DE COMILLAS A SAN VICENTE DE LA BARQUERA

angel exterminador

Abaddón el Exterminador. Foto: Angi Gomal

Y tenían por rey al Ángel del Abismo, cuyo nombre en
hebreo es Abaddón, que significa El Exterminador.
APOCALIPSIS SEGÚN EL APÓSTOL SAN JUAN

El Ángel Exterminador del escultor Josep Llimona nos recibe en el actual cementerio de Comillas, construido sobre los restos góticos de una antigua iglesia.Este será nuestro punto de partida.

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La luz flamígera guia al Ángel Exterminador. Foto: Angi Gomal

DE GAUDÍ A BUSTAMANTE

Uniremos la villa donde se levanta el Capricho de Gaudí, con San Vicente de la Barquera, la villa marinera, lugar del natalicio del simpar canoro conocido como Bustamante. Serán 18 kilómetros de paseo costero.

Desde el cementerio nos dirijimos por una carretera indicada como “Trasvía, cementerio y tanatorio municipal”. Llegamos a la zona del tanatorio, y en vez de continuar por la carretera, tomamos un camino a la izquierda.

El camino se acerca al seminario de Comillas, caminamos cercanos a los muros, el camino desciende, debemos obviar otros caminos que no sean el principal, los cruces los resolveremos el primero hacia la derecha, y el segundo hacia la izquierda.

El tranquilo descenso nos deposita en la zona recreativa campestre: el arboreto “El Joyucu”.

 

seminario comillas

Seminario de Comillas. Foto: Angi Gomal

Caminando entre casas de campo llegamos al pueblo de Trasvía, perteneciente al municipio de Comillas. Podemos dar un paseo por el pueblo y admirar el edificio de las antiguas escuelas construidas en el año 1891.

A la entrada del pueblo tomamos la carretera que nos lleva al puente sobre la ría de La Rabia

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Oyambre, la joya del recorrido. Foto: Angi Gomal

Cruzamos ansiosos el puente sobre la ría de La Rabia, sabemos que al otro lado nos espera Oyambre, el “plato fuerte” de esta excursión. Una reserva natural de 5.000 hectáreas, zona excelente para la observación de aves. Podemos disfrutar de marismas, dunas, playas y acantilados.

Es un placer recorrer los dos kilómetros de arenal, y sumergirse en sus límpidas aguas, el esfuerzo ha merecido la pena.

 

 

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Marismas de La Rabia. Foto: Angi Gomal

Recorremos la bella playa hasta su parte más occidental. Subimos un pequeño monte. En este punto, lo más lógico sería ir en dirección a una explotación ganadera que hay en la parte más alta. Nuestra demencia nos lleva a costear a toda costa, acercándonos lo más cerca del mar, craso error.

A los cinco minutos, nos acordamos de Nino Bravo y de aquel himno interpretado por el genial cantante valenciano: “Piensa que la alambrada sólo es un trozo de metal, algo que nunca puede detener sus ansias de volar. Libre, como el sol cuando amanece, yo soy libre como el mar”.

El paseo se convierte en una tortura para superar las alambradas que no respetan la servidumbre de paso.

 

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Playa de Oyambre, paraíso natural. Foto: Angi Gomal

Tras una ginkana insufrible, toro y vaca incluidos,vislumbramos la playa del Cabo, San Vicente de la Barquera y la silueta de los Picos de Europa.

Por fin, podemos descalzarnos y liberar nuestros pies para que se relajen con la arena de esta extensa playa del Cabo

camino san vicente

Playa del Cabo, al fondo los Picos de Europa. Foto: Angi Gomal

Cruzar el puente de la Maza, el antiguo puente de madera, pétreo en la actualidad,  es el último esfuerzo. Caminamos sobre la ría de San Vicente de la Barquera.

 

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El puente de la Maza nos lleva al final del recorrido. Foto: Angi Gomal

Cansados y satisfechos nos subimos al autobús de vuelta al hogar, Cantabria sigue siendo infinita.

 

 

sanvicente

San Vicente de la Barquera, bella villa marinera. Foto: Angi Gomal

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DE BAYONA A SAN JUAN DE LUZ: ENAMORADOS, UN BIZARRO CASTILLO Y UNA CRIPTA

iglesia Bayona

Bayona: catedral de Sainte Marie.
Fot. Angi Gomal

Un largo paseo costero nos espera, unos 30 kilómetros con vistas al mar. Para iniciar nuestro camino, nos dirijimos a Bayona. El autobús de Pesa nos deja en la “Place des Basques”.

En realidad, la excursión comenzará desde Anglet, en la desembocadura del río Adour. Para llegar a la playa de”La Barre” tomamos un autobús urbano (el número 11) en la parada “Sous-Préfecture”, junto a la “Place de La Liberté”, en el punto donde el río Nive desemboca en el Adour. La última parada del autobús es Anglet-La Barre. Tenemos ganas de comenzar a caminar.

desembocadura del Adour

El río Adour se entrega al océano Atlántico.
Foto: Angi Gomal

La primera parte de nuestra caminata será más bien “urbana”. Desde la playa de “La Barre” comenzamos a caminar junto al mar, son poco más de 4 kilómetros por un paseo marítimo  hasta la playa de la” Chambre d’Amour”.

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Dunas y búnkeres en la playa de La Barre.
Foto: Angi Gomal

Atisbamos el faro de Biarritz. Llegamos a una zona donde hay un gran aparcamiento, enfrente, en un parque ajardinado, visitamos la “Chambre d’ Amour”.

La Chambre d’Amour fue el escenario de una funesta historia de amor. Es la trágica historia de Laorens, una pobre huerfanita, y de Saubade, hijo de un rico terrateniente. El malvado padre estaba en contra de este amor interclasista. Los arrobados amantes se juraron amor hasta la muerte, y lo cumplieron.

Tuvieron la mala idea de escoger una gruta junto al mar como telón de fondo de sus escarceos amorosos. Un luctuoso día , una terrible tormenta azota el océano, el agua salada llega a la gruta y anega el nido de amor, el océano Atlántico arrrastra y se traga a los amantes. La fatalidad del Destino.

faro biarriz

Faro de Biarritz desde la playa de la Chambre d´Amour.
Foto: Angi Gomal

Desde la “Chambre de Amour” subimos por una acera hasta una rotonda, donde giramos hacia la derecha buscando el faro de Biarritz, en funcionamiento desde 1834. Está situado en la punta Saint Martin, a 75 metros de altura respecto al mar, y su luz alcanza los 50 kilómetros. Se puede visitar su interior, pero nos queda un largo recorrido y debemos proseguir la marcha.

chambre de amour

La chambre de amour: un nidito de amor acuático.
Foto. Angi Gomal

Poco diremos de Biarriz/Biarritz, la ciudad de Napoleón III y de Eugenia de Montijo, de casinos y opulentos hoteles que, en estos tiempos de aguda crisis, producen cierto escalofrío en nuestras conciencias.

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HENNEBUTTE: faro de Biarriz,siglo XIX.

Biarriz

Vista de Biarritz desde el faro. Siglo XXI.
Foto: Angi Gomal

Paseamos por el puerto y, tras subir las escaleras de la atalaya de los balleneros, vemos la figura de la Virgen del Mar. A la roca donde la Virgen vigila el océano se accede por una pasarela que parte de la explanada donde se ubica el Aquarium de Biarritz, no tenemos tiempo para una visita, aunque nos gustaría ver a las focas.

pasarela virgen de la roca

Pasarela a la Virgen de la Roca.
Foto. Angi Gomal

virgen de la roca

Biarritz: Virgen de la Roca.
Foto: Angi Gomal

Seguimos caminando hacia el oeste. Bajamos a la playa ” Des Basques”, la marea está baja, así que caminamos por la arena. Si la marea está alta deberemos subir por las escaleras y caminar por las calles paralelas a la costa hasta llegar a la playa de Ibarritz.

Escrutamos la mar para ver si entre los surfistas distinguimos la figura de René -Sébastien Fournié, el cura surfista que, con neopreno negro y alzacuellos, se dedica a evangelizar surfistas. Si no fuera porque hemos leído la noticia en un períodico serio, creeríamos que es el último argumento lisérgico de la productora “Troma”, que realizó la película, nunca suficientemente recononocida, “Los surferos nazis deben morir”.

Virgen Biarriz

Biarriz: playa de “Port Vieux”.
Foto: Angi Gomal

Caminado por la arena llegamos a la playa de Ibarritz. Una extraña mansión destaca en una colina. Nuestra febril imaginación se pone en marcha, y nos imaginamos a un Norman Bates francés espiándonos tras los visillos desde una tétrica ventana. No es un lóbrego frenopático, ni un sórdido hotel, en realidad, es el fruto del delirio de un noble francés: el Barón de L’Espée

Castillo de Ilbarritz

El barón era uno de los ricos herederos de la familia De Wendel, lo que proporcionó dinero y una pasión por los progresos técnicos.

A partir de 1894, comienza la construcción del castillo y sus numerosas dependencias insólitas : cocinas apartadas, para que los olores no molesten al dueño, vaquería, perreras, pabellón medieval, hexagonal o chino, galerías cubiertas, cueva y pozo, y una fábrica eléctrica.

Pero la pieza más importante era el órgano Cavaillé-Coll de 70 juegos y 5000 tubos, en torno al cual se debía construir el castillo.

Albert de L’Espée puede instalarse a partir de 1896 en los edificios de las cocinas del oeste- única dependencia que todavía existe hoy, bajo el nombre de « Blue Cargo » en la plaza de Ilbarritz Sur- donde un salón le está reservado. Ya se encuentran allí la piedra de Bidache, el roble de Hungría y los mármoles de varios matices que adornarán el castillo, terminado en 1897. Entonces se instalará y se armonizará el órgano en la sala prevista con este fin, con una altura equivalente a dos plantas. La fachada oeste actúa como una pantalla para el resto de la construcción y los bacones sirven de puntos de sujeción para el armazón que soporta cinco capas de techo (roble + gres vitrificado + amianto + tejas llanas). También se preven bocas de riego y de incendio ya que el músico apasionado por los órganos, Wagner y César Franck, afirmó : « Es imprescindible que la casa que va a proteger mi órgano sea in-des-truc-ti-ble. »

En 1898, quiere vender el castillo a consecuencias de un desengaño amoroso. Vuelve en 1902 para tocar su instrumento por última vez, vendido a Mutin y desmontado en 1903, está hoy en el Sacré Coeur de Montmartre en París.

De 1917 hasta 1922, se transforma el castillo en hospital. Después se perfila un lento deterioro, acompañado de saqueos.

De 1936 hasta 1939, el municipio de Bidart hospeda ahí dentro a refugiados vasco-españoles.

El 20 de junio de 1940, el ejército alemán ocupa los lugares, luego se vuelve una granja hasta 1958, fecha en la cual el Sr y la Sra Massiaux compran el castillo para transformarlo en hotel de lujo que acogerá a los veraneantes durante aproximadamente 25 años.

Desde 1990, la sala del órgano así como la escalera resultan declarados de interés artístico por los Monumentos históricos, pero el conjunto de la construcción pertenece a la Cadena Termal del Sol.

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La casa de la madre de Norman Bates a la francesa.
Foto: Angi Gomal

La marea no parece muy alta, así que seguimos caminando por las playa, esto evita dar un rodeo por las calles que se dirigen hasta la playa de Pavillon Royal

Seguimos sin problemas caminando por la arena, pero comprobamos que no hemos calculado el horario de las mareas también como creíamo, y toca mojarse un poco, porque no es posible escalar por las escarpadas laderas. Un poco mojados, alcanzamos la playa de Uhabia en Bidart

Cruzamos el arroyo Uhabia y giramos a la derecha, como bien nos indica el poste indicativo del sendero litoral.

playa Bidart

Playa de Bidart.
Foto: Angi Gomal

El camino asciende por la población y nos encontramos con una casa con una historia especial:

Una película vanguardista de Man Ray llamada Emak Bakia, en vasco “Déjame en paz”, desata la historia de una búsqueda. La casa donde se rodó en 1926 cerca de Biarritz tuvo ese peculiar nombre y Oskar Alegria decide emprender un camino a pie hacia su localización. De aquella mansión, Man Ray solo dio a conocer tres planos: la imagen de su puerta principal, dos columnas de una ventana y un trozo de costa cercana. La búsqueda a través de esas imágenes antiguas no será fácil. El nombre no figura en los archivos y nadie recuerda hoy la casa.

casa Man Ray

La casa de Man Ray.
Foto: Angi Gomal

Al poco llegamos a la ermita de Saint Joseph, estamos en la pequeña población de Guethary. La ermita tiene un gran porche en la entrada para que se pudieran celebrar misas en el exterior. Una teoría afirma que estas misas exteriores eran para los descendientes de los “cagots”, que era el nombre que recibían los agotes en esta zona.

ermita saint joseph

Ermita Saint Joseph.
Foto: Angi Gomal

Guethary se asoma al mar en su coqueto puerto, con las embarcaciones amarradas en una rampa como plataforma de lanzamiento al mar.

Al final del sendero, ascendemos por un bosque de laureles que desemboca en una carretera. Las vías del tren quedan a nuestra izquierda,giramos hacia la derecha hasta que el camino nos deposita en la playa de Cenitz.

puerto Guethary

El puerto de Guetary.
Foto: Angi Gomal

Ahora subimos por un monte, pasamos junto a un minigolf y al llegar al cámping de “Caravaning Playa”, giramos a la derecha por una carretera que desciende hasta la playa de Lafitenia.

playa Lafiténia

Playa Lafiténia.
Foto: Angi Gomal

Alcanzamos la bonita playa de Lafitenia, bordeamos su bella ensenada hasta que el camino se corta, giramos a la izquierda y alcanzamos una carretera que va en dirección a la playa de Erromardie.

playa Errormardie

Playa Errormardie.
Foto: Angi Gomal

Paseamos junto a la playa de Errormardie, seguimos por la avenida de l´Abbé Idiartegaray hasta que a la derecha vemos un parque y la cruz de Archilua. En su base la leyenda pétrea dice: “Señor, líbranos de las tempestades y los relámpagos.

Estamos en la parte trasera del jardín botánico Paul Jovet, por desgracia no tenemos tiempo para una visita. El sendero bordea el jardín, dejando los acantilados a nuestra derecha. Una agradable sorpresa nos sale al encuentro: una cripta.

cruz de Archilua

La cruz de Archilua.
Foto: Angi Gomal

CHEVALIER FIRMIN VAN BRÉE

Firmin Van Brée nació en Bruselas en 1880 y murió en San Juan de Luz en 1960. Por sus servicios prestados en  la I Guerra Mundial será ennoblecido. Se dedicó a hacer negocios en el Congo, y contribuyó a crear la primera universidad del Congo

Sobrevolando la costa se prendó de San Juan de Luz. Desde los locos años 20 pasa los veranos en San Juan de Luz y adquiere los terrenos de Sainte Barbe.

Como hecho curioso, en los años 50 viaja a los Estados Unidos, y trae la idea de los moteles de carretera.

LA CRIPTA

Es una reproducción de la cripta en la que están enterrados los restos Saint Fermin en la catedral de Amiens.

La fachada de la cripta tiene una copia de una estatua de San Fermín que se encuentra en el Louvre. La puerta de madera Wenge proviene del Congo y posee incrustaciones de cruces de Katanga.

La Cruz de Katanga, también llamado Handa, es una cruz de cobre, a unos 20 cm de largo y pesa alrededor de 1 kg. Este objeto fue utilizado en el siglo XIX y principios del XX, como moneda en algunas partes de la actual República Democrática del Congo. Su nombre proviene de la región de Katanga, rica en cobre, ubicada en el sureste del país.

Desde la puerta podemos ver un magnífico azulejo de 2 metros por 1,80 fue realizado por artistas portugueses. La composición se inspira en una obra de la catedral de Amiens que representa el descubrimiento milagroso de la tumba de San Fermín.

cripta Firmin

Entrada a la cripta.
Foto: Angi Gomal

cruces de Katanga2

Las cruces de Katanga.
Foto: Angi Gomal

mosaico

Bello azulejo portugués.
Foto: Angi Gomal

Ya sólo nos queda descender en dirección a San Juan de Luz, terminamos una etapa costera que ofrece diversos atractivos y agradables sorpresas.

San Juan de Luz

La bahía de San Juan de Luz.
Foto: Angi Gomal

San Juan de Luz nos da la bienvenida, pero cansados, buscamos el transporte para regresar a casa. Podemos tomar el autobús de Pesa hasta tierras guipuzcoanas o el ferrocarril hasta Hendaya, y enlazar con el ferrocarril de Euskotren.

puerto San Juan de Luz

Bonita despedida del día.
Foto: Angi Gomal

DE DEBA A LEKEITIO: EXVOTOS MARINOS Y LA MAR PERDIDA

embarcaderos Deva

Embarcadero en la desembocadura del río Deba.
Foto: Angi Gomal

En este paseo costero saldremos de los límites de Guipúzcoa, para internarnos en territorio vizcaíno.

Llegamos a Deba/Deva en el “Topo”. En la misma estación, cruzamos las vías y llegamos al paseo Anes Arrinda, junto al río Deba.

Nos dirigimos al puente, actualmente cerrado al tráfico. Las marcas rojiblancas del GR-121″Vuelta a Guipúzcoa”, nos acompañarán hasta tierras vizcaínas. Nos separan 4 kilómetros de Mutriku/Motrico, el último pueblo costero de Guipúzcoa caminando hacia el oeste.

Atravesamos el puente, giramos a la derecha, y en un paso de peatones las señales nos llevan hacia la izquierda. Comienza una suave ascensión por un bosque que, de vez en cuando, nos permite admirar el paisaje costero.

silencio de las ovejas

El silencio de las ovejas.
Foto: Angi Gomal

Alcanzada la máxima altura, caminamos por un sencillo camino asfaltado, que entre caseríos y praderas, resulta relajante. Merece la pena detenerse a ver una fuente y un lavadero que hay junto al camino. Ya vemos Motrico/Mutriku, una sencilla bajada nos deposita junto al puerto.

VISTA MOTRICO

Motrico a la vista.
Foto: Angi Gomal

El caluroso mes de octubre nos invita al baño, y decidimos darnos un chapuzón en la vieja piscina de mareas. Con la pleamar, la piscina se llena de agua, con la bajamar, se retiran las aguas y nos queda una estupenda piscina de dimensiones olímpicas.Vemos que en la zona del nuevo espigón han construido otra.

piscina motrico

Piscina de mareas.
Foto: Angi Gomal

Junto a la piscina hay unas escaleras que nos conducen hasta la ermita de San Nicolás.La marcas rojiblancas nos indican la dirección a la playa de Saturrarán, serán 4 kilómetros.

saliendo motrico

Playa del puerto y nuevo espigón.
Foto. Angi Gomal

En la ermita de San Nicolás podemos ver un exvoto marinero. El término latino “exvoto”, a consecuencia del voto, es una ofrenda que se realiza para agradecer una gracia recibida de Dios, la Virgen o los Santos Celestiales. El exvoto que vemos es un moderno pesquero que cuelga del techo de la ermita. Este tipo de exvotos son agradecimientos por haberse librado de los terribles peligros que acechan en la mar, en forma de tempestades y naufragios.

Etimológicamente exvoto viene de la frase latina ex voto  a consecuencia del voto, y consiste en una ofrenda que se realiza a Dios, a la Virgen o a los Santos, en recuerdo de un beneficio recibido y aludiendo únicamente a los modelos de barcos toscos colgados del techo – See more at: http://www.laalcazaba.org/los-exvotos-marinos-por-angel-madariaga-de-la-campa/#sthash.9GdxKmjG.dpuf
Etimológicamente exvoto viene de la frase latina ex voto  a consecuencia del voto, y consiste en una ofrenda que se realiza a Dios, a la Virgen o a los Santos, en recuerdo de un beneficio recibido y aludiendo únicamente a los modelos de barcos toscos colgados del techo – See more at: http://www.laalcazaba.org/los-exvotos-marinos-por-angel-madariaga-de-la-campa/#sthash.9GdxKmjG.dpuf
Etimológicamente exvoto viene de la frase latina ex voto  a consecuencia del voto, y consiste en una ofrenda que se realiza a Dios, a la Virgen o a los Santos, en recuerdo de un beneficio recibido y aludiendo únicamente a los modelos de barcos toscos colgados del techo – See more at: http://www.laalcazaba.org/los-exvotos-marinos-por-angel-madariaga-de-la-campa/#sthash.9GdxKmjG.dpuf
Motrico-ermita San Nicolás

San Nicolás observa el exvoto.
Foto. Angi Gomal

El camino va tomando altura, pasamos junto al camping de Santa Elena, y más adelante bordeamos el camping Galdona.

Comienza un pronunciado descenso que debemos seguir hasta el final. En un momento veremos que las marcas del GR-121 señalan dos caminos distintos, debemos seguir hacia la derecha , descendiendo junto a un arroyo.

Alcanzamos el aparcamiento de la playa de Saturrarán, perteneciente a Mutriku, aunque diste varios kiómetros de su centro urbano.

playa saturrarán

La bella playa de Saturrarán.
Foto: Angi Gomal

Cruzamos el puente sobre el arroyo Mijos, ya estamos en Vizcaya. Un agradable paseo urbano nos deposita en Ondárroa, uno de los últimos bastiones de la flota pesquera vasca.

Nos topamos con el puente de Calatrava. Es exactamente igual que otros que hemos visto del insigne arquitecto, ¡siempre le sale el mismo puente!. Como tenemos la experiencia resbaladiza del puente de Bilbao, cruzamos por el bello puente de la Playa o Perrochico ( se pagaban cinco céntimos por cruzarlo), que nos deposita en la plaza Nafarroa Zugastia.

playa de Ondarroa

Ondárroa: playa de Arrigorri, al fondo, Saturrarán.
Foto: Angi Gomal

puentes Ondárroa

Ondárroa: en primer plano, puente de la Playa, al fondo, el de Calatrava.
Foto: Angi Gomal

Vemos la hermosa iglesia de Santa María, y nos la encontramos cerrada. Junto al templo tomamos la calle Txomin Agirre, una de las más empinadas que hemos visto en nuestro caminar. Estaremos atentos para desviarnos a la izquierda, y visitar la ermita de Nuestra Señora de la Antigua.

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Ermita de La Antigua.
Foto: Angi Gomal

Milagrosamente podemos franquear la entrada a la ermita y contemplar en su interior los dos exvotos que cuelgan del techo del templo, un pesquero y un antiguo velero de cuatro mástiles, que parecen navegar por el espacio sagrado.

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Dios: protege a nuestros marineros.
Foto: Angi Gomal

José Antonio Lizarralde recoge algunos ritos ritos que se daban en la ermita. Para acabar con los dolores de cabeza, los lugareños se metían dentro de una de las campanas, rezaban tres avemarías, y golpeaban el badajo otras tantas veces, haciendo sonar la campana. Creemos que esto es menos efectivo que las recetas para curar la resaca, pero será cuestión de probarlo.

Los devotos también usaba a la Virgen como oráculo. Cuando había tempestad en el mar, algún parroquiano cruzaba la iglesia de rodillas y con los brazos en cruz, desde la entrada hasta el altar de la Virgen, y miraba la expresión de la Madre de Jesús. Si sonreía, los marineros que faenaban en la mar estaban bien, si ponía mala cara, habría que ponerse en lo peor.

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Navegando en la casa del Señor.
Foto: Angi Gomal

Retrocedemos sobre nuestros pasos. Ahora seguimos la marcas rojiblancas del GR-123 “Vuelta a Vizcaya”. Lamentablemente, la señalización es peor que en tierras guipuzcoanas, y debemos estar más atentos para no despistarnos. El camino nos conduce hasta el barrio de Goimendi (monte arriba), a la altura del caserío Ikaita Barri, nos desviamos a la izquierda. No tenemos la referencia exacta de los kilómetros que nos quedan, pero deben de ser unos 13 kilómetros.

ermita antigua ondarroa

A esta ermita se acudía para curar la enfermedades de la piel.
Foto: Angi Gomal

Esta parte de la excursión es la más monótona Perdemos la mar de vista, acabamos con sobredosis de pinos, y con tantos eucaliptos, nos sentimos como un paquete de chicles Cheiw. Por fin, llegamos a la ermita de San Lorenzo en el barrio de Asterrika.

Dejamos atrás la ermita, salimos a una carretera, y vemos que las marcas del Gr-123,indican hacia la izquierda, en dirección al monte Kalamendi. Podemos seguir esta opción, pero nosotros seguimos por la carretera y, al poco, veremos a nuestra derecha un caserío en  ruinas y una pista que parte de aquí.

Esta es la parte del paseo más proclive a despistes. No debemos abandonar la pista principal en ningún momento, y obviar los caminos que salgan de la pista principal. Estamos en un bosque más cerrado, y se pierde la perpectiva del mar.

Más pinos y eucaliptos, aunque el camino se ve que avanza en dirección oeste. El sendero desciende, y a nuestra izquierda vemos un pabellón, y enfrente unos viñedos de txakolí. Seguimos la carretera que va hacia la izquierda, que nos conduce a Medexa/Mendeja.

Es un pueblo disperso, compuesto por varios barrios y caseríos diseminados. Junto a la apenas percepible figura de la iglesia (tiene adosado un frontón cubierto y una casa en su fachada principal), vemos el cementerio, sitio que siempre que podemos visitamos en todos los paseos, sin intenciones de quedarnos permanentemente.

En su maginifica entrada, una inscripción nos advierte sobre lo efímero de nuestras vidas terrenales:

Anayaak
zuek orain zariana gulenguiñian
oraingariana zuek laster izangozara dirialako
labur larrita contuak gure lurreko egunak
P.TPN
JOB. C.XIV V.XXIX.

Hermanos,

lo que ahora sois vosotros lo fuimos nosotros antes,

lo que nosotros somos ahora vosotros lo seréis pronto,

porque son breves y difíciles nuestros días terrenales.

P.TPN

JOB. C.XIV V.XXIX.

cementerio Mendexa

Cementerio de Mendexa, recordándonos lo obvio.
Foto: Angi Gomal

Tomamos la carretera que desciende hacia Lekeitio/Lequeitio, hasta llegar al barrio de Likoa, la otra alternativa es continuar por la carretera, pero no nos apetece tragar kilómetros de asfalto.

isla san nicolás

Isla de San Nicolás.
Foto: Angi Gomal

Desde este barrio tomamos un sendero que discurre entre caseríos. Caminamos tranquilamente por un bosque de pinos y eucaliptos, hasta que tres perros sueltos salen a nuestro encuentro. En este momento recordamos que no hay que olvidar el bastón de montañero o el palo de toda la vida para solucionar estos imprevistos, por suerte, unos gritos y una buenas piedras resultan efectivas.

El camino da a la carretera que desciende hasta la playa de Karraspio, en el término municipal de Mendexa, aunque por cercanía pueda parecer que pertenece a Lekeitio. La visión de la isla de San Nicolás nos confirma que ha merecido el esfuerzo por los cansinos bosques de pinos y eucaliptos. Este islote tuvo en su suelo un monasterio, y parece que recogía a enfermos de lepra y tuberculosos. Con bajamar se puede llegar andando, pero la pleamar nos regala una imagen más inaccesible y, para nuestro gusto, más bella

Antes de regresar en el autobús de Pesa a tierras guipuzcoanas, pisamos la fina arena de la playa.

Nuestros fatigados pies nos lo agradecen, y decidimos darnos un baño no textil (nudista). Celebramos reencontrarnos con la mar perdida durante tantos kilómetros.

camino

Al final, nos fundimos con la mar perdida.
Foto: Angi Gomal

SANTANDER: LA NOVIA DEL MAR Y UN INGLÉS A CABALLO


Santander, eres novia del mar
Que se inclina a tus pies
Y sus besos te da.

Santander,las estrellas se van
Pero vuelven después
En tu cielo a brillar.

Yo también, dejaré tu bahía
Y un recuerdo en mi vida
Que jamás borraré.

Así cantaba Jorge Selpúveda a la bella ciudad que nos regala sus encantos a orillas del bravo Cantábrico.

muelle sSantander-marco

Santander: una ciudad de postal.

playa camello

Un camello surge de las aguas.
Foto: Angi Gomal

Hay ciudades que parecen creadas para caminar, y Santander es una joya para el paseante. Haremos un recorrido urbano-rural, de unos 16 kilómetros, para todos los públicos. Comenzaremos en la Lonja del puerto, al final de la calle Marqués de la Hermida, y terminaremos en la playa de la Maruca.

Desde la Lonja seguimos lo más cercanos al mar, pasamos junto al muelle del Almirante. Paseo de Pereda, Puerto chico, nuestros pulmones se llenan de salitre.

Nos topamos con las obras del futuro Centro de Arte Botín, un proyecto a mayor gloria del insigne banquero, una pirámide para un faraón de las finanzas.

Santander posee un rosario de bellas playas que aparecen ante nuestros pasos, son arenales de nombres evocadores: Peligros, Bikinis, Camello, Sardinero…

Edifios propios de una época más bella y menos especuladora nos regalan estampas de buen gusto arquitectónico.

palacio de la Magdalena

El palacio de la Magadalena se oculta tras la playa de El Puntal.
Foto: Angi Gomal

santander-1913-marco

El Sardinero: bañistas en el año 1913.

Apenas sin notarlo en las piernas, llegamos a la palaya de Molinucos. Desde aquí vamos ganado altura poco a poco, estamos en el parque de Mataleñas.

Oímos los golpes certeros de los practicantes del golf en el campo municipal, alcanzamos la playa de Mataleñas

Ahora comenzará el camino de “verdad”, lejos de la urbe santanderina. El faro de Cabo Mayor es el punto de partida de la senda costera.

faro cabo mayor

El ocaso guía nuestros pasos.
Foto: Angi Gomal

Junto a la tienda de souvenirs sale un sendero que nos conducirá hasta La Maruca, se ha aprobado la señalización y acondicionamiento de este recorrido, nosotros seguimos nuestro instinto y la carrera del sol hacia el ocaso.

faro cabo mayor.2

El faro de cabo Mayor orienta la entrada a la bahía de Santander.
Foto: Angi Gomal

El camino transita amablemente junto a la mar hasta que en lontanaza y, a contraluz, como la escena mítica de ” Lo que el viento se llevó”, aparece, no “Tara”, sino un panteón neogótico.

panteón del inglés

A Dios pongo por testigo…
Foto: Angi Gomal

El Panteón del Inglés es el testimonio de una de esas historias que ya no volverán a suceder. Este monumento funerario fue construido en 1892 por el maestro cantero Serafín. De lejos, parece una ermita, en realidad es el homenaje a mister William Rowland, ciudadano inglés.

En un día septembrino, paseaban a caballo el citado mister Rowland y don José Jackson Veyán, español, nieto de un marino inglés. El caballo de mister Rowland se encabritó, y el inglés fue descabalgado, cayó fatalmente, produciéndose su muerte en tan bello paraje.

José Jackson, para honrar la memoria de su amigo inglés, construyó este panteón para perpetuar el recuerdo de su amistad. Don José fue un famoso autor teatral y periodista, aunque su oficio era el de telegrafista.

Como dato curioso, hay que citar que el difunto Rowland era nieto de sir Rowland Hill, creador del primer sello postal de la historia: el Penny Black. Hay que ver las cosas que aprende uno caminando.

panteón del inglés.2

Monumento a la amistad.
Foto: Angi Gomal

Desde el Panteón del Inglés, el paseo se ve salpicado de apriscos de piedra, cercos para el ganado construidos con bellos muros de piedra levantados en un equilibrio perfecto, sin necesidad de argamasa.

Poco a poco el paisaje se va humanizando. Aparecen esas casucas tan características de La Maruca y las parcelas con su autocaravana estacionada en medio del terreno.

playa

Anochece en la playa de El Bocal.
Foto: Angi Gomal

Ya sólo nos queda tomar algún autobús del T.U.S, para llegar al hogar reconfortados con este paseo, que une una de las perlas del cantábrico con un encantador paraje marinero.

La Maruca Santander

La Maruca.
Foto: Angi Gomal

EL ADOUR: EL RÍO ERRANTE

Louis Garneray. Deembocadura del Adour-1842-1843, reoque

Louis Garneray. Desembocadura del Adour-1842-1843.

En el sudoeste de Francia, en la región de Aquitania, desemboca un río que, a través de los siglos, ha tenido una vida errante: el río Adour. Este río vagamundo ha tenido hasta tres desembocaduras distintas.

río Nive desembocando en el Adour

Bayona: el río Nive se entrega al Adour.
Foto: Angi Gomal

El río Adour discurre, a lo largo de 335 kilómetros, desde Bigorre hasta su desembocadura en Anglet (margen izquierda) y Tarnos (margen derecha).

El estuario natural del río Adour en el siglo X se encontraba en Capbreton, al norte de sus ubicuación actual. En el año 930, el Adour, sito en esta zona, es la vía por la que penetran los intrepidos vikingos en territorio galo.

El río Adour no se sentía cómodo en Capbreton. En el año 1310 se producen una serie de fenómenos meteorológicos catastróficos: tormentas, lluvias torrenciales, desplazamientos de gigantescas dunas, provocan la obstrucción de la desembocadura y la inundación de Bayona.

Esta catastrofe natural provocó el desplazamiento de la desembocadura del río Adour a Port d ´Albret, actual Vieux- Bocau. El intrépido Adour siguió vertiendo sus agua en este punto hasta el año 1578. Port d ´Albret podría ser todavía el primer puerto de la costa de las Landas.

faro desemocadura Adour

Un faro vigila la desmbocadura del río Adour.
Foto: Angi Gomal

Hennebutte,Feillet XIX, retoque

Hennebutte Feillet, Blanche.Siglo XIX. La barra de Bayona.

Le “détournement” del año 1578.

El Adour, en 1578, llevaba más de doscientos años desembocando en el mismo lugar, demasiado tiempo para su curso inquieto.

En 1566 el rey Carlos IX encarga al ingeniero Louis de Foix el desvío (détournement) del Adour hacia Bayona. Se excavan zanjas y canales para desviar el curso del río.

El Adour parece haber encontrado su desmbocadura definitiva, ¿seguro?. El encuentro entre el Adour y el Atlántico provoca la llamada barra del Adour, un banco de arena muy alto que se forma en el fondo del estuario del río. Mantener la desembocadura actual requiere un dragado y mantenimiento constante.

En el futuro, quizás, el río Adour decida tomar otro rumbo.

desembocadura del Adour

Anglet: desembocadura del Adour.
Foto: Angi Gomal

VIeux Bocau: un paseo por el lago marino.

Port d´Albret, a pesar del desvío del Adour en 1578, mantuvo una vía abierta al mar, lo cual le dio la oportunidad de desarrollar una actividad marítima llevada a cabo por los duques de Albret.

El puerto de Port d´Albret figura en el “Atlas de los puertos de Francia” hasta le edición de 1881.

Con el tiempo desaparece la posibilidad de navegar y nace Vieux- Bocau, la vieja desembocadura.

dunas

Vieux-Bocau, el lago marino.
Foto: Angi Gomal

Vieux- Bocau se reinventa y pasa a ser un pueblo con vocación turística. En los años 30 del siglo XX comienza a ser conocido como destino vacacional.

El actual Vieux-Bocau se construye alrededor del lago marino de 60 hectáreas. El lago marino, tal como lo conocemos hoy, nace en 1975, cuando una draga holandesa llega para cavar el canal y el lago marino.

En 1976 la mayor parte del suministro del lago y el sistema de drenaje está en su sitio. El lago tiene una profundidad máxima de 11 metros, y en el centro hay una isla que sirve de refugio a las aves.

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Isla del lago marino de Vieux-Bocau.
Foto: Angi Gomal

El paseo alrededor del lago es gratificante fuera del bullicio vacacional. Las departamentos turísticos vacios y los restaurantes cerrados, le dan al paseo un toque melancólico que lo hace más placentero.

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La corriente de Soustons vierte sus aguas en el lago marino.
Foto: Angi Gomal

Rodeando el lago marino llegaremos al campo de golf donde podremos observar el lago de Pinsolle, que tiene un canal que busca el mar. Al llegar a la zona donde el lago marino vierte sus aguas en el océano, veremos unos diques y la zona de dunas que domina esta paraje.

salida lago

El lago busca la salida al mar.
Foto: Angi Gomal

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La playa de Vieux-Bocau.
Foto: Angi Gomal

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Sentados, esperamos el regreso del río Adour.
Foto: Angi Gomal

DE CASTRO URDIALES A LAREDO: EL ÚLTIMO DESEMBARCO DE CARLOS V

El 28 de septiembre del año 1556, desembarca en Laredo el emperador Carlos V. Sería su último viaje camino del retiro en Yuste.

En una anterior etapa costera, recorrimos el trayecto entre Bilbao y Castro Urdiales. Seguimos caminando por tierras cántabras, y llegaremos hasta el lugar donde desembarcó por última vez el gotoso emperador Carlos V.

Nos esperan unos 26 kilómetros de una senda que huele a salitre.

Para llegar a Castro Urdiales desde Guipúzcoa, nos subimos al autobús de Pesa, y, en la estación bilbaína, tomamos uno de los frecuentes autobuses a Castro Urdiales.

El autobús nos deposita en la plaza de toros, desde aquí alcanzamos la playa de Ostende. Este topónimo nos deja ecos de Carlos V y de su Imperio.

Desde la playa de Ostende caminamos hasta llegar al Cementerio de Ballena. El comienzo es poco atractivo por la proximidad de la Autovía del Cantábrico, aún así, tenemos unas bellas vistas del mar

saliendo Castro

El agua modela la dúctil caliza.
Foto: Angi Gomal

Caminamos por un terreno calizo, que nos regala caprichosas formas de tonos blancos y grises. Este paisaje cárstico ha modelado los llamados bufones,  profundos  agujeros conectados con el mar que elevan pulverizadas las bravas aguas del Cantábrico

Los ecos del mar nos acompañan durante un rato hasta llegar a un bonito encinar.

camino de Islares

Los bufones ponen la música camino de Islares.
Foto: Angi Gomal

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Monte Candina visto desde Islares.
Foto: Angi Gomal

Caminamos por un terreno llano y sin dificultades. El puerto natural de Arenillas, en Islares, nos recibe sin agua. Nuestra llegada coincide con la bajamar, con lo cual nos encontramos con el puerto “seco”, como si Moisés hubiese estado haciendo de las suyas para no mojarse.

Desde este embarcadero existía una barca para cruzar la ría de Oriñón, actualmente debemos hacer el paseo caminando.

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Bajamar en el puerto de Islares.
Foto: Angi Gomal

Junto al embarcadero de Islares está la playa de Arenillas, que desaparece con la pleamar. Hemos tenido suerte, y Poseidón nos abre las aguas para bajar a la playa de Arenillas y atravesar la playa de Oriñón. Esto nos evita dar un rodeo siguiendo el curso de la ría de Oriñón.

Salimos de la playa, y recorremos la carretera que nos lleva a Sonabia. Antes de llegar a la población, nos desviamos a la derecha y bordeamos la costa hasta la punta Ballena. Siguiendo por la costa nos encontramos con la playa de Sonabia.

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Hermosa playa de Oriñón
Foto: Angi Gomal

Desde la playa de Sonabia comienza la parte más exigente físicamente de nuestro recorrido. El monte Candina, pese a su modesta altura (489 metros), nos exige cierto esfuerzo. Vemos empequeñecerse el paisaje costero a medida que ascendemos. Unas flechas rojas nos indican el camino a seguir.

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Playa de Sonabia a vista de buitre.
Foto: Angi Gomal

Aunque no debemos alcanzar la cumbre del monte Candina, la subida tiene una pendiente notable, y tenemos que escalar el Paso de las Presas. En este paisaje espectacular hay una colonia de buitres leonados que nos deleitan con sus vuelos.

paso monte Candina

Una brecha en la montaña.
Foto: Angi Gomal

Una brecha en la montaña nos deja el paso franco para iniciar el descenso. No es un camino para todos los públicos.

monte Candina

El monte Candina desde la ermita de San Julián.
Foto: Angi Gomal

Descendemos con precaución. Las rodillas y sus correspondientes tobillos sufren en el pedregoso descenso. Tampoco queremos ser parte de la dieta de los buitres.

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Liendo: ermita de San Julián.
Foto: Angi Gomal

Las ruinas de la ermita románica de San Julián, hito en el caminar de los peregrinos a Santiago en el camino costero, nos indican que estamos cerca de nuestra meta.

Caminamos hasta la playa de San Julián. Estamos en el término de Liendo. Podemos ver los restos del cargadero de la Yesera, se tratan de los vestigios de una explotación minera.

Nos encontramos en el diapiro de yeso de Liendo. Algunos materiales de tipo salino, como el yeso, pueden haberse depositado debajo de otras capas de sedimentos, durante el proceso de sedimentación.

Si estos materiales absorben agua pueden convertirse en materiales plásticos que poco a poco fluyen hacia la superficie, en ocasiones incluso deformando las rocas que se encuentran encima. Las estructuras que forman se denominan diapiros, y el fenómeno, diapirismo (no confundir con priapismo).

En esta zona, el yeso desciende verticalmente hacia el mar en forma de montaña.

llegando a Laredo

Laredo: el último desembarco de Carlos V.
Foto: Angi Gomal

Vislumbramos la villa de Laredo. Carlos V se desmayaría al ver la actual villa pejina: una especie de Manhattan con playa.

Comprobamos que el desembarco de Carlos V sigue vivo entre los pejinos: una asociación cultural anuncia un taller de confección de trajes de Carlos V, existe un Centro Temático de Carlos V que, por desgracia, no pudimos visitar, y, además, desde el año 2000,  la segunda quincena de septiembre durante cuatro días, la Villa de Laredo recrea el Último Desembarco de Carlos V (Fiesta de interés Turístico Regional).

Carlos V, cuando puso pie en tierra, se arrodilló en la playa, y considerándose ya muerto para el Mundo, besó la tierra diciendo: “¡Madre común de los hombres! desnudo nací del seno de mi madre, desnudo volveré a entrar en él”.

Nosotros también llegamos a la playa de Laredo, besamos la arena, nos desnudamos, y entramos en las aguas hacedoras de la vida primigenia.

LAS LANDAS: LA BATALLA CONTRA LAS DUNAS

Atardece en Dunes du Sud2

Ocaso en las Dunes du Sud.
Foto: Angi Gomal

Al cruzar la frontera por Hendaya, el tren os lleva hacia Burdeos y hacia París, rodando bajo los pinos de las landas.

El camino, por contraste con las montañas del país vasco que dejáis atrás, se os antoja cómoda senda abierta al través de un parque señorial.

Ese parque inmenso, tendido sobre la dilatada extensión del Sudoeste francés, no es sino enmienda que á  la Naturaleza impusieron el genio de un hombre y la obstinada perseverancia de varias generaciones de mujeres.

Antonio G. De Linares, “La Esfera”, año 1921.

recogiendo resina en Las Landas-1903

Resinero, año 1903.

El paisaje actual de las Landas es el triunfo, momentáneo, del hombre sobre la Madre Naturaleza, sobre El Destino.

Si los Países Bajos ganaron una batalla al mar con la creación del pólder, los franceses iniciaron, a finales del siglo XVIII, una batalla contra las dunas que amenazaban con engullir toda una región a su paso.

El reinante viento del oeste empujaba las arenas del golfo de Gascuña a una velocidad de 20 a 25 metros por año. A esa velocidad la ciudad de Burdeos hubiera quedado cubierta en 20 siglos.

mujeres landesas,1921

Las pinères de las Landas,año 1921

El ingeniero civil Nicolás Thomas Brémontier (1738-1809) publicó en 1790 “Memorias sobre las dunas”.

Brémontier describía la dramática situación:

“Toda esta enorme masa marcha junta a la vez y entierra insensiblemente los campos cultivados, establecimientos preciosos, aldeas, campanarios, bosques enteros y, en fin, todo lo que encuentra a su paso”.

Las arenas cegaban el curso de los ríos y arroyos, lo que provocaba inundaciones y la creación de pantanos insalubres.

El Codex Calixtinus retrataba, en el siglo XII, la región de las Landas:

“Hay que atravesar, luego, en tres agotadoras jornadas las landas bordelesas. Es ésta una región falta de cualquier recurso, falta de pan, de vino, de carne, de pescado, de aguas y de fuentes; de escasa población, llana y arenosa.

Si por casualidad atraviesa esta región en verano, protege cuidadosamente tu rostro de las enormes moscas, vulgarmente llamadas avispas o tábanos, que allí abundan sobremanera. Y si no miras con atención dónde pisas, te hundirás rápidamente hasta las rodillas, en la arena de mar que allí todo lo llena.
Los gascones son ligeros de palabra, parlanchines, burlones, libidinosos, borrachines, comilones, desastrados en su indumentaria, faltos de joyas, pero hechos a la guerra y significados por su hospitalidad con los necesitados. Tienen la costumbre de comer sin mesa, sentados alrededor del fuego y beber todos por el mismo vaso. Comen y beben mucho, visten mal, y se acuestan vergonzosamente todos juntos, los sirvientes con el amo y el ama, sobre un poco de paja entre la suciedad”.

Ya vemos que la arena era un serio problema hace nueve siglos. Lo que no hemos podido comprobar empíricamente es si sus habitantes siguen siendo libidinosos.

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La brava mujer landesa recogía resina y trepaba a los pinos para recoger sus frutos.

El ingeniero Brémontier buscó soluciones para frenar el avance de las dunas, que él calculó en 10 toesas por año (19,46 metros).

Propuso construir empalizadas o cavar zanjas para frenar la arena. La otra idea era la de sembrar pinos y retamas que retendrían la arena.

Finalmente, la creación de pinedas fue el remedio contra el mar de arena que avanzaba sin compasión. El pino marítimo fue el arma que derrrotó a las silenciosas dunas.

Las Landas en miniatura.

Proponemos un paseo breve, poco espectacular, pero que valdría como resumen del país landés.

La carretera que sale de Vieux-Bocau en dirección a Messanges nos lleva hasta una rotonda que da acceso a los campings de ” Le Vieux Port” y “Albert Plage”.

Nos situamos frente al supermercado “Super U, Messanges”. En un lateral hay una pista para bicicletas indicada como “Messanges, Piste 433”. Continuando por este camino desembocaremos en la pista para bicicletas. “Léon -Sustons”, la cruzamos y nos internamos en un bosque.

El camping “Lou Pignada” queda a nuestra izquierda. Nos internamos en un pinar.

Es la reserva de caza y de fauna salvaje de Messanges. Si caminamos sigilosamente, con suerte, podremos observar  a la pizpireta ardilla o al huidizo corzo.

cartel

El pino: salvador de las Landas.
Foto: Angi Gomal

Llegamos a una carretera, continuamos de frente, pasmos junto a unas casas: “Les Tustets” y “Dulong”.

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La quietud landesa.
Foto: Angi Gomal

Proseguimos hasta llegar a la última casa que lleva el acertado nombre de “La Quiétude “. La carretera se transforma en camino.En pocos minutos aprecerá a nuestra izquierda la pequeña laguna de Sdouys.

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La quietud de las mansas aguas.
Foto: Angi Gomal

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Las nubes de tormenta se reflejan en la laguna Sdouys.
Foto: Angi Gomal

Las dunas convirtieron los golfos de agua salada en estanques de agua dulce, alineados de norte a sur, se bastecen de corrientes de agua, cuyos sobrantes van al océano.

En las Landas podemos disfrutar de paseos por los numerosos estanques y lagos que salpican su geografía.

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Agua y acebo.
Foto: Angi Gomal

Esta pequeña laguna es un lugar placentero, donde reflexionar sobre la genialidad de Brémontier y la lucha titánica de estas gentes por salvar su hogar de las imparables dunas.

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La laguna tiene su lado salvaje.
Foto: Angi Gomal

Las Landas es también el Océano Atlántico. La costa tiene un perfil homogéneo, donde disfrutar de 106kilómetros de playas abiertas al océano y cerradas hacia el continente por el cordón de dunas litorales. Sólo el puerto de Capbreton, la bahía de Arcachon y la desembocadura de algún río  o corriente surgida de algún lago, rompen la línea de playa.

El atardecer nos sorprende en las dunas. Parecen inmóviles, apacibles, domesticadas, gracias Brémontier.

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La dunas domadas.
Foto: Angi Gomal