.laalcazaba.org/los-exvotos-marinos-por-angel-madariaga-de-la-campa/#sthash.9GdxKmjG.dpuf
Etimológicamente exvoto viene de la frase latina ex voto  a consecuencia del voto, y consiste en una ofrenda que se realiza a Dios, a la Virgen o a los Santos, en recuerdo de un beneficio recibido y aludiendo únicamente a los modelos de barcos toscos colgados del techo – See more at: http://www.laalcazaba.org/los-exvotos-marinos-por-angel-madariaga-de-la-campa/#sthash.9GdxKmjG.dpuf
Etimológicamente exvoto viene de la frase latina ex voto  a consecuencia del voto, y consiste en una ofrenda que se realiza a Dios, a la Virgen o a los Santos, en recuerdo de un beneficio recibido y aludiendo únicamente a los modelos de barcos toscos colgados del techo – See more at: http://www.laalcazaba.org/los-exvotos-marinos-por-angel-madariaga-de-la-campa/#sthash.9GdxKmjG.dpuf
Motrico-ermita San Nicolás

San Nicolás observa el exvoto.
Foto. Angi Gomal

El camino va tomando altura, pasamos junto al camping de Santa Elena, y más adelante bordeamos el camping Galdona.

Comienza un pronunciado descenso que debemos seguir hasta el final. En un momento veremos que las marcas del GR-121 señalan dos caminos distintos, debemos seguir hacia la derecha , descendiendo junto a un arroyo.

Alcanzamos el aparcamiento de la playa de Saturrarán, perteneciente a Mutriku, aunque diste varios kiómetros de su centro urbano.

playa saturrarán

La bella playa de Saturrarán.
Foto: Angi Gomal

Cruzamos el puente sobre el arroyo Mijos, ya estamos en Vizcaya. Un agradable paseo urbano nos deposita en Ondárroa, uno de los últimos bastiones de la flota pesquera vasca.

Nos topamos con el puente de Calatrava. Es exactamente igual que otros que hemos visto del insigne arquitecto, ¡siempre le sale el mismo puente!. Como tenemos la experiencia resbaladiza del puente de Bilbao, cruzamos por el bello puente de la Playa o Perrochico ( se pagaban cinco céntimos por cruzarlo), que nos deposita en la plaza Nafarroa Zugastia.

playa de Ondarroa

Ondárroa: playa de Arrigorri, al fondo, Saturrarán.
Foto: Angi Gomal

puentes Ondárroa

Ondárroa: en primer plano, puente de la Playa, al fondo, el de Calatrava.
Foto: Angi Gomal

Vemos la hermosa iglesia de Santa María, y nos la encontramos cerrada. Junto al templo tomamos la calle Txomin Agirre, una de las más empinadas que hemos visto en nuestro caminar. Estaremos atentos para desviarnos a la izquierda, y visitar la ermita de Nuestra Señora de la Antigua.

ermita antigua ondarroa.1

Ermita de La Antigua.
Foto: Angi Gomal

Milagrosamente podemos franquear la entrada a la ermita y contemplar en su interior los dos exvotos que cuelgan del techo del templo, un pesquero y un antiguo velero de cuatro mástiles, que parecen navegar por el espacio sagrado.

barco1-ermita ondarroa

Dios: protege a nuestros marineros.
Foto: Angi Gomal

José Antonio Lizarralde recoge algunos ritos ritos que se daban en la ermita. Para acabar con los dolores de cabeza, los lugareños se metían dentro de una de las campanas, rezaban tres avemarías, y golpeaban el badajo otras tantas veces, haciendo sonar la campana. Creemos que esto es menos efectivo que las recetas para curar la resaca, pero será cuestión de probarlo.

Los devotos también usaba a la Virgen como oráculo. Cuando había tempestad en el mar, algún parroquiano cruzaba la iglesia de rodillas y con los brazos en cruz, desde la entrada hasta el altar de la Virgen, y miraba la expresión de la Madre de Jesús. Si sonreía, los marineros que faenaban en la mar estaban bien, si ponía mala cara, habría que ponerse en lo peor.

barco2-ermita ondarroa

Navegando en la casa del Señor.
Foto: Angi Gomal

Retrocedemos sobre nuestros pasos. Ahora seguimos la marcas rojiblancas del GR-123 “Vuelta a Vizcaya”. Lamentablemente, la señalización es peor que en tierras guipuzcoanas, y debemos estar más atentos para no despistarnos. El camino nos conduce hasta el barrio de Goimendi (monte arriba), a la altura del caserío Ikaita Barri, nos desviamos a la izquierda. No tenemos la referencia exacta de los kilómetros que nos quedan, pero deben de ser unos 13 kilómetros.

ermita antigua ondarroa

A esta ermita se acudía para curar la enfermedades de la piel.
Foto: Angi Gomal

Esta parte de la excursión es la más monótona Perdemos la mar de vista, acabamos con sobredosis de pinos, y con tantos eucaliptos, nos sentimos como un paquete de chicles Cheiw. Por fin, llegamos a la ermita de San Lorenzo en el barrio de Asterrika.

Dejamos atrás la ermita, salimos a una carretera, y vemos que las marcas del Gr-123,indican hacia la izquierda, en dirección al monte Kalamendi. Podemos seguir esta opción, pero nosotros seguimos por la carretera y, al poco, veremos a nuestra derecha un caserío en  ruinas y una pista que parte de aquí.

Esta es la parte del paseo más proclive a despistes. No debemos abandonar la pista principal en ningún momento, y obviar los caminos que salgan de la pista principal. Estamos en un bosque más cerrado, y se pierde la perpectiva del mar.

Más pinos y eucaliptos, aunque el camino se ve que avanza en dirección oeste. El sendero desciende, y a nuestra izquierda vemos un pabellón, y enfrente unos viñedos de txakolí. Seguimos la carretera que va hacia la izquierda, que nos conduce a Medexa/Mendeja.

Es un pueblo disperso, compuesto por varios barrios y caseríos diseminados. Junto a la apenas percepible figura de la iglesia (tiene adosado un frontón cubierto y una casa en su fachada principal), vemos el cementerio, sitio que siempre que podemos visitamos en todos los paseos, sin intenciones de quedarnos permanentemente.

En su maginifica entrada, una inscripción nos advierte sobre lo efímero de nuestras vidas terrenales:

Anayaak
zuek orain zariana gulenguiñian
oraingariana zuek laster izangozara dirialako
labur larrita contuak gure lurreko egunak
P.TPN
JOB. C.XIV V.XXIX.

Hermanos,

lo que ahora sois vosotros lo fuimos nosotros antes,

lo que nosotros somos ahora vosotros lo seréis pronto,

porque son breves y difíciles nuestros días terrenales.

P.TPN

JOB. C.XIV V.XXIX.

cementerio Mendexa

Cementerio de Mendexa, recordándonos lo obvio.
Foto: Angi Gomal

Tomamos la carretera que desciende hacia Lekeitio/Lequeitio, hasta llegar al barrio de Likoa, la otra alternativa es continuar por la carretera, pero no nos apetece tragar kilómetros de asfalto.

isla san nicolás

Isla de San Nicolás.
Foto: Angi Gomal

Desde este barrio tomamos un sendero que discurre entre caseríos. Caminamos tranquilamente por un bosque de pinos y eucaliptos, hasta que tres perros sueltos salen a nuestro encuentro. En este momento recordamos que no hay que olvidar el bastón de montañero o el palo de toda la vida para solucionar estos imprevistos, por suerte, unos gritos y una buenas piedras resultan efectivas.

El camino da a la carretera que desciende hasta la playa de Karraspio, en el término municipal de Mendexa, aunque por cercanía pueda parecer que pertenece a Lekeitio. La visión de la isla de San Nicolás nos confirma que ha merecido el esfuerzo por los cansinos bosques de pinos y eucaliptos. Este islote tuvo en su suelo un monasterio, y parece que recogía a enfermos de lepra y tuberculosos. Con bajamar se puede llegar andando, pero la pleamar nos regala una imagen más inaccesible y, para nuestro gusto, más bella

Antes de regresar en el autobús de Pesa a tierras guipuzcoanas, pisamos la fina arena de la playa.

Nuestros fatigados pies nos lo agradecen, y decidimos darnos un baño no textil (nudista). Celebramos reencontrarnos con la mar perdida durante tantos kilómetros.

camino

Al final, nos fundimos con la mar perdida.
Foto: Angi Gomal

SANTANDER: LA NOVIA DEL MAR Y UN INGLÉS A CABALLO


Santander, eres novia del mar
Que se inclina a tus pies
Y sus besos te da.

Santander,las estrellas se van
Pero vuelven después
En tu cielo a brillar.

Yo también, dejaré tu bahía
Y un recuerdo en mi vida
Que jamás borraré.

Así cantaba Jorge Selpúveda a la bella ciudad que nos regala sus encantos a orillas del bravo Cantábrico.

muelle sSantander-marco

Santander: una ciudad de postal.

playa camello

Un camello surge de las aguas.
Foto: Angi Gomal

Hay ciudades que parecen creadas para caminar, y Santander es una joya para el paseante. Haremos un recorrido urbano-rural, de unos 16 kilómetros, para todos los públicos. Comenzaremos en la Lonja del puerto, al final de la calle Marqués de la Hermida, y terminaremos en la playa de la Maruca.

Desde la Lonja seguimos lo más cercanos al mar, pasamos junto al muelle del Almirante. Paseo de Pereda, Puerto chico, nuestros pulmones se llenan de salitre.

Nos topamos con las obras del futuro Centro de Arte Botín, un proyecto a mayor gloria del insigne banquero, una pirámide para un faraón de las finanzas.

Santander posee un rosario de bellas playas que aparecen ante nuestros pasos, son arenales de nombres evocadores: Peligros, Bikinis, Camello, Sardinero…

Edifios propios de una época más bella y menos especuladora nos regalan estampas de buen gusto arquitectónico.

palacio de la Magdalena

El palacio de la Magadalena se oculta tras la playa de El Puntal.
Foto: Angi Gomal

santander-1913-marco

El Sardinero: bañistas en el año 1913.

Apenas sin notarlo en las piernas, llegamos a la palaya de Molinucos. Desde aquí vamos ganado altura poco a poco, estamos en el parque de Mataleñas.

Oímos los golpes certeros de los practicantes del golf en el campo municipal, alcanzamos la playa de Mataleñas

Ahora comenzará el camino de “verdad”, lejos de la urbe santanderina. El faro de Cabo Mayor es el punto de partida de la senda costera.

faro cabo mayor

El ocaso guía nuestros pasos.
Foto: Angi Gomal

Junto a la tienda de souvenirs sale un sendero que nos conducirá hasta La Maruca, se ha aprobado la señalización y acondicionamiento de este recorrido, nosotros seguimos nuestro instinto y la carrera del sol hacia el ocaso.

faro cabo mayor.2

El faro de cabo Mayor orienta la entrada a la bahía de Santander.
Foto: Angi Gomal

El camino transita amablemente junto a la mar hasta que en lontanaza y, a contraluz, como la escena mítica de ” Lo que el viento se llevó”, aparece, no “Tara”, sino un panteón neogótico.

panteón del inglés

A Dios pongo por testigo…
Foto: Angi Gomal

El Panteón del Inglés es el testimonio de una de esas historias que ya no volverán a suceder. Este monumento funerario fue construido en 1892 por el maestro cantero Serafín. De lejos, parece una ermita, en realidad es el homenaje a mister William Rowland, ciudadano inglés.

En un día septembrino, paseaban a caballo el citado mister Rowland y don José Jackson Veyán, español, nieto de un marino inglés. El caballo de mister Rowland se encabritó, y el inglés fue descabalgado, cayó fatalmente, produciéndose su muerte en tan bello paraje.

José Jackson, para honrar la memoria de su amigo inglés, construyó este panteón para perpetuar el recuerdo de su amistad. Don José fue un famoso autor teatral y periodista, aunque su oficio era el de telegrafista.

Como dato curioso, hay que citar que el difunto Rowland era nieto de sir Rowland Hill, creador del primer sello postal de la historia: el Penny Black. Hay que ver las cosas que aprende uno caminando.

panteón del inglés.2

Monumento a la amistad.
Foto: Angi Gomal

Desde el Panteón del Inglés, el paseo se ve salpicado de apriscos de piedra, cercos para el ganado construidos con bellos muros de piedra levantados en un equilibrio perfecto, sin necesidad de argamasa.

Poco a poco el paisaje se va humanizando. Aparecen esas casucas tan características de La Maruca y las parcelas con su autocaravana estacionada en medio del terreno.

playa

Anochece en la playa de El Bocal.
Foto: Angi Gomal

Ya sólo nos queda tomar algún autobús del T.U.S, para llegar al hogar reconfortados con este paseo, que une una de las perlas del cantábrico con un encantador paraje marinero.

La Maruca Santander

La Maruca.
Foto: Angi Gomal