URA: EL CAÑÓN DEL MATAVIEJAS

Que nadie se asuste por el título. No vamos a describir los crímenes de un facineroso armado con una recortada cuya obsesión es apiolar entrañables ancianitas. Tampoco hace referencia a un lugar poco acogedor para las catalogadas ñoñamente como señoras de la tercera edad o “nuestras mayores”.

ura

Ura: paraíso natural. Foto: Angi Gomal

El Noveno Pasajero se traslada al sur de la provincia de Burgos. Entre Lerma y Covarrubias se encuentra el pueblo de Ura, punto de inicio de nuestra excursión. Para llegar a Ura, en el pueblo de Puentedura ( carretera BU 904) tomamos la desviación que señala “Tordueles”, cruzamos el puente sobre el río Arlanza (en el que desemboca el Mataviejas), y una vez atravesado el pueblo, a la izquierda encontramos la señal que nos llevará hasta Ura.

La etimología de Ura, podemos encontrala del vasco “ura”, agua en castellano. Quizás, un caminante adusto guipuzcoano, camino de Azpeitia se extravió, y sediento al llegar a este lugar y ver el río comenzó a gritar ¡ura!, ¡ura!. Podía haber exclamado ¡ardo!, ¡ardo!, ¡vino!, ¡vino!, pero el caso es que nuestro caminante era abstemio y con Ura se quedó el pueblo.

mataviejas alto

Verde y ocre. Foto: Angi Gomal

Nuestra primera visita, cuando éramos unos tiernos retoños, a tan maravilloso lugar nos dejó un tanto anonadados. Al preguntar a un lugareño si aquel pueblo era Ura, nos respondió: ” Sí, y ¡qué pasa!”, fue una frase que quedó grabada en nuestros infantiles cerebros. Aquel encuentro con tan peculiar ser nos hizo pensar que el gentilicio del pueblo sería uraño.

puente

Puente sobre el Mataviejas. Foto: Angi Gomal

Es probable que aquel anciano fuera un bromista y no entendiésemos su sentido del humor, no en vano los burgaleses son conocidos como los gaditanos de Castilla por su gracejo y buen humor. Con el tiempo, y en sucesivas visitas comprobamos el carácter amable y afable de sus habitantes, siempre dispuestos a responder a cualquier pregunta con una sonrisa en la cara y a saludar con una corrección que se ha perdido en las ciudades.

valle mataviejas

El valle del Mataviejas. Foto: Angi Gomal

El cañón del Mataviejas es un accidente geográfico creado por el río Mataviejas (río Ura para sus primeros moradores). La etimología viene de matas-viejas. El hidrónimo haría referencia a  las matas viejas (bosques más antiguos), en comparación con las matas nuevas. En el Diccionario Madoz se nombra el río como Mataovejas, aunque parece claro que es un error.

El noble Mataviejas no es un colosal río, su caudal y anchura son modestos, pero ha sido capaz de tallar este maravilloso desfiladero, gracias.

roquedo

Rocas y sabinas dan carácter al Mataviejas. Foto: Angi Gomal

 

El título de este paseo podía haber sido Castroceniza: el cañón del Mataviejas, porque desde ambas poblaciones se puede iniciar la excursión.

Son 3 kilómetros de paseo agradable, sin apenas desnivel, sólo debemos abandonarnos a contemplar el paisaje.No debemos olvidar alzar nuestra mirada para contemplar los buitres que habitan en los roquedales.

 

buitre

El buitre acecha al excursionista desorientado. Foto: Angi Gomal

El camino transcurre río arriba, nos acordamos del libro “El nogueral vencido”, una deliciosa guía sentimental de Félix J. Alonso  Camarero, donde narra sus recuerdos de los paseos por el valle. Su añoranza se refleja en esos noguerales hogaño enfermos y en declive.

nogueral

El nogueral resiste. Foto: Angi Gomal

 

 

iglesia castro

Llegando a Castroceniza. Foto: Angi Gomal

 

 

Casi sin darnos cuenta llegamos a Catroceniza, el río Mataviejas nace en el monte Carazo, pero nuestro paseo termina aquí.

El regreso es igual de placentero, podemos aprovechar para darnos un refrescante chapuzón y jugar a encontrar algún cangrejo  o alguna esquiva trucha.

castro

Iglesia de Castroceniza. Foto: Angi Gomal

 

Con lástima abandonamos al noble Mataviejas, modesto y poderoso río que ha cincelado uno de esos paisaje para el recuerdo.

rincon

Un refrescante rincón. Foto: Angi Gomal

 

 

 

La corriente del río Huchet: dunas, marismas y una extraña señal maritima

cordon2

El río serpentea hasta ser devorado por el Océano Atlántico.

No caeremos en tópicas metáforas sobre los ríos, pero este paseo nos puede hacer sentir como exploradores durante unos kilómetros. Para ello, es fundamental elegir un día y una hora que nos procuren cierta soledad y sosiego, ya que las muchedumbres alteran la percepción de los paisajes

En este paseo no seremos el Marlow del “Corazón de las tinieblas”, en su infernal viaje por el río Congo, y ningún lugareño gritará: “¡El horror, el horror!”, pero podemos gozar de un río asediado por dunas, acompañado por un bosque y habitado por aves tranquilas.

corriente huchet-comienzo.3

Río arriba Foto: Angi Gomal

En el sudoeste de Francia, en la región de Aquitania, en el departamento de Las Landas, se encuentra el río Huchet.

Es la corriente de Huchet, conocida también como el canal del “Étang de Léon”

Para iniciar el paseo tenemos que llegar hasta el pueblo de Moliets-et-Maa  y tomar la carretera que se dirige hacia la playa (D117), poco antes de llegar a la playa , una desviación a la derecha indica”Courant d´Huchet”.

Podemos llegar la punto de partida en bicicleta, pero tendremos que dejar el velocípedo a la entrada de esta Reserva Natural,ya que en este recorrido no se permite la circulación de bicicletas.

 

corriente huchet-comienzo.4

Las dunas escoltan las aguas hasta la desembocadura. Foto: Angi Gomal

Desde el pequeño aparcamiento bajamos a la playa para comenzar el paseo.

Es una experiencia gozosa de unos 10 kilómetros llanos por la margen izquierda de este acuoso cordón umbilical, que une el lago de Léon y el océano Atlántico. Caminamos río arriba.

 

barca huchet

Las barcas surcan la indómita corriente. Foto: Angi Gomal

 

 

Una humilde barca amarrada nos recuerda que este río es navegable.

Los bateleros comenzaron su actividad en 1920 y, en la actualidad, de  abril a octubre, previa reserva, se puede hacer este paseo fluvial.

El Lago Léon y la “Courant d’Huchet”  se dieron a conocer en 1905, cuando el poeta y reconocido periodista Maurice Martin, organiza la exploración con el fin de promover la costa Aquitania, que bautizó como La Costa de Plata”

El río Huchet alcanzó  notoriedad gracias a Gabrielle D’Annunzio. De estancia en  Hossegor, se entera de las actividades de unos pescadores de anguilas que navegan río abajo  hasta el mar.

Se  interesa por el lugar y, en 1910, se produce la primera visita oficial en la compañía de otros hombres de letras. El artículo publicado en L’Illustration: “Una tierra virgen en Francia“,  lanza a la fama este singular paraje.

 

 

 

rio arriba.2

Las orillas se van tornando impenetrables. Foto: Angi Gomal

Por momentos, la senda se aleja de río y penetramos en un pinar, debemos obviar los senderos que aparecen a nuestra derecha.

La ribera de río se va tornando impenetrable, pero no nos engañemos, este paisaje está totalmente domeñado por la mano del hombre.

camino arenoso

Pinos y arena, las Landas en estado puro. Foto: Angi Gomal

El camino se aparta de la orilla del río y se interna en un pinar, unas señales nos llevan por un ancho camino hasta un discreto observatorio de aves.

embarcadero

La corriente arrumba un embarcadero. Foto: Angi Gomal

Hemos llegado a las marismas de La Pipe, la quietud es total, y nos gustaría congelar el tiempo, y disfrutar este momento durante una breve eternidad.

 

marisma

Marismas de La Pipe. Foto: Angi Gomal

 

Las marismas de La Pipe han cambiado su morfología a lo largo de los siglos. En 1837 eran unas marismas salobres, sometidas a la influencia de la marea.

En 1956 se destruye el umbral natural del suelo donde se asienta el valle que alberga la marisma, dando como resultado que baja un metro el nivel de las aguas, secando las marismas.

Entre 1985 y 1988 se construyen tres presas hechas de madera, recuperándose el nivel del agua, también se idea un sistema de planchas móviles que regulan el caudal del agua.

marisma.2

Calma, quietud, sosiego… Foto: Angi Gomal

 

Continuamos río arriba, y llegamos al puente de Pichelébe, qe salva las aguas de río Huchet. Podríamos continuar hacia el lago de Léon, pero el ocaso está cercano.

selvatico

El Amazonas de las Landas. Foto: Angi Gomal

Al cruzar el puente y dirigirnos hacia la costa, advertimos un elemento extraño que se recorta en el horizonte. En un principio, nos horrorizamos pensando que puede ser algún tipo de monstruoso cartel publicitario de alguna horrenda urbanización playera.

Ante nuestros atónitos ojos aparecen dos enormes triángulos sostenidos por una estructura metálica.

Esta extraña aparición que mira al mar, nos deja descolocados e imaginando cualquier atrocidad urbanística, nos sulfuramos, y a punto estamos de arremeter contra este gigante que nos desafía altaneramente.

 

señal

Una extraña señal mira el mar. Foto: Angi Gomal

 

Este gigante de hierro es, en realidad, una estructura que se conoce como “Amer d´huchet”, y es una baliza del siglo XIX, eregida para guiar a los barcos. Está en la lista de de faros protegidos como monumentos históricos de Francia.

Este atípico faro fue erigido en 1865, y constaba de dos vistosos triángulos de color banco y negro. En 1890 fue reemplazado por otra “balise” de la misma forma pero de metal.

Esta señal se encuentra entre Capbreton y el faro Contis. Su emplazamiento en una franja costera sin referencias visuales, sirve como punto de reconocimiento para los navegantes de la costa landesa.

Consta de dos triángulos de siete metros de ancho y seis metros de altura, espaciados por dos metros de altura, pintados el primero (el más alto) en blanco, y el segundo en negro. La corrosión ha borrado el color de ambos.

rio abajo

Las dunas acechan al río Huchet. Foto: Angi Gomal

 

La opción más prudente para regresar al punto de partida, es desandar el camino, y volver por donde hemos venido.

Nosotros optamos por llegar hasta la playa y regresar caminando junto al mar,esto supondrá vadear el río y mojarnos un poco.

Así, entramos en contacto con este río que nos ha proporcionado una expereriencia que hay que atesorar para días aciagos

 

vadeando el río

Vadeando el río Foto: Angi Gomal

 

 

 

 

 

ESTELLA: EL JARDÍN DE LOS DESVELADOS

vista de Estella desde virgen del Puy

Vista de Estella desde la Basílica de la Virgen del Puy.
Foto: Angi Gomal

Existen sitios imposibles, lugares que alguien soñó en una lóbrega noche, espacios de libertad artística, paisajes que, con la intervención del hombre, adquieren un nuevo significado, parajes donde las pesadillas personales cobran vida.

Todo esto es “El Jardín de los Desvelados”, “El Parque de los Desvelados”, “La calle de los Desvelados”, el sueño plasmado por Luis García Vidal.

“Quiero sembrar esta finca de calaveras. Con mi obra, yo quiero que la gente se conciencie de que la muerte es una cosa natural, que la tenemos encima y que es nuestra compañera de viaje, vayamos por donde vayamos. Quedamos como calaveras. Pero es que, además, por dentro, somos ya calaveras; no hay por qué tener ese terror. Nunca se habla de que vamos a morir y la vida no siempre es todo felicidad. La Muerte, una asignatura pendiente”.

Luis García Vidal.

puente de la cárcel Estella

Puente de la Cárcel sobre el río Ega.
Foto: Angi Gomal

Para llegar a Estella desde Guipúzcoa usamos la compañía de autobuses “La Estellesa”. No hay que fiarse de los nombres de las compañías de autobuses navarros, porque “La Baztanesa” no va siempre al Baztán, ni “La Burundesa” a Burundi (aunque sería un viaje curioso).

Desde la estación de autobuses, bonito edificio que antaño fue estación del ferrocarril Estella-Vergara, nos dirigimos al casco histórico. Por la calle de la Rúa, desgastada por las pisadas de los miles de pergrinos que recorren el Camino de Santiago, llegamos al puente de la Cárcel. El primitivo puente románico fue volado por los liberales en 1873, durante la Tercera Guerra Carlista, el actual data de 1973, y no desentona con el paisaje, suerte que no se lo encargaron a Calatrava, porque siempre le sale el mismo puente.

Cruzamos el puente sobre las aguas del Ega. Nuestros pasos continúan por la calle Asteria hasta una zona de aparcamientos. Desde aquí parte el sendero asfaltado que, en unos 3 kilómetros, nos deposita en “El Jardín de los Desvelados” o “Parque de los Desvelados”, como indican los carteles.

camino jardin desvelados

Florido camino.
Foto: Angi Gomal

No debemos abandonar la pista que serpentea entre huertas y casas. Tras pasar por las mínimas ruinas de la ermita de San Lorenzo, el sendero nos indica hacia la derecha. El camino nos lleva hasta una finca con un portón y unos azulejos que proclaman: “Calle de los Desvelados”. Éste no es nuestro Jardín, seguimos por el caminito que sale a la izquierda de la entrada de la finca, y a unos 50 metros, a nuestra izquierda, aparece la verja de entrada al “Parque de los Desvelados”. Un cartel avisa: “Finca Particular. Respeten”. La verja está fijada al suelo, así que el paso está siempre franco.

entrada jardín desvelados

Puertas al Jardín de los Desvelados.
Foto: Angi Gomal

“Todos los días hay un montón de muertos en la carretera, es horrible. Una salvajada. Yo de joven tuve coche pero luego lo dejé, porque soy muy despistado. Te montas en uno y no sabes si vas a llegar vivo”

Luis García Vidal, testimonio recogido en el libro: “Cuidadores de mundos”.

calavera tumbada

Calavera yacente.
Foto: Angi Gomal

El “Jardín de los Desvelados” no tiene la magnificiencia de los jardines de Versalles, ni la grandiosidad de los jardines colgantes de Babilonia. Es una pequeña ágora, donde las calaveras se reunen y charlan entre ellas. Se establecen diálogos de Muerte.

En el pequeño valle de San Lorenzo, las calaveras nos recuerdan nuestra finitud y que nuestras carnes sólo son un envoltorio temporal.

estela de muerte

Estela de Muerte.
Foto. Angi Gomal

Luis García Vidal nació en Melilla en 1927, peregrinó por varias ciudades españolas y vivió en Brasil. Terminó residiendo en París, donde conoció a su esposa, una oriunda de Estella. Desde 1971 se dedicó a levantar su obra más personal.

En el año 2008, un piragüista encontró el cuerpo de Luis García Vidal flotando en el río Ega.

El artista creía que lo mejor que se podía hacer con la muerte es desvelarla y ponerla bien a la vista.

seré futbolista

Me gusta el fútbol.
Foto: Angi Gomal

Hasta el material usado por el artista para sus obras es peculiar: zumaque.

El zumaque es un arbusto que se cultiva en Italia y en Oriente Medio. En Estella lo introdujeron los curtidores que lo usaban para curtir el cuero. Luis García Vidal empleaba los troncos del zumaque para confeccionar el armazón de sus esculturas, luego las cubría con una malla metálica, y, por último, aplicaba la pintura.

a la muerte le gustan los coches

A la muerte le gustan los coches.
Foto: Angi Gomal

La primeras obras que creó son las colosales calaveras, algunas perdidas para siempre y otras deterioradas. Las calaveras aparecen yacentes, otras erguidas, desveladas, como decía su autor.

valle San Lorenzo

Las calaveras vigilan el valle de San Lorenzo.
Foto. Angi Gomal

Más tarde colocó los automóviles y la sillita de bebé, ante el horror que le provocaban los accidentes de tráfico. Son unos “ready made” tétricos, que nos desvelan los desatres del fragor automovilístico.

Frente a la enorme calavera tumbada hay una lápida en recuerdo de su hermano Alberto, muerto en accidente cuando padecía un feroz cáncer.

coches y calavera

La cópula de la Muerte.
Foto: Angi Gomal

Los automóviles que podemos observar uno encima de otro, como en una mecánica fornicación, no son lo que colocó en un principio el artista. La alcaldía de Estella ordenó que fueran retirados. Irónicamente, hoy podemos ver un cartel con los escudos del ayuntamiento de Estella y del gobierno Foral.

calavera óleo

La Muerte Desvelada.
Foto: Angi Gomal

En los coches accidentado hay un placa en la que podemos leer: ” No solamente causa el alcohol los accidentes en carretera, también cuando se conduce con la izquierda y con la derecha le toca le toca los muslos a la amiga”. La lujuria siempre ha estado unida a la muerte: “la petite mort”.

calavera grande

La Gran Calavera charla con sus hermanas menores.
Foto: Angi Gomal

Pero no lee usted los periódicos?, me dice con cierta indignación. ¿No ve lo que está pasando en las carreteras? ¿Los fines de semana? ¡Es horrible! ¡Horrible! ¡Tantos muertos! Dentro de trescientos años, cuando aquella gente hable de nosotros, dirán, ¡que salvajes! ¡Mira que morir en la carretera! Coges un coche, y no sabes si vas a llegar a casa. ¡Calaveras!; todos somos calaveras por dentro. Mucha gente se asusta. Pero señora, hágase una radiografía y verá lo que lleva dentro; es el destino del ser humano.

Luis García Vidal, testimonio recogido en: http://www.sasua.net/estella/articulo.asp?f=calaveras

ojos calavera

Enorme Calavera Desvelada.
Foto: Angi Gomal

 

calavera en tierra

El nicho mortuorio.
Foto: Angi Gomal

Junto a un sendero, hay una calavera que vigila un pequeño nicho. Es el lugar donde Luis García Vidal quería pasar la Eternidad.

calavera inacabada

El zumaque da forma a las calaveras.
Foto: Angi Gomal

Nos asalta cierta tristeza al ver como las obras irán desapareciendo irremediablemente. Reflexionando, quizás esto sea lo lógico, una obra tan vinculada a su autor ha nacido para fenecer con la muerte de su creador. Es el artista el que hace que la obra tenga sentido, los visitantes somos meros espectadores del espacio que el creador quiso compartir con nosotros. Muerto el autor, lo más justo es que la obra muera con él. El zumaque volverá a ser un arbusto indómito y dejará de plegarse a las ideas del artista. La Naturaleza Desvelada retomará su espacio.

EL CASTILLO DE ABBADIA: UNA FANTASÍA ORIENTAL

castillo2

El castilo de Abbadia domina la costa de Hendaya.
Foto: Angi Gomal

En Hendaya, cerca de los acantilados, se recorta la silueta de un misterioso castillo.

puerta castillo Abbadie

Puertas de entrada a un lugar fascinante.
Foto: Angi Gomal

Para visitar el castillo Abbadia llegamos al final de la playa de Hendaya. Antes de que se acabe el arenal, pasamos junto a un muro y un paso que salva un escuálido arroyo. Nos desviamos a la derecha y alcanzamos una pista asfaltada. A la izquierda está la depuradora de aguas y a la derecha el Hospital Marino de Hendaya. Esta carreterita nos lleva a un aparcamiento. A nuestra izquierda se encuentra la puerta de acceso al “Domaine d’Abbadia”.

Este paraje ya lo visitamos con anterioridad, así que desde el aparcamiento subimos por la “rue d´Armatonde” hasta una rotonda.Nos desviamos a la izquierda, caminamos por una acera de la carretera “Route de la Corniche”. En pocos metros nos encontramos con una imponentes verjas que custodiadan el camino que enfila hasta el castillo.

castillo dibujo

Un paisaje de cuento.

El dueño del castillo era Antoine d´Abbadie Thompson, nacido en Dublín en el año 1810. Su padre tuvo que huir de la Revolución Francesa y recaló en Irlanda, donde contrajo nupcias con  Elisabeth Thompson. Su familia regresa a Francia en 1820. Antoine, desde niño, mostraba gran curiosidad por todo lo que le rodeaba. Un día le preguntó a su niñera: “¿Qué hay al final de la carretera?”, “Un río” respondió la niñera, “¿Y más allá de río?”, “Una montaña” replicó ella, “¿Y más allá de la montaña?”, volvió a preguntar el pequeño Antoine, “No lo sé nunca he estado”, le confesó la niñera, “Bien, dijó Antoine, yo iré y lo veré”.

Y efectivamente lo hizo.Viajó por Brasil, Egipto y Etiopía. Investigó sobre el origen de la raza negra, las fuentes del Nilo, y cartografíó las regiones altas de Etiopía. Durante once años recorrió Etiopía, viviendo la vida de los nativos y aprendiendo los cinco dialectos abisinios.

Antoine d´Abbdie también fue un estudioso de los más cercano, publicó trabajos sobre la cultura vasca y fue el creador de las fiestas vascas.

En 1859 se casa con Virginie de Saint-Bonnet du Dauphiné.

Muere en 1897, es enterrado en la cripta de la capilla del castillo. Su esposa se reuiniría con él cuatro años después.

cocodrilo castillo abbadie

Un pétreo cocodrilo guarda la entrada del castillo.
Foto: Angi Gomal

Este onírico edificio neogótico se construyó siguiendo los planos ideados por el prestigioso arquitecto Viollet-le-Duc. Las obras las llevó a cabo su discípulo Edmond Duthoit. La construcción se desarrolló entre los años 1864 y 1879.

Viollet-le-Duc escogió el estilo internacional “gothique castellisé”, se inspiró en modelos medievales, destacan el ornamento y la policromía.

perro y rana castillo Abbadie

El perro guardián y una rana.
Foto: Angi Gomal

La escalinata de  entrada está guardada por dos feroces cocodrilos de afilados colmillos.

La imaginación de madame d´Abbadie llenó todo de elementos decorativos arquitectónicos: serpientes, caracoles, perros, monos mirando por un telescopio. También le dio un aire irlandés al castillo, para evocar el lugar de nacimiento de su marido.

Cerrando el arco gótico hay una serpiente enrollada en el escudo de armas con las iniciales AB.

Una inscripción en gaélico refleja las intenciones de los habitantes del castillo: “Cead Mile Failtce”, “Cien mil bienvenidas”.

serpiente castillo Abbadie

Bienvenidos, visitantes.
Foto: Angi Gomal

En el vestibulo vemos el escudo de armas de la familia d´Abaddie, con la leyenda: ” Más ser que parecer. Mi fe y mi derecho”.

La primera impresión es deslumbrante: un oso, una pantera y un tapir tallados en madera, sirven de ménsulas a la escalera de Honor.

En la planta baja está la estancia clave: el observatorio. La creación de un lugar donde observar el firmamento era la primera vocación del edificio.

Funciona con un sistema de compuertas de apertura ubicado en una especie de alcoba delimitadas por un arco ogival. Con el telescopio es posible identificar el meridiano celeste (proyección del meridiano local en la bóveda celeste), de ahí el nombre de telescopio meridiano.

Este observatorio astronómico funcionó de 1879 a 1975. Los astrónomos del castillo d´Abbadia realizaron 14 catálogos estelares, representando aproximadamente unas 50.000 estrellas.

observatorio Abbadie

Telescopio del observatorio.

En esta planta podemos recorrer la capilla.La construcción y la decoración de la capilla sugieren la Capilla Imperial de Biarritz. En el muro opuesto al altar se abre un pequeño balcón, que da a la habitación de Virginie.

Antes  de subir las escaleras nos asomamos al salón árabe, un pequeña estancia donde Virginie recibía a sus amigos íntimos.

Avisamos al visitante que las habitaciones debemos verlas desde el umbral, un cordón impide el paso, suponemos que para que no desaparezcan los bellos objetos que adornan las estancias. Lejos de incomodarnos, nos hace sentirnos como “voyeurs” que se asoman a unas habitaciones que estuvieran todavía habitadas.

capilla de Abbadie

Aquí descansan Antoine y Virginie.

Al final de la escalera de Honor hay una bella estatua que sostiene una lámpara, es un joven esclavo, de nombre Abdullah, que Antoine d´Abaddie había comprado en Etiopía en 1843 para liberarlo.Contrario a la esclavitud, llevó al niño a su casa.

Abdullah se naturalizó francés y participó en la batalla de Magenta, donde los franceses, bajo el mando de Napoleón III, derrotaron a los austriacos. Esta batalla tuvo lugar en la ciudad italiana de Magenta. En 1859, se descubrió un nuevo color al que se le dio el nombre de la batalla, en recuerdo de la sangre derramada.

Abdullah tuvo un extraño final, al ser fusilado durante la Comuna, sin que se sepan los motivos.

escalera1

La deslumbrante escalera de Honor.

Las pinturas murales que representan escenas de la vida cotidiana etiope en el siglo XIX adornan la entrada al primer piso.

estatua Abdullah1

Estatua de Abdullah

La biblioteca es el corazón del castillo, lugar de trabajo y reflexión, es el símbolo del espíritu ecléctico de Antoine d´Abbadie. Las  estanterías está cubiertas por una galería de castaño, dos ménsulas de hierro con grandes pernos la sostienen. Tiene una decoración que prefigura el Art Nouveau.

La colección personal de Antoine ocupa la parte superior. Hay varias inscripciones en las vigas, escritas en idioma vasco, con sentencias como: “Quédate con Dios y Dios se quedará contigo” o ” Cada arbusto tiene su sombra”.

salón árabe1

Salón árabe

El resto de la habitaciones son espacios maravillosos  con nombres como la “Habitación de Etiopía”, Habitación de Jerusalén”, o la “Habitación del Emperador”.

elefante

El paquidermo barrita frases pétreas.
Foto: Angi Gomal

serpientes muro

La serpiente se arrastra por el muro.
Foto: Angi Gomal
gato y ratón

El gato y el ratón.
Foto: Angi Gomal

mono telescopio

Un mono observa el firmamento con un telescopio.
Foto: Angi Gomal

escultura hombre de troncos

Un homo sapiens observa el firmamento con un telescopio.
Foto: Angi Gomal

Nos da cierta pena abandonar el castillo. En la escalera de Honor, se puede leer una frase en latín:

“Tú, que con un espiritu amigo buscas la maison Abbadia, una mano suave te recibirá amigable, si por casualidadcruzas el umbral de mi casa, sé dichoso, que las horas pasen rápidas , y que la casa te dé felicidad”.

HENDAYA: EL APOCALIPSIS VA A LLEGAR

Vi cómo salía del mar una bestia, que tenía diez cuernos y siete cabezas, y sobre los cuernos diez diademas, y sobre las cabezas  nombres de blasfemia, Apocalipsis,13.

V0034999 The seven headed beast is worshipped by men of all nations,

La Bestia de 7 cabezas.

Las Fuerzas Oscuras nos han revelado que las señales del Apocalipsis están cercanas. El Fin del Mundo se anuncia para el 21 de diciembre de 2012.

El calendario maya llega a su fin, y hemos recibido información de que en la cercana localidad de Hendaya, podemos encontrar respuestas.

Atemorizados, tomamos “el Topo” en dirección Hendaya. Durante el trayecto, hacemos repaso de nuestras vidas y de las posibles ofensas a Dios que podamos haber cometido. Nos asusta la promesa de una estancia en el Infierno por toda la Eternidad.

Desde la estación nos dirigimos al centro de Hendaya. Nuestros pasos son calmosos, como si, inconscientemente, no quisíeramos encontrar la Verdad.

iglesia san vincent hendaya apocalipsis2

Hendaya: iglesia de Saint Vincent.
Foto: Angi Gomal

Desde la Place de la République, vemos la iglesia de Saint Vincent. En un lateral, cerca del lado sur del crucero, misteriosa, solitaria, se erige la Cruz Cíclica de Hendaya. Esta enigmática Cruz es el motivo de nuestra visita.

Fulcanelli y la Cruz Cíclica de Hendaya.

Esta sencilla cruz de piedra se encontraba en el cementerio comunal de Hendaya hasta el año 1842, cuando fue trasladada a su emplazamiento actual. El origen de la cruz es desconocido, Fulcanelli la sitúa entre fines del siglo XVII y principios del XVIII. La describe como el monumento más singular del milenarismo primitivo y como la más rara expresión del quiliasmo.

Fulcanelli es el seudónimo de un personaje misterioso y controvertido. Fue un escritor y alquimista francés del siglo XX, al que se le atribuye una vida de lo más excéntrica y esotérica.

En su libro “El misterio de las catedrales”, dedica un capítulo a la Cruz Cíclica de Hendaya.

La singularidad de la cruz reside en la decoración del pedestal y en la frase tallada en la cruz.

cruz hendaya1

La cruz cíclica de Hendaya.
Foto: Angi Gomal

En el brazo transversal de la cruz se observa la inscripción, en dos líneas paralelas y con las palabras unidas:

OCRUXAVES

PESUNICA

La frase es fácil de descifrar: ” O CRUX AVE SPES UNICA”, “La Cruz es la única esperanza”. Fulcanelli señala que hay un error en la inscripción, ya que ya que el nominativo “pes” requiere el adjetivo “unicus”. Así parece que se deforma la palabra “spes”, esperanza, en “pes”, pie. Este sería un error intencionado del autor de la Cruz Cíclica para despertar la curiosidad del observador. En el pie (el pedestal) hay una parte de la respuesta al enigma.

La letra S, que adopta la sinuosa forma de la serpiente, corresponde con la letra “ji” del griego, y toma de ella su significado esotérico. Es el rastro helicoidal del Sol llegado al cenit de de su curva a través del espacio, al producirse la CATÁSTROFE CÍCLICA.

hendaya reloj de sol1

El reloj solar (1619) ha comenzado la cuenta atrás.
Foto: Angi Gomal

Es una imagen teórica de la Bestia del Apocalipsis, del dragón que vomita, en los días del Juicio Final, fuego y azufre sobre la creación macrocósmica.

cruz ciclica hendaya3

Un mensaje secreto.
Foto: Angi Gomal

Para Fulcanelli, gracias al valor simbólico de la letra S, desplazada adrede, comprendemos que la inscripción debe expresarse en lenguaje secreto, es decir, en la lengua de los dioses o en la de los pájaros, y que hay que descubrir su sentido sirviéndonos de la Diplomática.

Fulcanelli lee en francés la frase latina, y después, empleando las vocales permutantes, obtiene la asonacia de palabras nuevas que componen otra frase:

“Il est écrit que la vie se réfugie en seul espace”, “Está escrito que la vida se refugia en un solo espacio”.

Por tanto, existe una región donde la Muerte no alcanzará al hombre, cuando llegue la época del doble cataclismo. En cuanto al emplazamiento geográfico de esta Tierra Prometida, donde los elegidos presenciarán el retorno de la Edad de Oro, somos nosotros quienes debemos buscarlo.

Miles de orates se dirigen a Bugarach (Francia), porque creen que será el único lugar del mundo que se librará del Apocalipsis. Nosotros apostamos por Marina D´Or o por Modubar de la Emparedada para intentar escapar de la larga noche cíclica, llena de horror y de espanto. La abominación de la desolación.

crux hendaya

Ocruxavespesunica.
Foto: Angi Gomal

En el pedestal, debemos estudiar los bajorrelieves que nos acerquen más a la Verdad.

EL SOL.

Es una cara humana que emite rayos, encuadrada en un círculo. Rodeado de cuatro estrellas, con rostro severo, recuerda al sol de los incas. Símbolo del principio activo y del calor

sol hendaya

Sol con rostro humano.
Foto: Angi Gomal

LA LUNA.

Es una luna decreciente, con rostro humano. Símbolo del del principio pasivo y del frío. El sol y la luna, no pueden disociarse.

luna hendaya

Luna con rostro humano.
Foto: Angi Gomal

LA ESTRELLA.

Es una estrella de 8 puntas que simboliza la plenitud y la regeneración, podría ser el planeta Venus. Símbolo de la luz espiritual.

estrella hendaya

La estrella que te guiará.
Foto: Angi Gomal

EL CÍRCULO.

Es un círculo, o, mirando con más detalle, un óvalo, dividido en cuatro partes, en cada una de ellas aparece la letra “A”. El círculo es el mundo y la cruz, su redención.

Cada una de las partes representa una de las cuatro Edades de la Humanidad:

  1. La de Oro, donde las personas vivían en perfecta armonía con la Naturaleza.
  2. La de Plata, cuando el hombre se protege, trabaja y sufre.
  3. La de Bronce, momento en que los humanos se vuelven feroces y luchan contra otros hombres.
  4. La de Hierro, la actual, que es la de la posesión, la dominación y la violencia y las guerras.Es la Muerte. Éste es el último período antes de que la Naturaleza se renueve totalmente a través del Apocalipsis.
pedestal hendaya

El Mundo y su Redención.
Foto: Angi Gomal

En la época medieval, estas cuatro fases del gran período cíclico-cuya rotación contigua expresaban los antiguos por medio de un círculo dividido por dos diámetros perpendiculares- eran generalmente representadas por los cuatro Evangelistas o por su letra simbólica, que era la alfa griega.

cruz ciclica hendaya2

El otoño alcanza a la Cruz Cíclica.
Foto: Angi Gomal

Hay que observar también la inscripción de la cara anterior de la Cruz: (I.N.R.I). Fulcanelli nos advierte de que la incripción I.N.R.I puede tener un significado diferente al que se le adjudica siempre, puede leerse como: Igne Natura Renovatur Integra ( La Naturaleza se Renueva Integramente por el Fuego ). Porque es por medio del fuego y en el fuego mismo que pronto será puesto a prueba nuestro hemisferio.

Así, tenemos dos cruces simbólicas, instrumentos del mismo suplicio: arriba, la cruz divina, ejemplo del medio escogido para la expiación; abajo, la cruz del globo, determinando el polo del hemisferio boreal y situando en el tiempo la época fatal de esta expiación.

cruz ciclica hendaya negativo

La misteriosa Cruz Cíclica.
Foto: Angi Gomal

Basándose en las conclusiones de Fulcanelli, Jay Weidner y Vincent Bridge publicaron “Los misterios de la Gran Cruz de Hendaya”. Según su teoría, cuando el sol, la luna y las estrellas se alineen, llegará el fin de los tiempos.

Para estos visionarios la Cruz de Hendaya: “con su simbología revela una época de destrucción sobre un periodo de veinte años antes de comenzar con el equinoccio de otoño de 2002, cuando la alineación planetaria y solar forme una cruz de ángulos rectos. El punto culminante se sitúa en el solsticio de invierno del año 2012, 21 de diciembre“.

giotto, infierno1

Giotto, Infierno

Estos heraldos del Apocalipsis creen que el significado de los grabados de la Cruz Cíclica de Hendaya es claro: Cuando el sol, la luna y las estrellas se alineeen bajo el mandato de Dios, llegará el Fin de los Tiempos.

giotto, infierno2

Giotto, il Inferno, siglo XIV.

Regresamos al hogar compungidos y arrepentidos, sobre todo de habernos gastado 100 euros en el sorteo de la Lotería de Navidad del día 22 de diciembre. Hay que ser malintencionado para poner el sorteo el día siguiente del Apocalipsis.

HENDAYA : NAZIS Y NUDISTAS

El Noveno Pasajero abandona la galaxia guiputxi en dirección norte. Usando el ferrocarril de vía estrecha conocido como “El Topo”, aterriza en Hendaya, buscando comprobar la existencia de nazis y nudistas.

Junto a la estación del “Topo” se encuentra la estación de ferrrocarril de Hendaya. Un 23 de octubre de 1940, esta estación fue el lugar de encuentro de dos dictadores: Francisco Franco, alias el “general patas cortas” y “Paca, la culona”; y Adolf Hitler, alias “Adolfo , el del bigotín”.

La entrevista de siete horas debió de ser curiosa. Entre el pequeño gallego con su voz aflautada y el moreno austriaco con sus gesticulaciones parecería un casting para el pasaje del terror.

Estación de Hendaya: lugar del encuentro terrorífico.
Foto: Angi Gomal

Avanzamos por el boulevard del general De Gaulle, cruzamos por encima de las vías del ferrocarril, y llegamos al monumento a los hendayeses caídos en las dos guerras mundiales.

Foto: Angi Gomal

Desde el monumento descendemos al paseo que se asoma a la bahía de Txingudi y que llega hasta el puerto deportivo. En esta bahía desemboca el río Bidasoa. Txingudi se extiende entre los municipios de Irún, Hendaya y  Fuenterrabía/Hondarribia.

La bahía de Txingudi no entiende de fronteras.
Foto: Angi Gomal

Tres kilómetros de playa nos esperan. Podemos caminar por la arena si nos lo permite la marea, ya que con pleamar la parte central de la playa desaparece engullida por la mar. Al fondo vislumbramos “les jumeaux”, las gemelas, dos enormes moles rocosas que parecen surgir del mar. Es en esta zona de la playa donde se practica el nudismo, algo que para un caminante de sendas guipuzcoanas es tan exótico como un torero birmano o un lehendakari que practique el origami. La probable existencia de seres desvestidos la comprobaremos al final de la excursión.

Playa de Hendaya. Postal veraniega.
Foto: Angi Gomal

Antes de que se acabe el arenal, pasamos junto a un muro y un paso que salva un escuálido arroyo. Nos desviamos a la derecha y alcanzamos una pista asfaltada. A la izquierda está la depuradora de aguas y a la derecha el Hospital Marino de Hendaya. Esta carreterita nos lleva a un aparcamiento. A nuestra izquierda se encuentra la puerta de acceso al “Domaine d’Abbadia”.

¡Vaya par de gemelas!
Foto: Angi Gomal

Entramos en un espacio natural protegido en el que no se permiten bicis ni perros ( sí se permiten otras mascotas como sobrinos y primos segundos). Esta puerta de entrada lo es también al comienzo de la senda litoral francesa.

El nombre de este paraje se debe a Antoine Thomson D´Abbadie(1810-1897), explorador, geógrafo, astrónomo y promotor  de la cultura vasca.

El sendero nos conduce al caserío “Maison de la lande” o “Larretxea”, que funciona como centro de información turística. Caminamos junto al denominado “Verger Conservatoire”. En un huerto cuya misión es la de preservar especies que están en retroceso hay plantados un centenar de especies de manzanos y una cincuentena de cerezos. También funciona como semillero, pudiéndose comprar retoños para recuperar los terrritorios donde hayan desaparecido. Tras unos pasos topamos con Nekatoenea. Es un caserío rehabilitado en 1998 y convertido en residencia de artistas. Aloja a dos artistas plásticos contemporáneos para que puedan crear durante un máximo de tres meses.

Las Musas cantan y bailan en una prístina fuente cercana.
Foto: Angi Gomal

El castillo de Abbadia nos observa desde lo alto de una loma. Hoy no nos acercaremos y dejaremos  la investigación de su miseriosa silueta para otra ocasión.

Obra de Viollet-le-Duc y residencia de Antoine D´Abbadie.
Foto: Angi Gomal

La senda continúa.  Hay que estar atentos porque a nuestra izquierda se abrirá un pequeño túnel vegetal que nos conducirá a la “joya natural” de nuestro paseo : la bahía de Loya. Es de esos lugares para quedarse a hacer una vida de anacoreta y profundizar en nuestra misantropía.

Bahía de Loya.
Foto: Angi Gomal

Si nuestro espíritu nos lo permite, volvemos sobre nuestros pasos y seguimos el sendero principal en dirección este (por donde sale el sol). Bordeando la bahía de Loya llegamos a una explanada donde unas estructuras de metal y madera llaman la atención. Es un sistema de cables de acero y poleas para extraer las algas que aparecen con las mareas de fin del verano y comienzo del otoño. Las algas son muy apreciadas. Con ellas se hacen productos cosméticos y, si no son muy aprovechables, se usan como fertilizante. Se puede extraer la gelatina conocida como “agar agar”, para usos alimentarios varios, incluyendo la fabricación de golosinas.

Cosechando la mar.
Foto: Angi Gomal

Por hoy no avanzaremos más por el sendero litoral. Regresamos por el mismo camino y al pasar la desviación del camino que nos llevaba a la bahía de Loya, giramos a la derecha. Podremos observar la bahía de Loya desde otra perspectiva. Seguimos buscando restos de la presencia de los nazis. Unos bloques de hormigón llaman nuestra atención. Son restos de los búnkeres construidos por los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Más que construidos, diseñados, porque la mano de obra se compuso de prisioneros rusos y de asalariados trabajadores franceses.

Escaleras e interior de un búnker.
Foto: Angi Gomal

Vigías de los escombros del Tercer Reich.
Foto: Angi Gomal

No es una escultura de Chillida.
Foto: Angi Gomal

Restos de un búnker al borde del precipicio.
Foto: Angi Gomal

El Muro del Atlántico:Búnker vigilando el desembarco aliado.
Foto: Angi Gomal

La aparición de “Las Gemelas” cuenta con un origen mitológico. Dice la leyenda que Roldán arrojó una gran roca desde los montes de “peñas de Aya” con la insana intención de destruir la ciudad de Bayona. Tuvo la mala suerte de resbalar con una boñiga de vaca, perdió el equilibrió y la gigantesca roca cayó al bravo Cantábrico, partiéndose en dos. Esta leyenda tiene poco glamour y vamos a crear otra.

Éranse una vez dos perversas muchachitas llamadas Aimée y Madeleine. Eran gemelas y malvadas. Conocidas como las “diablas de Las Landas”, tenían atemorizada toda la región con sus brujerías y hechizos. Si no eran recompensadas con oro, arruinaban las cosechas y dejaban sin leche a las vacas. Los cabreados campesinos decidieron contratar a Erwan, un brujo del Languedoc. Erwan citó a las gemelas en la playa de Hendaya con la promesa de grandes riquezas sumergidas en un cercano acantilado. Embarcaron en una pequeña chalupa y al llegar al acantilado, Erwan pidió a las diablas que se asomaran por las borda para extasiarse con las riquezas que les esperaban. Al hacerlo, el brujo del Languedoc las arrojó al bravo Cantábrico. Al caer, fueron arrastradas por las Nereidas al fondo del mar. Nereo, el dios marino, juzgó a las brujas. Fueron condenadas a convertirse en moles pétreas. Desde entonces, se ven obligadas a ver las tierras y riquezas de aquellos a los que aterrorizaron.

Las gemelas veraniegas.
Foto: Angi Gomal

Finalmente nos dirigimos a la zona nudista de la playa. Efectivamente, hay seres despojados de sus ropajes. En un ejercicio de pacomartinezsorianismo, nos quitamos la ropa y, por un momento, nos sentimos más europeos y liberales. Después, este sentimiento se convertirá en escozor debido a las quemaduras de nuestras desprotegidas partes pudendas. Es la falta de costumbre, pero uno no se convierte en un liberal nudista europeo en un día.

EL NOVENO PASAJERO

alien1

En ocasiones abandonamos la galaxia guiputxi. Enfundados en  una sexy escafadra negra, salimos a la aventura con artilugios capaces de recoger imágenes y muestras del exterior.

escafandra

Dejaremos constancia de rutas alejadas de nuestras fronteras. Como pioneros en las infinitas praderas, localizaremos y topografiaremos sendas y caminos para el disfrute del caminante adusto. Seguramente, no veremos naves en llamas más allá de Orión, ni rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhaüser, pero es posible que encontremos hermosos parajes más allá del arcoiris.

La nave Nostromo nos espera.