DE COMILLAS A SAN VICENTE DE LA BARQUERA

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Abaddón el Exterminador. Foto: Angi Gomal

Y tenían por rey al Ángel del Abismo, cuyo nombre en
hebreo es Abaddón, que significa El Exterminador.
APOCALIPSIS SEGÚN EL APÓSTOL SAN JUAN

El Ángel Exterminador del escultor Josep Llimona nos recibe en el actual cementerio de Comillas, construido sobre los restos góticos de una antigua iglesia.Este será nuestro punto de partida.

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La luz flamígera guia al Ángel Exterminador. Foto: Angi Gomal

DE GAUDÍ A BUSTAMANTE

Uniremos la villa donde se levanta el Capricho de Gaudí, con San Vicente de la Barquera, la villa marinera, lugar del natalicio del simpar canoro conocido como Bustamante. Serán 18 kilómetros de paseo costero.

Desde el cementerio nos dirijimos por una carretera indicada como “Trasvía, cementerio y tanatorio municipal”. Llegamos a la zona del tanatorio, y en vez de continuar por la carretera, tomamos un camino a la izquierda.

El camino se acerca al seminario de Comillas, caminamos cercanos a los muros, el camino desciende, debemos obviar otros caminos que no sean el principal, los cruces los resolveremos el primero hacia la derecha, y el segundo hacia la izquierda.

El tranquilo descenso nos deposita en la zona recreativa campestre: el arboreto “El Joyucu”.

 

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Seminario de Comillas. Foto: Angi Gomal

Caminando entre casas de campo llegamos al pueblo de Trasvía, perteneciente al municipio de Comillas. Podemos dar un paseo por el pueblo y admirar el edificio de las antiguas escuelas construidas en el año 1891.

A la entrada del pueblo tomamos la carretera que nos lleva al puente sobre la ría de La Rabia

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Oyambre, la joya del recorrido. Foto: Angi Gomal

Cruzamos ansiosos el puente sobre la ría de La Rabia, sabemos que al otro lado nos espera Oyambre, el “plato fuerte” de esta excursión. Una reserva natural de 5.000 hectáreas, zona excelente para la observación de aves. Podemos disfrutar de marismas, dunas, playas y acantilados.

Es un placer recorrer los dos kilómetros de arenal, y sumergirse en sus límpidas aguas, el esfuerzo ha merecido la pena.

 

 

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Marismas de La Rabia. Foto: Angi Gomal

Recorremos la bella playa hasta su parte más occidental. Subimos un pequeño monte. En este punto, lo más lógico sería ir en dirección a una explotación ganadera que hay en la parte más alta. Nuestra demencia nos lleva a costear a toda costa, acercándonos lo más cerca del mar, craso error.

A los cinco minutos, nos acordamos de Nino Bravo y de aquel himno interpretado por el genial cantante valenciano: “Piensa que la alambrada sólo es un trozo de metal, algo que nunca puede detener sus ansias de volar. Libre, como el sol cuando amanece, yo soy libre como el mar”.

El paseo se convierte en una tortura para superar las alambradas que no respetan la servidumbre de paso.

 

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Playa de Oyambre, paraíso natural. Foto: Angi Gomal

Tras una ginkana insufrible, toro y vaca incluidos,vislumbramos la playa del Cabo, San Vicente de la Barquera y la silueta de los Picos de Europa.

Por fin, podemos descalzarnos y liberar nuestros pies para que se relajen con la arena de esta extensa playa del Cabo

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Playa del Cabo, al fondo los Picos de Europa. Foto: Angi Gomal

Cruzar el puente de la Maza, el antiguo puente de madera, pétreo en la actualidad,  es el último esfuerzo. Caminamos sobre la ría de San Vicente de la Barquera.

 

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El puente de la Maza nos lleva al final del recorrido. Foto: Angi Gomal

Cansados y satisfechos nos subimos al autobús de vuelta al hogar, Cantabria sigue siendo infinita.

 

 

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San Vicente de la Barquera, bella villa marinera. Foto: Angi Gomal

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